Es una etapa agridulce para los fanáticos de la pelirroja más inocente de la televisión reciente. La audaz y divertidacomedia de Netflix, Unbreakable Kimmy Schmidt, de Tina Fey y Robert Carlock, estrenó a comienzos de año la segunda parte de su última temporada (ya habíamos hablado previamente de los primeros seis capítulos); y salió del mundo siendo más revolucionaria y mordaz de lo que jamas ha sido, desde que se estrenó por allá en 2015.

Para 51 episodios en total, la serie supo como utilizar su tiempo, logrando alargar una trama que -a priori- apenas bastaba para una temporada; y así, contó con un elenco de adorables pero complicados personajes que sirvieron para predicar el mensaje de que no tienes que abandonar el cinismo para mostrar bondad. Es posible que nunca haya alcanzado la genialidad de 30 Rock -también de Fey y Carlock- pero la coherencia de su mensaje y su fabulosa premisa hicieron que cuatro temporadas funcionaran muy bien. Ahora es momento de hablar de los últimos seis episodios y decirle “adiós” a Kimmy Schmidt.

¿De qué trata Unbreakable Kimmy Schmidt?

La serie sigue a Kimmy Schmidt (Ellie Kemper), de 30 años de edad, una vez que es rescatada de un búnker donde había sido prisionera por 15 años -con otras tres mujeres. Ahora, viviendo en Nueva York, ella decide reclamar su vida. Es así como conoce a Titus Andromedon (Tituss Burgess), un extravagante aspirante a actor de Broadway, con quien comparte apartamento; su vecina de arriba y arrendadora, Lillian Kaushtupper (Carol Kane), una anciana neurótica decidida a evitar que el vecindario sea derrumbado; y Jacqueline White (Jane Krakowski), al principio, la jefa de Kimmy. Juntos forman un grupo de amigos poco probable a lo largo de la serie.

Kimmy reconstruye su vida en tres temporadas

Las primeras temporadas de Unbreakable son una crónica de Kimmy, con su entusiasmo resiliente y infantil, luchando por adaptarse al estilo de vida de Nueva York, acelerado y nada glamuroso.

Al elegir su cuarteto de personajes principales, Unbreakable optó por redefinir qué arquetipos debía incluir. No hay un Ross en este programa. Tampoco hay una Rachel. Estos son cuatro personajes arraigados a la década actual, pasados por el filtro de la comicidad, que probablemente ya los hemos visto antes pero nunca de la misma forma. Y por ende fue interesante seguir su arco narrativo.

Tenemos a la Kimmy Schmidt (Ellie Kemper), por momentos actúa como una adolescente pero se reniega a cumplir su rol de victima, demostrando constantemente que a pesar de su inocencia sí aprendió las lecciones de su pasado y así va construyendo un mejor futuro. Titus (Titus Burgess), un actor negro gay que fracasa en las audiciones de Broadway, pero nunca es explotado por ninguno de los clichés que uno esperaría de una comedia estadounidense. Lillian (Carol Kane), una mujer amable pero posiblemente psicópata cuyo único amor, al final del día, es Nueva York. Y Jacqueline (Jane Krakowski), no muy lejos de su Jenna en 30 Rock; es una madre que, cuando su burbuja explora se ve obligada a valerse por sí misma después de su divorcio.

Tal parece que después de todo, Kimmy no es la única abocada a reconstruir su vida.

Kimmy en la era del #MeToo y Donald Trump

«¡Las mujeres son fuertes a rabiar!» vaticinaba la última línea del tema de su estreno hace casi cinco años; cuando sólo se trataba de una serie sobre una mujer que trataba de ponerse al día con el mundo y no una serie que reflejaba la misoginia, el acoso sexual y el machismo. Y es que Unbreakable Kimmy Schmidt se vio obligada a evolucionar de acuerdo a los tiempos actuales; pero lo hizo sin renunciar a su estilo mordaz e irónico, al contrario, los diálogos y ciertos escenarios se volvieron más afilados al momento de tocar estos temas. De hecho, la última temporada es en realidad un ajuste de Kimmy entre ella -sus amigos- y los tiempos modernos.

Ronan Farrow en Unbreakable Kimmy Schmidt

Incluso, encontró una manera de abordar temas como la corrección política y la ofensa voluntaria -el cáncer de las redes sociales- sin ser nunca ofensiva a pesar de ir hasta el fondo teniendo como invitado a Ronan Farrow (periodista que destapó el escándalo de Harvey Weistein) e incluir una marioneta (!) acusada a acoso sexual (!!) llamada Señor Frumpus (!!!). Y es que la mayor fortaleza de Unbreakable Kimmy Schmidt siempre ha sido su capacidad de usar el humor absurdo para hacer comentarios sociales sorprendentes y no ser extremadamente parcial -otro cáncer en las redes. Entre su humor sabe definir los tonos; no todo es blanco y negro.

Por ejemplo, la segunda mitad de la temporada comienza con Jacqueline, desesperada por la atención masculina. En la calle, se siente halagada cuando se da cuenta de que recibe atención de hombres atractivos y milenialls. Al final del episodio se revela que “los jóvenes comenzaron a buscar lugares donde pudieran conversar con mujeres que no saben cómo usar Twitter”, refiriéndose al movimiento #MeToo. El programa también se burla de los activistas de los derechos de los hombres y otros movimientos (liderados por señores blancos heterosexuales) que se han levantado en los últimos años.

Estas representaciones ridículas de los problemas del mundo real no minimizan ni se burlan del trauma que causan. En su lugar, están escritas cuidadosamente como para arrojar luz sobre los problemas sociales actuales de una manera humorística y más fácil de digerir. El carácter en el mal – ya sea un títere pervertido, un activista de los derechos de los hombres o un secuestrador- es siempre el blanco de la broma dentro de la serie.

Mr. Frumpus la marioneta *naranja* acusada de acoso sexual en la serie

Y tal vez esto es en parte por qué Kimmy Schmidt nunca se convirtió en un fenómeno más grande. Es difícil contar con un programa que trata temas tan intrínsecamente serios de una manera tan ligera. A diferencia de las series contemporáneas más serias, Kimmy nunca se propuso ser transgresora. Los aspectos de la justicia social eran parte de la comedia que Carlock y Fey ya estaban generando. Otro ejemplo claro es el episodio de la temporada pasada, «Party Monster«, una parodia perfecta de los true-crime (de moda, gracias a Netflix) que se centra en la némesis de Kimmy, el Reverendo Richard Wayne Gary Wayne (Jon Hamm). Debería ser antitético que cualquier personaje tan intensamente malvado sea divertido, pero la extravagante actuación de Hamm es demasiado graciosa para que «Party Monster» no sea un acierto.

Kimmy y su escuadrón se despiden

La representación de Kemper como la siempre inocente y a veces ingenua Kimmy es hilarante y encantadora. Sin embargo, en esta última temporada, Kimmy se despoja de esa ingenuidad y sin perder nada de su determinación y optimismo, ella, Titus, Lillian y Jacqueline ponen el punto final de la serie, materializando sus metas que han sido objetivos desde la primera temporada.

Sin embargo, mientras que la mayoría de la temporada final se basa en los conflictos con gracia, quizás el tramo final de cada personaje llega demasiado rápido. Los finales felices y satisfactorios para cada uno ocurren en los últimos minutos del episodio final. Debido a que los personajes están escritos para ser adorables, al ver que cada uno experimenta un final feliz, no hay modo de que el final no sea reconfortante, aunque se ejecute de manera abrupta.

Mención especial para todos los invitados especiales de esta temporada que aportaron más dosis de humor (Bussy Phillips, Greg Kinnear, Max Greenfield y Jon Bernthal); y el episodio donde Kimmy explora lo que su vida hubiera sido como si nunca hubiese sido secuestrado. Ella termina llevando una vida de esnobismo y descontento en este universo alternativo, mientras que otros personajes también son sofocados e infelices. Kimmy aprende a estar en paz con su trauma, una vez que se da cuenta que si no puede cambiar el pasado, puede mejorar el presente, puede aprender de sus errores y, sobre todo, puede ser una mejor versión de sí misma.

But females are strong as hell!

Comentarios

Ingresa tu comentario!
Por favor ingresa tu nombre