Sabemos que cada uno de nosotros ha nacido con algo llamado libre albedrío, esa capacidad de elegir lo que es mejor para nosotros, lo que nos hace bien y lo que nos daña también. Desde niños comenzamos aprendiendo lo bueno y malo, que sí debemos hacer y que no, nuestros padres y cuidadores nos marcan límites, es decir, nos dan reglas y nos explican por qué deben seguirse.

Poco o poco también nosotros aprendemos a establecer límites con aquello que nos gusta y aquello que no, las actividades con las cuales nos sentimos cómodos y cuáles no; esto nos da una pauta para el resto de nuestra vida. Como padres debemos ayudar a marcar límites fuertes para hacer niños seguros y con convicción. Si los límites son difusos, poco claros o variantes entonces tendremos un niño dudoso e inseguro.

Los famosos límites, son la delimitación de lo que nos corresponde y lo que no, lo que podemos o no hacer. Esta capacidad de establecerlos nos da pie a tener la convicción de hasta dónde llegan nuestras responsabilidades, derechos y capacidades. O sea nos sirven para defender nuestros valores e ideales.

De no tener límites claros las personas no son capaces de respetar tampoco los límites ajenos, no conocen lo que es el derecho ajeno; son personas controladoras, insensibles o manipuladoras que están acostumbradas a que se haga su voluntad, ya que nadie los ha frenado nunca. Por el lado contrario, si los límites sí se conocen pero son débiles nos encontramos con personas sumisas y temerosas a negarse ante las peticiones de los demás. Es decir, la pareja ideal para permitir que los controladores sigan con estas actitudes.

Las personas con límites definidos, son funcionales, capaces de delimitar sus responsabilidades y de tomar las actitudes necesarias para ser una persona que ayude a los demás; sin por ello dejar que “se aprovechen” de ellos, los hagan sentir culpables por no acceder a todas las peticiones que les hacen o sientan temor de perder a sus seres queridos por decir “no” a los favores que piden.

Por tanto, un error en la crianza de un niño puede desembocar  en una persona sin límites claros, por tanto, será una persona sin respeto por los límites de los demás lo cual conlleva a una vida frustrante, con excesos o sensación de ser mártir de los demás. Esto obviamente da una gran responsabilidad a los padres, ya que deben elegir las palabras para corregir a los niños, abrazar cada etapa por la que atraviesa, dejarlo cometer errores para que se haga responsable de su propia vida, y sobre todo no sobre protegerlos ya que finalmente, si los guiamos por buen camino el pequeño será capaz de tomar las decisiones acertadas para una vida plena.

Es difícil decir “no”, pero es completamente necesario cuando lo que se nos pide no nos corresponde, ya que al quitarles responsabilidad a los demás, impedimos que ellos mismos crezcan y además nos “cargamos” de tareas que no son nuestras y que hacen que nos sintamos más abrumados, cansados e insatisfechos. En el caso de los padres, la imposibilidad de decirle “no” a sus hijos los hace malcriados, intolerantes a la frustración y les da la sensación de poder hacer todo sin ninguna consecuencia. En el caso de un trabajador, el ser incapaz de decir “no” hace que se le cargue de tareas que no son de su puesto y quizá además le generen más horas laborales privándolo de pasar tiempo con su familia o de un simple y merecido descanso. En el caso de la pareja, es necesario desde el noviazgo establecer lo que nos parece y lo que no, nuestras expectativas, anhelos, creencias y convicciones; así como las reglas de convivencia para evitar conflictos y dar la opción de iniciar o no una relación bajo esos términos.

[divider ]Conclusión[/divider]

Debemos reflexionar en nuestra propia vida, qué limites débiles tenemos y como podemos reforzarlos, ¿somos realmente capaces de decir “no” de manera contundente? ¿Justificamos nuestra debilidad? Es correcto, como amigos y familiares podemos ayudar a los demás pero en ningún momento es bueno que les resolvamos la vida volviéndolos “inútiles” e irresponsables; debemos enseñar a los niños a compartir, más no a dejar que los pisoteen. Creo que es muy importante establecer claramente que límites hemos puesto, si realmente no hemos caído ante chantajistas y controladores, si hemos sido lo suficientemente firmes para decir “no” ante las adversidades, “no” a las cosas que no nos parecen, “no” a cosas que atenten contra nuestra persona, nuestras creencias y valores.

Es cierto, a veces tenemos miedo de que las personas dejen de hablarnos o se alejen de nosotros si decimos que no a lo que nos piden, pero no vemos que a veces es mejor que una persona se aleje por un tiempo de nosotros o si su presencia es de bien para nosotros después continuar la relación poniendo en claro “las reglas” de convivencia y hasta dónde podemos apoyarlos y qué acciones no estamos dispuestos a realizar solo por estar con ellos o satisfacerlos.

Nunca es tarde para trabajar en nuestros límites, entender la raíz de esa “debilidad” y hacerle frente para trabajar en ello y ser una persona funcional y feliz. Suerte.

 

 

Imagen de: http://psicoblog.com/wp-content/2012/04/supera_tus_limites.jpg

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