Durante siete años, para todos sus seguidores, fue la mejor serie transmitida en lo que va de siglo. Su récord como la serie con más Premios Emmy de todos los tiempos lo confirma. Pero su octava y última temporada fue el banderín que dividió a los espectadores en dos grupos: la amas o la odias. Personalmente me encuentro en el primer bando y defenderé mi postura eternamente. Es por ello que he pensado en hacer un revisionado de Game of Thrones acompañado de un análisis por temporada. No es fácil hacer algo así, al menos no para mi -he tratado de seguir la pista a otras series como Downton Abbey– pero Juegos de Tronos es un producto más complejo, con más personajes y por lo tanto más líneas narrativas.

Entonces he pensado, mientras veía la serie, que la mejor manera de analizar cada temporada es, de hecho, analizando los personajes que mueren que por alguna (truculenta) razón valen como desencadenantes de los principales acontecimientos.

Game of Thrones T1: Honor y ambición igual a perdición

En general Juego de Tronos, ya como su título deja ver, es un juego (bastante despiadado) en el que muchos (extrañamente los que actúan de villanos) desean apoderarse del Trono de Hierro y gobernar los Siete Reinos. En este juego de poder no se trata de ser bueno o malo, importa la astucia.

En la primera temporada son el honor y la ambición los protagonistas. Tenemos un Lord Baeilish con una coartada perfecta que hunde en el lodo a Ned Stark. Cersei Lannister una mujer que no se conforma con las migajas y quiere literalmente todo para ella. Joffrey, un niño malcriado jugando a ser Rey. Ned Stark quien persigue el equilibrio de los Siete Reinos. Robert Baratheon, actual Rey. Viserys Targaryen, heredero por nacimiento del Trono hasta su exilio quien anhela recuperar lo que le pertenece. Todos y cada uno de estos personajes tienen motivaciones. Pero a algunos le faltó astucia. Ned, Robert y Viserys son los primeros caídos y vamos a analizar como el honor (Ned y Robert) y la ambición (Robert y Viserys) surtieron el mismo efecto en esta ocasión: la muerte.

Ned Stark, su honor y misericordia fueron su fin

Un gran padre y un político terrible, Eddard Stark es el jefe de la familia Stark, una de las principales familias nobles de la historia. Es el esposo de Catelyn Stark y padre de Robb, Sansa, Arya, Bran, Rickon y Jon Snow. Fue criado por Jon Arryn (el difunto esposo de Lysa, la hermana de Catelyn) y creció con Robert Baratheon, su mejor amigo. Se convierte en Mano del Rey para Robert, y es cuando descubre el crimen de Cersei y Jaime Lannister (ambos hermanos son amantes); es ejecutado por el Rey Joffrey.

Eddard Stark es el tipo de padre perfecto: es amable con sus hijos (incluido su hijo ilegítimo, Jon Snow, y su pupilo, Theon Greyjoy). Trata de enseñarles pacientemente cuando están confundidos o necesitan aprender algo, como ese momento en el que Ned lleva a un Bran de diez años para que presencie la ejecución de un hombre; acto que no está bien pero desde los ideales de Ned es lo correcto, eso lo sabe incluso Bran quien cuestiona a su padre (“¿Lo haces porque sigues las viejas normas?”) pero lo desconoce Ned, un hombre recto, un hombre de honor quien siempre elegirá hacer lo correcto, así no sea lo que está bien y eso es precisamente lo que lo lleva a perder la cabeza, literalmente.

Sí, Ned es un buen hombre: bromea con sus sirvientes, incluso los trata como iguales. Pero esa rectitud surge como un don cuando se aferra ella como Señor de Winterfell, padre y esposo pero como político es la pala con la que cava su tumba. Desafortunadamente, todas las cosas que amamos de Ned lo convierten en un político bastante horrible. Es una persona directa que generalmente dice lo que piensa, incluso si lo que piensa es que el Rey no tiene el mínimo conocimiento de lo que hace (como la pelea sobre los Targaryen). Además de eso, si hacemos un repaso, todo lo que hace Ned es porque él piensa que es correcto: Él asume la responsabilidad como Mano del Rey porque debe, no porque quiere; asume el rapto de Tyrion porque debe proteger a Catelyn; confía en Meñique porque cree es su deber (“Meñique es como un hermano” le dice Cat a Ned, ¿cómo desconfiar del hombre en el cual su esposa confía); enfrenta a Cersei sobre su relación con Jaime porque la verdad debe ser conocida por el Rey Robert.

En adición a su inquebrantable moral, Ned es misericordioso. Lo cual está bien, por una parte, porque en un mundo de mentiras, traiciones, ambición y complots, se agradece que exista un alma bondadosa; el detalle es que, citando a Cersei: en el juego de tronos o ganas o mueres, así que al final del día poco importante tus buenas acciones si estás significan tu fin, Ned.

Un ejemplo rotundo de su misericordia, es el hecho de estar dispuesto a perdonarle la vida a Daenerys y Viserys, teniendo en cuenta que el padre, el hermano y la hermana de Eddard fueron asesinados por los Targaryens. De hecho, es esa misericordia lo lleva a hablar con Cersei sobre sus crímenes. Él piensa que le está dando tiempo para salvar a sus hijos, de salvarse a sí misma pero en realidad, le está dando tiempo para luchar contra él. Entonces, de alguna manera, por el hecho de que Ned sea una buena persona, termina perdiendo el juego de los tronos. En pocas palabras: Eddard tiene «principios», y esto no lo lleva muy lejos en su mundo.

Robert Baratheon, demasiado confiado para ganar el juego de tronos

Robert Baratheon es el rey de los Siete Reinos después de que el Rey Loco fuese asesinado por Jaime Lannister, su cuñado, y los Targaryens fuesen expulsados ​​al exilio. Se crió con Eddard Stark (aunque no se han visto en años) y amó a la hermana de Eddard, Lyanna. Pero desde que Lyanna murió, a Robert se le aconsejó que se casara con Cersei Lannister, y así fue. Robert tiene dos hermanos menores, Stannis (que solo se menciona en esta temporada) y Renly. Robert pasa la mayor parte de su tiempo como rey comiendo, bebiendo, cazando y teniendo encuentros extramaritales. Y debido a eso último, tiene un número de hijos bastardos presuntamente alto. Al final, Robert es asesinado mientras cazaba ebrio (o drogado).

Aunque se habla mucho de la grandeza de Robert en su juventud (fue un gran soldado, y bastante apuesto), en sus últimos días como Rey (lo que abarca la temporada), es un soberano incompetente que reclina la carga de trabajo en el consejo (ahora encabezado por Ned); sin embargo sentimos algo (o lástima) por Robert Baratheon. Fue un hombre que luchó por algo que creía querer pero ahora que lo posee no sabe que hacer (“Nunca estuve tan vivo como cuando gané este trono, ni tan muerto como ahora que lo he ganado”). Ahora, en parte por su apatía como Rey y su vagancia, no tiene otro remedio más que confiar en los Lannister, aliados y enemigos, a partes iguales. En el fondo Robert no tiene nada que perder, es un hombre solitario, sin propósito.

Viserys Targaryen, incinerado por la ambición

Parece que desde la primera vez que nos encontramos con él, Viserys Targaryen tiene en él más de su padre que de su hermano mayor, y al igual que su padre, la pregunta es ¿la locura siempre estuvo allí o la ambición lo llevó a perder el control? ¿O es un poco de ambas cosas?

Aunque vemos mucho del lado más cruel de Viserys en los únicos cinco capítulos de Game of Thrones durante los cuales aparece, Dany en ocasiones habla de un lado más amable de su hermano. Todo lo que ella sabe de los Siete Reinos proviene de Viserys, y aunque él a menudo ha estado hablando de su derecho por nacimiento, Dany parece atesorar genuinamente los recuerdos que tiene de las historias que él le contaba. Ella menciona momentos en los que cuando era niño, él le permitía meterse en su cama por la noche para cobijarla y ser un verdadero consuelo, probablemente para ambos.

Pero ahora, Viserys quiere recuperar el Trono que, tras el asesinato del Rey Loco, le pertenece y a su vez desea aniquilar a todos aquellos que traicionaron a su padre. Está cegado por la ambición y la sed de venganza, una combinación de por sí terrible, pero a ello hay que sumar su inexistente paciencia. Illyrio, Ser Jorah y Dany le aconsejan que sería mejor esperar en Pentos mientras el Khal Drogo los conduce a Vaes Dothrak, pero él no va a saber de él. Quizás sea su paranoia otra vez, convenciéndolo de que, a menos que vigile a Drogo, este no cumplirá su palabra. Así que no deja otra alternativa que que seguir adelante, viajar a través del mar Dothraki y llegar a su triste final.

Una vez fue un buen hermano, ahora es la encarnación de la envidia (teme que su sobrino no nacido se convierta en un obstáculo para llegar al Trono), se deja llevar por la ambición a tal punto que es incapaz de medir sus consecuencias. Viserys es un digno Targaryen que ha sido abrazado por la paranoia y la locura y tal como le ocurrió a su padre; sus incontestables acciones cargadas de maldad lo asesinaron.

Esta primera temporada de Juegos de Tronos sirve para sentar las bases de la historia: una especie de monopolio político dónde el factor decisivo es la astucia, opacando los valores o principios. Después de todo, este juego de tronos es un juego despiadado por el poder.

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