Si has leído mis repasos de las temporadas de GOT, sabrás que he tratado de diseccionar cada entrega basándome en la muerte de cada personaje. Como ya nos vaticinó Cersei, morir en el Juego de Tronos significa perder y solo se pierde si cometes errores. Ned Stark murió por hacer lo correcto y Viserys Targaryen por la ambición irracional. Renly Baratheon murió por ser incapaz de doblegarse y reconocer un aliado en su hermano.

En pocas palabras, el mundo de Juego de tronos está lleno de intriga, traición y guerra. Pero lo que a menudo es lo más interesante de todo son las relaciones humanas que se construyen, se pierden y se crean durante la saga. En la tercera temporada fuimos testigo de cómo la confianza acabó con Catelyn y Robb Stark: ella confió en quien no debía y él confió en su propia suerte. Pero si existe algo más letal que la confianza, es la arrogancia. Precisamente la perdición de los tres perdedores de esta temporada: Joffrey, Tywin y Oberyn.

Al igual que la confianza, la arrogancia no determina si la persona es buena o mala; la arrogancia acompaña las tendencias de los personajes: en Joffrey su sociopatia, en Tywin la ambición, en Oberyn su sed de justicia.

Joffrey: El monstruo incontrolable

Comencemos con uno de los personajes con mayor contraste en Game of Thrones, Joffrey Baratheon, el hijo del rey Robert Baratheon y la reina Cersei Lannister ¿o no? Existe la gran posibilidad de que Joffrey sea en realidad el hijo de una relación incestuosa entre Cersei y su hermano Jamie Lannister.

Joffrey es probablemente el persona más odioso y odiado de toda la serie pero ¿qué es lo que polariza a la gente acerca de él? Hay varias razones que pueden contribuir al desagrado general de la gente por Joffrey: su crueldad, su tendencia a esconderse detrás de los demás cuando las cosas se ponen difíciles, y su tendencia a creer que él es quien toma las decisiones, cuando la realidad es todo lo contrario a esto. Sin embargo, la envoltura que cubre su detestable personalidad es su arrogancia: Joffrey se cree más de lo que realmente es.

Mirando a Joffrey como el hijo mayor de un rey, él es el siguiente en la fila para la sucesión, y como resultado será tratado como tal. Cersei dice varias veces cuan importante es para ella su hijo mayor. Y en una tierra como Westeros, donde las lealtades familiares pueden cambiar como el viento, y los matrimonios pueden cambiar el poder de una familia, es particularmente importante asegurarse de que Joffrey esté bien cuidado para que cumpla lo que su familia espera de él: nada más y nada menos que ser el Rey de los Siete Reinos.

Además, Joffrey parece ser el producto de una familia que valora demasiado la idea de éxito. Él está en su adolescencia y, como resultado, se encuentra actualmente en uno de los rangos de edad donde es más susceptible a las influencias de otras personas que lo rodean. Desafortunadamente, hay relaciones limitadas que refuerzan los comportamientos saludables. Su abuelo Tywin está empeñado en el éxito de su familia a toda costa, incluso hasta el punto de criticar fuertemente a su propio hijo e hija cuando no se desempeñan como se requiere. Tenemos a su madre, Cersei, quien está distante y demasiado preocupada por su hermano/amante Jamie Lannister durante su desaparición para prestar la debida atención a Joffrey. La única persona en su vida que podría ser de alguna ayuda sería Tyrion Lannister, su tío, sin embargo, debido a su posición en la familia a menudo es relegado, a pesar de su comprensión superior de los comportamientos humanos.

Joffrey fue criado como un medio al Trono de Hierro y para los Lannister, obsesionados con el éxito, no hay nada mayor que eso. Y Joffrey fue consciente de eso, de cuanto lo necesitaba su familia. Pero ser “muy valioso” o creerse como tal fue su fin. Confió demasiado en su posición y como Rey se pensó intocable pero no lo fue.

Tywin Lannister: Subestimando al enemigo

Tywin Lannister es un personaje maquiavélico y arrogante. En la política, esta combinación puede resultar muy útil pero no todo es política en la vida.

Tywin mantiene un enfoque estricto sobre un objetivo y se vale de cualquier medio para lograrlo. No conoce de escrúpulos, no tiene límites. Si eso no es ser maquiavélico, entonces no sé qué será. De hecho, se necesita poco esfuerzo para demostrar que Tywin Lannister nunca se habría abstenido de tomar ninguna medida para lograr un objetivo siempre que demostrara su eficacia. Un claro ejemplo es la Boda Roja.

En primer lugar, Tywin es un hombre cauteloso: no expuso a su propia casa a la venganza. Tywin solo es el culpable indirecto de la Boda Roja. Por supuesto, no hay duda de que él está detrás de los hechos de una manera u otra. Sin embargo, él no es un rey y no viola el derecho de los huéspedes. Tywin es como un maestro que maneja sus marionetas.

La segunda lección es que no puede confiar en que los demás hagan por su propia cuenta lo que considera la opción razonable. En el momento de la Boda Roja, Tywin ya no tiene que tomar en cuenta las acciones de un rey a quien no puede controlar (el arrogante de Joffrey) y tampoco lo puede enfrentar. Esta vez, las opciones son todas suyas de nuevo. Una vez que ha decidido que la Casa Stark es un enemigo y que la paz no es una opción, debe golpear lo suficiente a sus enemigos como para que no sean capaces de vengarse. El honor o la sinceridad ni siquiera entran en él (como si lo fue en Ned); sin embargo, la opinión pública y su efecto en él es más fuerte.

Tywin Lannister sabe que es un buen político, y que prefiere que le teman a que le amen. Pero el mayor error que cometió fue no usar su astucia para manejar a sus hijos tan bien como para manejar la política. Y sobre todo subestimar a Tyrion. Tywin Lannister ni siquiera parece reconocer la enemistad mortal de su hijo (a quien ha querido ver muerto desde que nació) y el peligro resultante en el que se encuentra cuando Tyrion le apunta con la ballesta. Después de que Tyrion lo apunta repetidamente y obviamente amenaza su vida, Tywin aún se sorprende cuando Tyrion realmente le dispara. La arrogancia lo cegó y tal parece que nunca se le ocurrió a Tywin que sus hijos podrían convertirse en sus enemigos y, en última instancia, en su perdición.

Oberyn Martell: La arrogancia como arma de doble filo

Si hay un personaje arrogante por excelencia, ese es Oberyn Martell. A Joffrey y Tywin además de su arrogancia también lo podemos estudiar por su crueldad en el caso de ambos o por su destreza política en el caso del segundo. Pero Oberyn, más allá de su sed de vengar la muerte de su hermana y sobrinos, es la arrogancia personificada y aun así no es una mala persona.

Cuando vemos a Oberyn por primera vez, está caminando mujeres que evalúa como objetos. Este acoso dominante hace que las mujeres se sientan sumisas pero determina en cuestión de segundos la personalidad de Oberyn.

Al momento de dirigirse a los Lannister -sus archienemigos- lo hace con ingenio y dominio. Sus insultos son rápidos y punzantes, y su falta de miedo al combate es estimulante. No pretende esconder su feroz discurso sobre la violación y el asesinato de su hermana que acaba con sus ganas de vengarse.

A lo largo de los episodios, hay demostraciones obvias de esa arrogancia que, en efecto, frente a su combate ante la Montaña es su perdición. Pero también fue lo que lo hizo grande.

Hay razones para que Oberyn tenga tanta confianza suprema en sí mismo. Tiene más hijos que Robert Baratheon, su inteligencia y su ingenio son reconocidos mundialmente, y es un luchador increíble, que demuestra con su dominio sobre la Montaña sin llevar armadura, ser más bajo que la Montaña y contar únicamente con una lanza como arma. También lo hace con estilo, saltando, burlándose de Gregor y jugando con él como el tonto que es.

Desafortunadamente, su desesperación por una confesión de la Montaña hace que su cabeza explote, literalmente. Sin embargo, técnicamente es un empate, porque la Montaña será un muerto viviente por el resto de sus días.

Pero lo que hay que destacar es nunca habría ganado su habilidad, su ingenio o su voraz confianza sin su orgullo. Aunque su arrogancia fue su caída, también fue su victoria. Que esa sea una lección para todos.

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