Uno de los personajes que evolucionó paulatina pero ampliamente fue Sansa Stark. La hija mayor de los nobles del Norte pasó de ser una niña mimada y caprichosa que soñaba con casarse con un Rey para vivir felices y comer perdices (en la primera temporada) a una mujer independiente, gobernante de su propio reino. Mi relación con el personaje pasó del odio al amor a lo largo de las ocho temporadas. Y es que, al igual que otros personajes como Tiryon Lannister, Jaime Lannister o Theon Greyjoy, terminó convertida en la mejor versión de sí misma. Tanto así que Sansa Stark se convirtió en uno de mis personajes favoritos de Game of Thrones y hoy me complace poder hablar ¡finalmente! de ella.

Es que, Sansa Stark sufrió algunos de los traumas más oscuros (en Juego de Tronos y en la imaginación de cualquier mortal); pero resurgió como una mujer fuerte y mentalmente resistente. Es como si hubiese encontrado una manera de resolver todos los infiernos por los que pasó; como si sus demonios descansaran en silencio en un lugar seguro dentro de ella. ¿Es posible que una persona sane después de experiencias recurrentes y traumáticas? ¿Puede Sansa formar un sentido saludable de sí misma, uno no definido por victimización y violación? La respuesta es . Y fue gracias a ello que acabó alzándose como Reina del Norte.

Inocencia interrumpida

A cada golpe y porrazo que sobrevivió, Sansa se hizo más fuerte, en lugar de convertirse en víctima. Al contrario, esa fortaleza hizo probarse a sí misma su capacidad de supervivencia y de autodominio. Si podía salir ilesa de las situaciones más traumáticas, podía tomar al control riesgos y responsabilidades que al menos la beneficiaran como recuperar su hogar, la independencia del Norte y, por ende, sentarse en su trono. Por eso, desde mi punto de vista Sansa demostró ser la mejor opción para liderar los Siete Reinos.

Tuvo que aprender las lecciones de la vida a la mala. Veamos, un trauma interpersonal es “cualquier experiencia que causa miedo intenso, impotencia, pérdida de control o amenaza de aniquilación a través de abuso emocional, físico y sexual por parte de otro”. Y vaya que Sansa experimentó todo eso: vio morir a su papá decapitado; su prometido Joffrey Baratheon la obligó ver la cabeza de su papá en una estaca; está de más decir que Joffrey era un sádico que la hizo sufrir al mínimo intento; después fue forzada a casarse con Tyrion Lannister; huyó con Mañique a casa de su tía tras ser acusada de asesinato; su tía, Lysa Arryn, trató de matarla; posteriormente Meñique la vendió a los Bolton; la obligaron a casarse con Ramsay Bolton, otro sádico antisocial; sufrió maltratos físicos, verbales y psicológicos por parte de este. Además, la mayor parte de todos estos abusos los vivió antes de cumplir la mayoría de edad.

Con solo trece años, Sansa se convirtió en rehén de la Casa Lannister, y aunque inicialmente expresó mucho interés en la posibilidad de casarse con el hijo de la reina Cersei, finalmente se enteró de que se le consideraba un objeto de negociación y comercio. Nada más. Ella se da cuenta de lo brutal y sádico que es Joffrey en realidad y rápidamente aprende a temerle.

Su primer ciclo menstrual despierta aún más el miedo de Sansa; la idea de tener hijos con un psicópata como Joffrey la aterroriza. Cersei le recuerda a Sansa que cualquier amor que sienta probablemente será para sus hijos, no para su esposo. Estos mensajes normalizan el deber pero no el placer que como mujer le corresponde.

Ahora o nunca

No tiene sentido describir cada evento traumático que experimentó, pero vale la pena señalar que los perpetradores de Sansa son típicamente hombres. Es por eso que sus pláticas con la Reina nunca fueron descabellados o mal intencionadas. En mi análisis a Cersei describo (más no excuso) como su personalidad manipuladora y feroz es un reflejo de las vejaciones que sufrió por ser mujer a mano de hombres (su padre la vendió a Robert; Robert nunca la amó, siempre la humilló, etc). Sus tajantes palabras son un reflejo de su pasado que ve reflejado en el futuro de Sansa. Y aunque Cersei nunca quiso a Sansa sí que la entendía.

Sansa, humillada, golpeada, violada, nos ayuda a comprender el deterioro de su personalidad y la pérdida de la bondad dentro de sí misma “Si voy a morir, que ocurra mientras todavía queda algo de mí” son sus últimas palabras al momento en que salta de los muros de Invernalia junto a Theon. Este es su punto de inflexión: ya no tiene que perder. Es morir cuando aún queda algo de sí misma o es, finalmente, renacer. No importa lo que ocurra en el salto, al menos su muerte sería su elección.

Pero no murió, renació.

Como dato curioso, me encanta que Sansa no es la única mujer que evolucionó en Juego de Tronos, como ellas muchas lo hicieron también. Aquí escribí sobre la evolución femenina de Juego de Tronos.

Aprendió lentamente, pero aprendió

En el último capítulo de la séptima temporada Sansa reconoce “aprende lento, pero aprendo”. Una de las cosas más loables del personaje es su capacidad de aprovechar lo bueno de lo malo. Sus verdugos se convirtieron en sus maestros. Así fue como sobrevivió. Sansa fue capaz de absorber la tenacidad de Cersei, la manipulación de Meñique; pero también se convirtió en un reflejo de lo justo de Ned Stark y su inquebrantable amor por el Norte.

Un reflejo de esto fue su acto de sentenciar a Lord Baelish a la muerte; significa la última recuperación del control de Sansa. Meñique, a lo largo de su relación, la guió con manipulación y engaño; y aunque su abuso puede no haber sido tan horrible como el de Ramsay, Baelish redujo a Sansa a un mero instrumento en su plan más amplio. La explotación a largo plazo de Littlefinger se coloca a lo largo de una serie de abusos y se convierte en parte de una narrativa más grande que lleva consigo.

Cuando ella le repite sus propias palabras, Sansa demuestra que en efecto aprendió. “A veces, cuando trato de entender los motivos de una persona, juego un pequeño juego: asumo lo peor”. La muerte de Littlefinger no deshará todos los horrores de su vida; pero refleja la transformación completa de Sansa. Ya no hay rasgos de la joven que una vez fue víctima de las vejaciones de los hombres a su alredor.

Esto apoya un concepto de escribir su propia narrativa, una que valga la pena cultivar y mantener. Sansa comenzará a escribir la historia de su vida que honra las experiencias anteriores, pero también conduce a una personalidad individualizada que no necesita de alguien más (su papá, un Rey para casarse, etc) para sobrevivir. Es tan solo el comienzo de la historia –su historia– que la condujo a convertirse en Reina y Señora de Invernalia.

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