La muerte repentina de la cantante irlandesa Dolores O’Riordan ocupa desde hace unas horas los titulares de las agencias de noticias y redes sociales. La voz líder de The Cranberries y autora de varios de sus éxitos deja un vacío enorme en la escena del rock alternativo.

La cantante de 46 años, originaria de Limerick, una de las voces más reconocidas de la década de los noventa, falleció en Londres por causas aún no reveladas. Se encontraba en la capital inglesa realizando sesiones de grabación para su último proyecto musical.

Desde muy pequeña tuvo que trabajar para ayudar con la economía de la familia y en adolescencia sufrió el rechazo de sus compañeros de escuela por ser “la chica rara del salón”, lo que provocó problemas emocionales que se tradujeron en desordenes alimenticios.

La cantante también revelo en fechas recientes que padecía trastorno bipolar, por lo que sus cambios radicales de humor y arranques de furia le causaron roces con la policía en un par de ocasiones.

Fue una católica devota hasta fechas recientes y madre de tres hijos.

No pretendo hacer una biografía de Dolores O’Riordan en este espacio, ni enumerar todos sus éxitos con The Cranberries. Tampoco es ocasión de reivindicar su carrera solista. Escribo esto como uno más de los fans del grupo.

The Cranberries

The Cranberries fue la primera banda de la que me hice fan. Tenía 14 años cuándo el “No need to argue” salió al mercado. Como millones de personas en la época atestigüé como el sencillo “Zombie” se colocó en lo primeros lugares de popularidad, convirtiéndose de forma instantánea en un himno de mi generación. Más allá de las guitarras poderosas y de la peculiar voz de Dolores, esta canción llegó a los charts tocando un tema poco común para las bandas de la época, era una canción de denuncia por la situación política de Irlanda del Norte, donde los enfrentamientos entre católicos y protestantes llegaron al extremo del terrorismo y creó tensión al interior del Reino Unido. “Zombie” reflejaba la visión, quizás idealista y un tanto ingenua de Dolores sobre lo que ocurría a su alrededor.

Idealista e ingenuo, algo muy “de adolescentes”, o por lo menos algo que yo era en aquel entonces. Compré el casete, lo escuché repetidas veces de inicio a fin, lo ponía en mi walkman o lo llevaba a la casa de mi mejor amigo de segundo de secundaria cuando nos juntábamos a hacer tarea. En ese álbum, además de “Zombie” venían los éxitos “Ode to my family” y “Can’t be with you“. Todas la letras de estas escritas por Dolores O’Riordan.

Aunque la banda ya era conocida por canciones como “Dreams” y “Linger” de su disco anterior “Everybody else is doing it, so why can’t we?”, pero 1994 fue el año en que escuché realmente a los Cranberries y en el que comencé a seguirlos.

En 1996, cuando ya era un estudiante de bachillerato lanzaron “To the faithful departed“, que en México colocó tres temas en las listas de popularidad: “Salvation“, “When you’re gone” y “Free to decide“. Este álbum también lo tuve en casete, como estudiante los CDs eran incosteables para mí. Esté es quizás el disco en el que la bando arriesgó más experimentando con sonidos post-punk, rock pesado y rock instrumental. Yo no pensaba en eso cuando lo escuchaba, sólo trataba de comprender las letras y escuchar la voz de Dolores, reflexionar sobre el consumo de drogas y las decisiones que debería tomar, en aquella etapa mi pregunta existencial era ¡¿Qué demonios voy a estudiar?!

Los siguientes álbumes llegaron cuando ya estaba en la universidad, “Bury the hatchet” (1999) y “Wake up and smell the coffee” (2001). Si bien fueron bastante bien aceptados en general y colocaron varios sencillos en las listas de la popularidad, dejaban entrever el desgaste de la banda, el cansancio de Dolores tras lesionarse en una gira. Las letras que ella escribía ya no eran tan reflexivas y oscuras, fueron discos más ligeros, menos arriesgados musicalmente y Dolores ahora escribía letras incluso optimistas.

Creo que de pocas bandas fui seguidor tanto tiempo, creo que pocas letras se quedaron en mí como las de los Cranberries, fue la banda que me acompañó desde la pubertad hasta ser un joven adulto. Sobre todo: pocas voces como las de Dolores me hicieron sentir tantas cosas a lo largo de mi vida.

Buen viaje Dolores O’Riordan, hasta siempre.

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