Es real, vivimos en un mundo “enfermo y triste”, donde valoramos sólo lo que alcanzamos a ver. Vemos a los demás y juzgamos sin conocer, por lo que nuestros ojos alcanzan a percibir. Por la ropa, por “la facha”, por su rostro, por su calzado, por lo que vemos superficialmente, sin saber su historia, sus sueños, su forma de ver la vida. Nos dejamos llevar por lo que imaginamos y no nos damos tiempo de ver más allá.

   Vivimos en un mundo donde se valora más la posición económica que la calidad humana, donde no se toman en cuenta las ganas de salir adelante, donde ya no importa qué tanto has leído, qué tanto sabes sino qué tan popular eres, qué tan comercial es tu imagen.

   Vivimos en un mundo donde los libros y la cultura pasan a segundo plano, donde el dinero,  los excesos, la lujuria y las perversiones son más vitales que el conocimiento. Donde ser “modelo” es más respetable que ser trovador, estudioso y bohemio, porque ser “mugroso” e idealista no te lleva a ningún lado. Donde ser hombre de ciencia y cultura sólo te llevará a “morir de hambre” porque el dinero está por encima del conocimiento.

   Vivimos en un mundo que sucumbe ante la corrupción, ante la inmoralidad, que ya no se impacta ante noticias de muerte, violación o pedofilia sino que lo ha aceptado como algo “normal” y del día a día; un mundo donde voltear a la calle para ver alguien masacrado o atropellado es más por morbo que por alguna emoción provocada.

   Vivimos en un mundo de pobreza, deshumanizado, un mundo que se acaba porque los recursos han sido sobreexplotados y las riquezas naturales pasadas a segundo término. Porque nos interesa más construir carreteras que plantar un árbol, ser recordados por grandes edificios que por cuidar el medio ambiente. Un mundo donde nos hemos olvidado de lo importante y de que es el único lugar que tenemos para vivir, porque son los únicos ríos, los únicos mares y no sé si olvidamos que las plantas nos dan oxígeno para respirar, para vivir.

   Vivimos en un mundo donde sólo unos cuantos luchan por cambiar las normas y son tachados de locos o ridículos pero son esos cuantos los que aún creen que se puede mejorar. Donde unos cuantos desean acabar con la injusticia, unos cuantos desean exponer aquello que está mal, donde unos cuantos creen en la salvación de la humanidad y en crear un mejor mañana. Donde unos cuantos desean cambiar esos actos de “cultura” y tradición que en realidad son masacres, donde unos cuantos tienen fe en que su voz sea escuchada y sirva de inspiración a los demás. Porque cuando los locos seamos más, los locos serán ustedes.

   ¿En qué mundo quieres vivir? ¿Aún apelas al idealismo y a la fe de que podemos cambiar?

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