Crear un mundo es otorgarle sentido a un espacio, una misión a un protagonista, unas características a unos personajes, inmortalizar una historia bajo la tinta y el papel puede sonar fácil, sinónimo de riqueza y de bestsellers, pero las musas aparecen cuando menos se espera, la originalidad se subestima y se transforma en demonios que afectan el producto en desarrollo. Dices que escribes bajo intentos fallidos de papeles arrugados en el piso, quieres contar algo más que la historia de un héroe, algo más que la muerte de unos seres, quieres retratar algo con identidad propia y sobre todo con vida.

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Advertencia: Esta entrada tiene spoilers

Woody Allen es un director bastante peculiar en sus cintas, tanto que tiene un público específico que consume sus películas. Bien podría hacer cine convencional para vender y subsistir pero también se enfoca en sus propios proyectos que no son dirigidos a todo público. En las películas de Allen las características de sus personajes destacan por ser vulnerables, humanos y expuestos ante una sociedad que los puede juzgar (Irrational Man), buscan un sentido para vivir o un horizonte para afianzar en lo que creen.

En Medianoche en París la propuesta del director no se diferencia de sus apuestas corrientes, en un principio podría engañar y parecer una comedia de alta sociedad, pero no es así.

Gil Pender (Owen Wilson), un escritor de guiones de Hollywood viaja a París con su futura prometida Inez (Rachel McAdams), con la premisa de un futuro prometedor y de unos padres que esperan el yerno perfecto. Pender trata de huir de su carrera como guionista, quiere apuntar por algo más real y por dejar su propia en el mundo: quiere ser escritor.

Las ideas no fluyen frente al papel, Pender trabaja en un libro y trata de justificar que algún día lo mejorará pero sólo genera excusas para huir de sí mismo y de la falta de ideas. Una noche en París, su esposa decidirá ir con unos amigos a seguir socializando mientras que él, terminará inexplicablemente en otra época, en un tiempo en donde los literatos se reúnen.

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Atónito frente a lo que ve, conoce a los  Fitzgerald, a un arrogante Hemingway e incluso al mujeriego Picasso. Entenderá una visión más cercana y real del arte, una donde comprobará los verdaderos enfoques de cada uno de los creadores. Y es aquí donde vemos el primer contraste de Allen, el arte se critica y se memoriza como un conjunto de hechos de una época, algunos alardean creen saber pero pocos lo tienden, lo sufren.

Adriana de Burdeo (Marion Cotillard), es la amante de varios artistas y la perdición de Pender, quien le dará a entender que la inconformidad de vivir en otra época no es suficiente. Ella es un personaje grisáceo, que desconoce lo que quiere, sabe que quiere vivir a lo grande, pero también quiere conocer otras culturas, sin embargo añora otros tiempos y trata de justificar que el pasado siempre fue mejor.

Esto último es otro de los contrastes de Allen, una reflexión en torno a la concepción de “todo tiempo pasado siempre fue mejor”, una nostalgia que se aferra a lo largo de los años para justificar que el presente no es suficiente y que el futuro podría ser peor.

De una u otra forma el escritor consigue avanzar con su obra, adquirir más confianza en lo que redacta y en la solidez de su historia, pero también se dará cuenta que el trayecto como creador deberá implicar sacrificios para reflejar cierto realismo.

Allen presenta una historia para un público específico, con infinidad de referencias y con una evolución notable de personajes, genera cierta empatía si escriben o si quieren hacerlo.

No tiene pérdida. Go ahead
@Chdnk

Trailer Media Noche en paris

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