Existen películas que son obras maestras, películas buenas y películas malas, luego está The Room (2003), catalogada como la Ciudadano Kane de las malas películas porque todo aquel que ha escuchado o (en el peor de los casos) visto, sabe que hay algo en esa película que la distancia del montón. Para empezar, su productor, escritor, director y protagonista, Tommy Wiseau, es un personaje en sí mismo; cuando la película se estrenó nadie sabía quien era él y hoy, quince años después, tres secretos siguen girando alrededor de su estrafalaria personalidad: de dónde es, cuántos años tiene y de dónde sacó los seis millones de dólares que costó la película. Si eso no fuese suficiente, Wiseau escribió The Room como un drama romántico de Tennessee Williams o eso pensaba él pero el resultado fue tan malo que acabó gustando a un público que con sorna la convirtió en una película de culto.

Detrás de semejante despropósito hay una historia, Wiseau la vivió, Greg Sestero la vivió. Sestero es el mejor amigo de Wiseau y co-protagonista de la película que en 2014 lanzó un libro, The Disaster Artist, donde él con la ayuda del periodista Tom Bissell, cuenta todo lo que aconteció mientras se rodaba la película. Aquí es donde entra en juego James Franco quien adquirió los derechos del libro para adaptarlo en la pantalla grande, para eso contó con la ayuda de su inseparable amigo Seth Rogen y Evan Goldberg (The Interview) quienes vuelven a colaborar como productores.

Lejos de lo que se podría esperar, tomando en cuenta el humor que manejan Franco, Rogen y compañía, The Disaster Artist no es una parodia ni pretende reírse de Wiseau, al contrario trata con amabilidad el personaje y funciona como un homenaje a la amistad y a los soñadores. Porque antes que todo eso eran Wiseau y Sestero, dos amigos con un mismo sueño: ser estrellas de cine. Scott Neustadter y Michael H. Weber (500 Days of Summer) han escrito un guión bastante sensible que recurre inteligentemente a la comedia pues se vale de las situaciones para dar pie a los momentos más hilarantes, siendo incapaz de ridiculizar a los protagonistas a quienes trata todo el tiempo con la cordialidad que Hollywood se negó a darles.

Los Angeles, escenario donde transcurre toda la película, es capturado a través del lente de Brandon Trost (This is the End) quien realza el lado más llamativo de la ciudad como lo hizo La La Land, otra carta de amor a los soñadores. Pero Los Angeles no es Los Angeles si no hay estrellas por eso Franco se rodea de un montón de amigos para incluir un desfile de cameos que amenizan aun más las casi dos horas de metraje. Aunque la película es él y su hermano Dave, la mayoría del tiempo. James se ha dejado la piel para interpretar a Tommy Wiseau, logrando emular casi a la perfección el tono de voz, el acento y la gesticulación de este, tanto así que el parecido físico con su hermano Dave, quien interpreta a de forma correcta a Greg Sestero, desaparece por completo.

Después de cincuenta intentos James Franco ha dirigido una película buena, una comedia con mucho corazón que resulta tan divertida como entrañable y hasta cargada con una pequeña dosis de nostalgia gracias a la banda sonora que recopila éxitos pop de los comienzos de milenio. Está demás decir que si no has visto The Room, The Disaster Artist es la excusa perfecta para verla porque cuando lo hagas vivirás completa la experiencia y esa es la única manera de que ver The Room valga la pena. Sólo por eso, gracias James Franco.

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