Me gustaría hablar de mi tierra natal recordando su exuberante vegetación. De la belleza de sus ciudades coloniales o sus sitios arqueológicos.

Me gustaría presumir con orgullo su vasta cultura: la música, los bailes, los trajes típicos, su inigualable gastronomía. De los grandes nombres que han contribuido a la riqueza artística de México.

También me gustaría que la nostalgia me invadiera, y recordar las navidades en Xalapa, mi ciudad natal; mi infancia en Fortín de la Flores, la adolescencia con mis abuelos en un otrora tranquilo pueblo llamado Soledad de Doblado. Y de mi querido Puerto de Veracruz, donde cursé mi etapa universitaria y las primeras experiencia laborales. ¡Hermoso el Veracruz de mis recuerdos!

Básicamente tiene una década que veo a Veracruz desde lejos, como espectador distante, sin soltarlo del todo, pues de tu tierra no te desapegas nunca. Mantengo comunicación con la familia y los amigos, visito ocasionalmente la casa materna. Soy Veracruzano de nacimiento, Tamaulipeco por adopción y chilango por decisión.

Recientemente nos enteramos del secuestro de jovencitas. Una de ellas apareció sin vida. Omitiré detalles y nombres.

Veracruz llora esta tragedia. Pero tristemente esto no es novedad.

Desde la administración estatal que encabezó el priista Fidel Herrera Beltrán, el crimen a lo largo de toda la entidad veracruzana se disparó como no se tenía antecedente. El narcotráfico, los zetas, encontraron acomodo en territorio veracruzano en el momento más álgido de la confrontación entre estos y el cartel del golfo.

Estamos hablando de los tiempos del calderonismo ¿Cómo en plena estrategia contra la delincuencia un estado famoso por su hospitalidad y su gente bonachona se plaga de criminales? ¿Cómo ocurre que un corredor turístico de pronto se vuelve un escenario dantesco?

Diversos medios señalaron los vínculos del exgobernador Herrera con la mencionada organización criminal ¿Por qué los estrategas de esa “guerra” no lo investigaron? ¿Por qué no se buscó su destitución y se enjuició?

Y lo mismo se puede decir del exgobernador priista de Tamaulipas Eugenio Hernández, o del de Coahuila, Humberto Moreira.

¿Por qué gobiernos estatales priistas señalados reiteradas veces de tener vínculos con el narcotráfico no fueron puestos en tela de juicio durante la administración federal panista? ¿Qué acuerdos en lo obscurito tuvieron el PAN y el PRI para dejar impunes estas administraciones?

Podría esperarse que el cambio de estafeta federal cambiaría el panorama, pero no es así. Al dejar la gubernatura de Veracruz Fidel Herrera se aseguró de dejar a su inepto secretario de finanza, Javier Duarte para cubrirse las espaldas. Este títere, resultó ser un pequeño déspota.

Si bien durante el gobierno de Herrera varios reporteros y humoristas gráfico fueron amenazados, en el periodo de Duarte van 12 periodistas asesinados; hoy Veracruz es el estado más peligroso para ejercer el periodismo y todos los indicios señalan a un responsable, el gobernador Javier Duarte, “la gordobesa” como han atinado los jarochos a apodarlo.

No sólo el gremio periodístico se ha visto afectado. Los secuestros son cosa cotidiana en la conurbación Veracruz – Boca del Rio y municipios circunvecinos; los asaltos y las extorciones en la propia capital Xalapa. Hay balaceras en Córdoba, antes una tranquila ciudad industrial. Incluso Soledad de Doblado, un tranquilo pueblo agropecuario hoy es una fosa clandestina de la que todos saben pero nadie se atreve a hablar.

Duarte no sólo ha sido más nocivo para el estado que el propio Fidel Herrera, sino que está tranquilo e impune porque las siglas de su partido son las que ahora llevan las riendas del gobierno federal.

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Y a pesar de todo; no dejo de sentir nostalgia por Veracruz.

“Veracruz, rinconcito de patria que sabe sufrir y cantar”- Agustin Lara.

sanjuan

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