Advertencia: este artículo contiene spoilers.

El pasado domingo, por séptima ocasión, nos hemos despedido de los Siete Reinos esta vez hasta nuevo aviso -probablemente por más de un año. Esta penúltima temporada, para bien o para mal, ha dado mucha tela que cortar ya que a pesar de las críticas por la omisión de la lógica del tiempo, la serie se confirma como el gran fenómeno cultural de la actualidad, siendo el final de temporada el episodio más visto de toda la serie (originando 31% más de audiencia en comparación al final de la sexta temporada) pero obviando los detalles que alertaron al público hay que reconocer que esta penúltima entrega nos dejó gratos momentos. Encuentros esperados, alianzas deseadas, relaciones (polémicas) y revelaciones claves del pasado son algunos de los puntos que han marcado estos siete episodios y que, además, sirvieron como antesala para el inicio del inminente final. Todo esto es gracias a que Game of Thrones ha evolucionado.

Que hayamos visto a las hermanas Stark conviviendo en Invernalia o a Daenerys y Jon Snow reunidos por primera vez y posteriormente consumando su amor (!) es el resultado de un largo viaje del cual hemos sido testigos en los últimos años. Un viaje que también nos ha dejado como resultado una reina sentada en el trono de hierro y otra que lo reclama por derecho propio. Porque Game of Thrones ha permitido que sus personajes se desarrollen y de ese modo también han desarrollado un mensaje, directa o indirectamente, pero que hoy es preciso: Juego de Tronos es feminista.

Para evitar malos entendidos vale aclarar que todo aquí se fomenta sobre las bases de un solo significado de feminismo: igualdad. Porque a diferencia de los que muchos creen, el feminismo es la defensa de los derechos de las mujeres en igualdad con los de los hombres, y viceversa. Porque si durante años las mujeres han sido excluidas de conversaciones sobre fútbol porque “es cosa de hombres” muchos hombres también han reprimido algún llanto “por no parecer mujeres“. Esto tiene que cambiar como ha venido cambiando durante todo este tiempo en la serie de HBO.

Desde que la producción comenzó a emitirse las críticas por cierta parte de los espectadores fueron masivas: exceso de desnudos femeninos, tratadas como meros objetos sexuales, maltratos, violaciones y otros cuantos hechos fueron los motivos por los cuales parte del público no estaba muy contento. Y me incluyo. El blog The Mary Sue juzgó directamente a la serie por las violaciones de Sansa y Cersei (que no aparecen en los libros) y George R. R. Martin defendió la producción televisiva alegando que así era la edad media: violenta y misógina. The Mary Sue contraatacó diciendo que en una historia con dragones y magia pudo haberse desarrollo en otro tipo de sociedad. Sí. Pero los resultados no serían los mismos. Tal vez Game of Thrones está plegado de desnudos femeninos gratuitos (sobre todo si se compara con los hombres) pero cada golpe, cada violación se traduce en uno mismo: ellas no tienen la culpa. Porque ni los dragones ni la magia ni la fantasía impiden que la serie refleje a la sociedad de la edad media, prehistórica o contemporánea. Así, lamentablemente, ha sido siempre. Que Daenerys haya sido vendida y después violada en su noche de bodas no es su culpa, que Sansa haya terminado atrapada por Ramsay Bolton tampoco es su culpa o que Gilly espere un hijo de su padre tampoco es algo que haya querido. Pero que hayan victimarios (como Viserys, Ramsay o Euron) no las convierte a ellas en víctima sino en sobrevivientes y sobrevivir en los Siete Reinos tiene mucho mérito. Y así mismo que hayan hombres perversos no significa que todos lo sean porque Game of Thrones no minimiza a los hombres cuando busca engrandecer a las mujeres, simplemente los muestra en situaciones de iguales.

No se alteren, no hay necesidad de activar las alarmas. Este no es un artículo sobre el empoderamiento femenino o la toxicidad del machismo, este es solo un artículo sobre cómo, finalmente, las mujeres han alcanzado definitivamente el lugar que merecen: al lado de los hombres.

CRECIENDO EN LAS ADVERSIDADES

Sansa Stark. Estuvo bajó merced de la familia que asesinó a su padre antes, durante y después de la muerte de este. Sí, recibió ayuda de un hombre para evitar que se casara con un psicópata pero a la final este, Meñique, la vendió a otro incluso peor. Eso sin mencionar que su tía trató de asesinarla cuando ella más ayuda necesitaba. Pero Sansa creció a golpes y porrazos y pasó de ser una niña mimada que sólo pensaba en matrimonio a ser Lady de Winterfell y demostrando que se ha convertido en la mejor estratega que ha conocido el Norte. “Aprendo lento, es verdad. Pero aprendo” Sansa no ha perdido su esencia (Arya le recuerda que siempre le han gustado las cosas elegantes cuando descubre que su hermana duerme en el cuarto de sus padres) simplemente se ha convertido en una persona inteligente, valiente y todo gracias a las lecciones concebidas por la vida.

Arya Stark. “Nunca habrías sobrevivido a lo que yo he sobrevivido” le espetó Sansa a Arya y tiene toda la razón pero Sansa tampoco habría sobrevivido a todo lo que atravesó Arya: huir de Desembarco del Rey, fingir ser un niño (rodeada de hombres), atravesar tierras desconocidas y más. Es innegable que en el proceso Arya tuvo ayuda y protección (Gendry, Jaqeen, El Perro) pero la hermana menor Stark pasó de ser nadie a ser la asesina más letal de los Siete Reinos por mérito propio. Hoy nadie se atrevería a meterse con Arya, ni tampoco creemos que necesite la ayuda o la protección de otros.

Gilly. Más allá del muro Gilly vivió cosas espantosas: secuestrada y violada por su propio padre, solo por mencionar algunas. Probablemente Gilly jamás se hubiese atrevido a escapar sino fuese por Sam pero a pesar de todo ella nunca se rindió. Soportó su estadía en el muro; aprendió a leer y a descubrir historias mientras brindaba apoyo desinteresado a Sam, todo mientras ejerce la labor de (buena) madre.

Samwell Tarly. Ellas no son las únicas que han aprendido sobre la marcha. Sam llegó al muro porque solo allí estaría lejos de los insultos y vehemencia de su padre. No sólo las mujeres son víctimas del body shaming. No era el más rápido ni el más audaz ni el más valiente pero sí era el más leal de todos. Sam aprendió a utilizar sus cualidades para salir adelante. Esa lealtad a Jon -el único que creía en él- y así mismo le llevó a desarrollar su valentía y su honor, ese mismo que le llevó a la ciudadela para convertirse en Maestre pero lo sacó de allí hasta Invernalia para ayudar a su mejor amigo a combatir el ejército de la muerte. Samwell está finalmente escribiendo su propia historia.

DAMAS… Y CABALLEROS EN APUROS

Theon Greyjoy fue capturado, torturado y castrado por Ramsay Bolton. Salir con vida de allí era una auténtica proeza, solamente su hermana Yara fue la única capaz de jugarse la piel para rescatarlo. En parte porque es, tal vez, la única que le quiere. Yara Greyjoy fue a ciegas a una odisea donde lo peor que podía ocurrirle era ser descubierta por Ramsay y acabar en la misma condición (o peor) que su hermano. En otra misión suicida estuvieron Jon Snow y su equipo vengador cuando atravesaron al muro para capturar un caminante. Rodeados de espectros, muertos y bichos muy malos el único destino de estos hombres era ser salvado por Daenerys -y sus dragones- pero Daenerys, experta en salvaciones, también ha liberado mujeres como Missandei, esclava hasta que conoció a Khalessi. “Sabes que te llevo a la guerra” le advirtió Khalessi, “Valar Morghulis” respondió Missandei. “Pues nosotras no somos hombres” y allí iban, a jugarse la vida.

DE ERRORES Y REIVINDICACIONES.

Melisandre. Esa vieja bruja, nunca mejor dicho. Durante un par de temporadas Melisandre jugaba como la conciencia de Stannis Baratheon. Haz esto, haz aquello y aunque todo le salía mal él seguía creyendo en ella. La última gran idea de la bruja fue convencerle de que quemando viva a su hija ganaría la guerra. La elección de Baratheon es historia como su destino y su reputación como padre. Pero de todo esto resultó que Melisandre muy bruja y todo tenía remordimientos, aun los tiene pero la vida (o según ella, el Señor de la Noche) le otorgó la posibilidad de redención: resucitar a Jon Snow. Clara muestra de que podemos errar -en las peores circunstancias- pero también podemos corregir las acciones.

Y hablando de redenciones, nadie ha tenido tantas oportunidades como Theon. Pagó su karma con Ramsay Bolton, pero cuando tuvo la opción de retribuir el favor de su libertad a su hermana, este huyó. Que Theon Greyjoy sirva como ejemplo de que también hay hombres cobardes, no todos son héroes pero siempre hay la posibilidad de convertirse en uno. Después de conseguir el perdón de Jon Snow, Theon por primera vez se ha arriesgado en favor de otro, su hermana. “No por mi, por Yara”. El momento de redimirse ante la vida ha llegado.

ELLAS TAMBIÉN PUEDEN GOBERNAR, COMO ELLOS.

Por un Rey Loco, hay una Cersei Lannister capaz de hacer explotar media ciudad para llegar a la corona. La maldad no distingue géneros ni mucho menos intelecto. Cersei Lannister es tan perversa como inteligente, muy inteligente. Que haya llegado al trono de hierro a la mala no significa que sea una mala estratega después de todo consiguió lo que se propuso. Y su gran rival acabaría siendo la única mujer entre los Targaryen. Convencida de que sólo ella puede gobernar los siete Reinos, derecho que ha heredado, Daenerys ha atravesado el viaje más interesante, largo y exhausto de toda la serie.

Fue vendida por su hermano, fue violada, vilipendiada pero en su odisea también liberó tropas, esclavos, pueblos enteros. Daenerys se convirtió en Khalessi, en la Madre de los dragones, en la rompedora de cadenas, en la reina de los Andalos como efectos secundarios de su único objetivo: sentarse en el Trono de Hierro. “He sido encadenada y traicionada… ¿Sabes lo que me mantuvo en pie, durante todos esos años en el exilio? Fe. No en ningún dios, no en mitos ni leyendas. En mi misma. En Daenerys Targaryen.” le resumía Dany a Jon, que nadie subestime el poder de la Targaryen así como nadie puede subestimar a Jon que al igual que ellas también sabe gobernar. Líder por naturaleza en el muro, el Rey en el Norte ha demostrado que nadie mantiene las promesas como él, que nadie está dispuesto a arriesgar su vida por un bien común tantas veces como él.

Algo tienen en común Cersei, Daenerys y Jon: siguen sus instintos. Instintos buenos o malos pero confían en lo que dictamine su conciencia. Gran diferencia de Tyrion otro que ha demostrado que también puede (y sabe) como gobernar pero siempre centrado en la lógica, quizás por eso nunca le ha interesado el Trono o algún título noble, pero cree en un mundo mejor y eso le ha convertido en la mano de la Reina. Ella impulsiva, él racional pero ambos capaces de combatir en la guerra.

Tal vez hemos subestimado el mensaje de igualdad de Game of Thrones, difuso en sus comienzos pero directo en sus intenciones. La serie de HBO nos ha dejado sobrevivientes, arrepentidos, gobernantes. Ellos y ellas. Patriarcas sobreprotectores como Tywin Lannister o matriarcas sabias como  Olenna Tyrell. Nos ha dejado Reyes en Norte y Reinas en Desembarco del Rey. Ahora solo nos queda esperar un año (seguramente mas) para ver quien triunfa en la Gran Guerra, quien se queda en el trono de Hierro, da igual si es un “él” o “ella” lo importante es que todos, por igual, están en las mismas condiciones para triunfar.

 

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