No hay (o hubo) otro programa en la televisión norteamericana más visto que The Big Bang Theory, literalmente. Para tener una idea, en 2016, Big Bang superó a todos los demás programas de televisión en la parrilla estadounidense, con casi 20 millones de espectadores sintonizando para ver las travesuras de Sheldon y compañía. Este fenómeno se extendió por América Latina y Europa, acumulando doce temporadas (siendo uno de los shows populares más longevos en la actualidad, en compañía de Grey’s Anatomy y Supernatural), pero como todo lo bueno llega a su fin, nos ha tocado decirle “adiós a los geeks más queridos de la televisión. A pesar de los tropiezos, The Big Bang Thoery se marcha como la última gran sitcom pero ¿cómo llegó a ostentar este título?

A pesar de que la comedia de CBS es una maravilla -aunque no perfecta- como suele suceder con cualquier programa que alcance tal popularidad, también ha sido vilipendiada. Se le ha acusado de ser popular por ser insípida, de ridiculizar a los frikis y otros tantos cuentos. Lo cierto es que The Big Bang Theory fue una comedia innata, que aprovechó cada recurso para brindar carcajadas a los televidentes y lo consiguió; todo a través del formato multicamaras (normalmente filmadas con una audiencia de estudio en vivo) que, con el final de la serie, podemos dar por muerto.

The Big Bang Theory, la última sobreviviente multicam

The Big Bang Theory fue el último gran exponente del formato que nos brindó Friends, Seinfeld, Everybody Loves Raymond y otras comedias legendarias. La tendencia en estos días es comedias de una sola cámara, sin risas (filmadas más como películas, sin audiencias en vivo como The Unbreakable Kimmy Schmidt, The Good Place o la última creación de Lorre, The Kominsky Method. Incluso la precuela de Big Bang, Young Sheldon, tampoco ha recurrido al formato de una sola cámara.

El problema es que a la gente le gustan las comedias multicámaras. Son reconfortantes y familiar; es un género íntimo y crea la ilusión de que no hay nada entre el espectador y los personajes. Es cierto que hay otras comedias bajo este estilo, pero son más pequeñas y, cada vez menores en cantidad.

Una oda a los marginados

Sin embargo, el hecho de ser probablemente la última comedia con audiencia en vivo, no es la única razón por la que The Big Bang Theory se convirtió en la mejor sitcom de los últimos años. El simple hecho de ser una carta de amor a los geek, es ya una proeza. Porque sí, no hay que restarle mérito a la razón de su creación; TBBT significó tanto el nacimiento como el producto del auge de la cultura geek de finales de la década de 2000 que comenzó con Iron Man, The Dark Knight y el reboot de las películas de Star Trek y ahora es el dominante de todo el entretenimiento masivo.

Aunque al comienzo se acusó a la serie de CBS de ridiculizar a los nerds, en realidad reivindicó a un sector del público que fue marginado durante años a pesar de cargar la cultura pop en sus hombros. Porque la vara entre éxito y fenómeno que separó cintas como Star Wars, E.T. o Ghostbusters del resto la mantuvieron en alto los geeks, esos que no se limitaban con ir a ver la película, sino que no descansaban hasta adquirir cada producto de la mercadotecnia. Con el renacimiento de las películas previamente mencionadas, los geeks salieron a la luz y The Big Bang Theory aprovechó el momento, no para retratarlos como meros fanboys o para cumplir esterotipos, sino para crear personajes tridimensionales a partir de ello.

Se tomó el tiempo de ayudar a madurar a los personajes

Para ser una comedia de situación, los personajes de Big Bang cambiaron y evolucionaron más que muchos personajes dentro de los dramas actuales (bueno, excepto Raj).

Howard es el mejor ejemplo. Cuando lo conocimos, Simon Helberg interpretaba a una especie de adolescente cachondo en el cuerpo de un hombre. Pero temporadas más tardes, Howard maduró, estableció una relación con Bernadette, superó sus miedos para ir al espacio y posteriormente cumplió su sueño de ser astronauta, y sobrellevó la muerte de su mamá. En resumen, ha hecho lo que todos hacemos: crecer. Al igual que Penny, que pasó de ser la vecina de al lado a una mujer profesional que dejó atrás sus sueños de ser actriz.

Aprendió a construir personajes femeninos

Las primeras temporadas de The Big Bang Theory dieron tela que cortar. El único personaje femenino, Penny, era el estereotipo de la típica rubia tonta que no falta en todas las comedias estadounidenses. Se le acusó de machista y, honestamente no pienso argumentar nada al respecto.

Lo que si pienso destacar es el hecho de que los escritores además de darle un crecimiento digno a Penny, tuvieron la habilidad de construir dos personajes femeninos que repudian completamente el canon de las mujeres en las comedias.

Ninguna otra comedia (o serie en general) nos ha dado dos personajes como la microbióloga Dra. Bernadette Rostenkowski y la neurobióloga Dra. Amy Farrah Fowler, dos personajes que si bien fueron introducidas como intereses amorosos de Howard y Sheldon respectivamente, consiguieron un desarrollo propio centrado en sus vidas profesionales logradas en un estilo tradicionalmente masculino. Para un espectáculo que comenzó con cuatro nerds que salivaban al ver a la chica de al lado, es una visibilidad bastante impresionante.

Y a pesar de todo, un final agridulce

Es difícil despedir un programa que duró al aire más de una década, que se convirtió en un fenómeno sobre y para frikis y que es la última prueba de un formato televisivo que nos dio tantas alegrías y que hoy ya está (prácticamente) muerto; sin embargo, es aún más difícil cuando el final no está a la altura del resto.

The Big Bang Theory fue una serie que se metió en la arena en más de una ocasión cuando no tenía porque hacerlo. No se conformó con ser una sitcom inofensiva sino que se atrevió a tocar temas como la incapacidad de Bernadette de sentir afecto por su segundo hijo tras dar a luz -un tema que incluso en la vida real resulta escabroso- o de ilustrar de una manera sobria la muerte de la mamá de Howard, dejando que por primera vez Sheldon sacara a relucir su lado humano. Pero en la última temporada parece que volverá a hacerlo, esta vez, con el tema de que Penny decide no tener hijos porque no quiere y porque no los necesita para sentirse realizada. Una afirmación que en la vida real es más común que en la ficción donde las mujeres recurren a la maternidad para sentirse “plenas”. Lo cierto es que al final, nos preguntamos de que sirvió abrir este arco cuando después de todo… ¡Sí! Penny termina la serie embarazada porque no hay final feliz sin un feto en el vientre de alguna de las protagonistas (¿verdad, Downton Abbey?)

Pero no todo resultó mal en el cierre de la serie. Sheldon y Amy finalmente consiguieron su premio Nobel y gracias a ello, Sheldon Cooper experimentó un punto de quiebre en su vida que lo llevó a darse cuenta que si llegó tan lejos no fue gracias únicamente a su inteligencia sino también a su familia biológica (que brilló por su ausencia esta temporada) y a la que eligió: sus amigos. The Big Bang Theory completó el ciclo. Una historia sobre la ciencia y la amistad acabó reivindicando el poder de ambas.

Puede que te haya gustado o no pero hay que reconocer que The Big Bang Theory se despide como una serie y un punto y aparte en la comedia.

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