Estabas ahí, parada frente a mí, reprochándome lo que mis amigos en su estado etílico te habían dicho. Me perdía en tu mirada, tan intensa; realmente te veías enfadada. No sabía como empezar a dar explicaciones, nunca antes tuve que darlas a nadie.

Me asustaba perderte, me aterraba la idea de que te alejarás de mí. Y no, no era por lo que ellos fueran a pensar. Sé que siempre he sido de esos que tienen a cualquier mujer que deseen desde la primera noche y después se retiran, satisfechos y sin dar más explicaciones que una nota de “Gracias por lo de anoche”. Contigo era algo diferente.

De pronto supe que era necesario arriesgarme, tú no eras cualquier mujer. Tome tus manos y te callé poniendo mi dedo indice sobre tus labios. Guardaste silencio y clavaste tu mirada en mis manos aferradas a las tuyas.

“Deja de pensar eso. Es cierto, claro que es verdad, es obvio que quiero que te acuestes conmigo. Desde que te vi por primera vez, deseo tener sexo contigo. Pero ahora que te conozco, quiero cosas mucho más importantes.”

Fue entonces que me miraste con esos hermosos ojos cafés, y ese recuerdo aún me dobla las rodillas. Acaricie tu mejilla e intente besarte. Tú te hiciste para atrás sin dejar de mirarme y esperaste que siguiera con lo que te estaba diciendo.

“Quiero acurrucarme contigo y que me despiertes a las 2 de la mañana cuando todo este oscuro sólo porque tienes miedo a la oscuridad o recordaste que tienes algo que contarme; esos pensamientos profundos que sólo llegan por la madrugada.

Quiero sentir como te estremeces al tomar mi mano o cuando te bese el cuello y suba hasta tu oído. Cuando te susurré palabras dulces, esas que sólo me inspiras tú. Palabras sinceras llenas de sentimientos encontrados, soy torpe para ésto del amor.

Quiero ser esa persona a la que quieras compartirle los libros que más te han gustado y la música que escuchas cuando nadie te está mirando. Quiero ser la última persona que veas antes de dormir, y la primera que busquen tus ojos al despertar.

Quiero pasear contigo y que todos vean la suerte que tengo por tenerte conmigo. Quiero que bailemos en la lluvia y verte sonreír mientras las gotas caen mojando tu cabello. Abrazarte por la cintura y besarte lentamente, sin prisas. Pasear mis manos por tu espalda y contemplar las estrellas pegando tu cuerpo al mío. Sin necesidad de nada más, sin despojarnos de la ropa.

Quiero cuidarte cuando estés enferma y proteger tu corazón para que nadie te haga daño nunca. Y sí, ahora sé que no quiero sexo pero si muero por hacer el amor contigo, pero eso cuando tú estés lista. No antes, sé esperar a que tú desees ser mía.”

No me dejaste decir nada más, te lanzaste a mis brazos y tus labios buscaron los míos. Ansiosos, desesperados. Nunca habrá otro beso como ese, te aseguro que nadie se ha amado de la manera en que lo hicimos esa noche con las estrellas por testigos.

Ahora que no estás todo tiene un vacío enorme, la cama, el sillón, todo tiene tu toque. Mis brazos se sienten solos, haces demasiada falta. Juré amarte hasta el último día y pues, yo sí cumplo mis promesas.

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