Para muchos líderes, pueblos… y series de televisión, en la debilidad está la fuerza; y esa es precisamente la forma en que puedo describir la tercera temporada de The Crown. El reinado de Isabel II se fortalece haciendo frente a nuevos obstáculos, la mismísima Reina hace cara a diferentes retos personales y familiares. En paralelo la serie sufre uno de los cambios más radicales: introducir un nuevo elenco sin echar de menos a los protagonistas salientes.

Y a pesar de esos nuevos actores, la tercera temporada de The Crown es tan atractiva y compleja como las entregas anteriores. Continúa abordando la vida y los tiempos de Isabel II y la historia de Inglaterra durante el siglo pasado a través de la perspectiva de la familia real.

Tercera temporada de The Crown se consolida

Hace unos meses, cuando escribí sobre A Hard Day’s Night (la película de los Beatles) comentaba como la banda de rock and roll británica fue lo mejor que sucedió en la década de 1960 y la familia Windsor probablemente me de la razón. Esta década no fue un momento de tranquilidad y comodidad para la familia real británica, y aunque obviamente han soportado cosas peores antes (y después) los sucesos de esos diez años significó un enorme peso para la Reina y sus parientes cercanos.

Las dos temporadas anteriores de la serie de Peter Morgan profundizaron a través de las relaciones privadas entre la reina Isabel II (Claire Foy) y el príncipe Felipe (Matt Smith), y la princesa Margarita (Vanessa Kirby) y Antony Armstrong-Jones (Matthew Goode). El reto para Morgan en la creación de la tercera temporada de The Crown ha sido continuar indagando en esas tumultuosas relaciones, introducir nuevos rostros y conflictos; todo esto de una forma bastante orgánica. Y lo consigue.

La serie mantiene una de las razones por las que ha sido tan exitoso: funcionar como una crónica del reinado de la Reina Isabel y del último siglo del Reino Unido en general, sin perder el grado correcto de entretenimiento necesario para capturar el interés.

La historia de The Crown y el diseño impecable de producción son sus armas secretas. Pero una vez más, hay que destacar el elenco. Decir adiós a un grupo de actores glorioso como el que conformaban Claire Foy (Unsane), Matt Smith (Star Wars: The Rise of Skywalker), Vanessa Kirby (Hobbs & Shaw) y Matthew Goode (A Discovery of Witches; Downton Abbey) era una tarea complicada pero contar con un relevo conformado por Olivia Colman (La Favorita), Tobias Menzies (Game of Thrones), Helena Bonham Carter (Harry Potter) y Ben Daniels (House of Cards) facilitó el proceso.

Menzies interpreta al Príncipe Felipe con la misma arrogancia y carisma que caracterizó el trabajo de Smith. Bonham Carter demuestra que nació para interpretar a la princesa Margarita, específicamente en su racha más agridulce. Ben Daniels mantiene ese tono misterioso y descarado que impregnó Goode a Lord Snowden. Pero afortunadamente, si hay alguien a la altura de la tarea de relevar a Foy como Isabel, es Olivia Colman. Como Elizabeth, continúa justificando la aclamación que ha recibido en los últimos años, dando vida a la monarca con una mezcla de reserva de acero y perpetua pesadumbre. Aunque ni Colman ni el resto de los actores busca calcar el trabajo de los actores, sí que consiguen capturar los tonos de voz y ademanes. Incluso, a pesar de las diferencias físicas, no es tan complicado imaginar que en efecto, Olivia y compañía son las versiones más maduras de sus colegas.

Además, esta temporada introdujo al elenco protagonistas personajes que desempeñarán roles imprescindibles en las temporadas venideras, tal es el caso de la Princesa Ana y el Príncipe Carlos. Erin Doherty y Josh O’Connor dan vida a los hermanos respectivamente. Mientras Doherty dota de una personalidad de acero a la hija Isabel y Felipe, O’Connor es la revelación; el actor impregna de vulnerabilidad, inocencia e incluso humor a una versión digna de empatía del heredero del trono.

Historia, veracidad… Y mucho drama

Esta temporada significa la primera transición de la serie y la producción consigue salir airosa de la hazaña. Aunque hay nuevos conflictos a la orden del día, también hay una continuidad con sucesos anteriores. Por ejemplo, los conflictos dentro del matrimonio con Margarita y Snowdon, aupados por la infidelidad de él, desatando la infelicidad de ella (dos factores que se intuían en la temporada pasada); el reto del Príncipe Carlos para encajar entre las masas como futuro heredero del Trono y la fricción entre él y su madre bajo la tarea de heredar un trabajo que no desea; el Príncipe Felipe afronta la crisis de la mediana edad; mientras que la Reina hace un examen de conciencia sobre su reinado y si le ha brindado a Reino Unido lo que este merece.

Tal como esto sucedió en las temporadas pasadas, los hechos verídicos son la excusa para excavar en la vida de los Windsor. Los prejuicios de la Reina ante su Primer Ministro de izquierda, Harold Wilson, quien presidió la implementación de políticas progresivas que son comunes en la actualidad; como la despenalización de la homosexualidad, el aborto legalizado y el permiso de las mujeres para trabajar en la política. Además, introdujeron la Ley de relaciones raciales y la Ley de igualdad salarial. La relación entre ambos culminó en una amistad hasta la muerte de este (tal como aconteció con Churchill). El intento de golpe de estado por parte de Cecil King, director del Banco de Inglaterra, y Lord Mountbatten (interpretado magistralmente por Charles Dance).

La visita de Margarita al presidente Lyndon B. Johnson, que sirvió para recibir un rescate económico £ 800 millones; y que desató celos y viejas riñas entre las hermanas. El deceso del Duque Eduardo, y la sustitución de Carlos como el miembro de su familia desterrado por amar a la mujer incorrecta. Y el desastre de Aberfan que se cobró la vida de 28 adultos y 116 niños y afianzó las diferencias de clases en el Reino Unido que desató protestas, y acabó con un documental infame sobre la familia Real, Royal Family, donde los Windsor trataban de humanizarse ante su pueblo pero acabó recibiendo duras críticas y un lugar impenetrable dentro de la bóveda del Buckingham Palace.

Precisamente lo que sentenció aquel documental es lo que hace grande The Crown: el poder contar hechos reales pero a través de un lente sobrio, aunque muy dramático y sobre todo muy british que ha sabido capturar su público de nicho y televidentes curiosos que buscan entretenimiento de calidad.

La cuarta temporada apunto a que se centrará en los años finales de los setenta e inicios de los ochenta, introducirá dos personajes muy esperados, Margaret Thatcher y Diana Spencer y los dramas que sumaron a la historia británica.

  • La tercera temporada de The Crown está disponible en Netflix.

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