Como he mencionado en colaboraciones anteriores, vivo en Reynosa; tierra donde es difícil diferenciar a un policía de un narco. Triste realidad de mi ciudad.

El pasado lunes platicaba en el auto estacionado de una amiga en el parque que está en frente de mi casa, cuando fuimos abordados por una patrulla de la policía municipal que nos pedía que bajáramos de la unidad para que los acompañáramos a la comandancia para “deslindarnos” de ciertos señalamientos en contra de una pareja en un vehículo como el de mi amiga.

Obviamente nos negamos porque:

1) Los oficiales no se identificaron.

2) Estábamos hablando en el auto, cosa que no es delito.

3) Querían que nos “deslindáramos” de señalamientos que no nos dijeron con claridad.

Tras una larga discusión que no llevaba a nada llegué a la conclusión que los uniformados sólo querían sacarnos dinero, escudándose en su placa de guardianes del orden, como, después me enteré por redes sociales, acostumbran extorsionar a parejas desprevenidas en la Plaza Treviño Zapata de esta ciudad tamaulipeca.

De hecho, justo en frente de nosotros pasó otra patrulla donde llevaban esposados como delincuentes a una pareja que charlaba algunos carros más atrás de donde estábamos nosotros.

Tomé mi celular y llame a una amiga abogada; lo que ella me dijo fue muy certero: no tienes por que acompañarlo, así hubieras estado besándote en el auto; no es un delito, no tienen un solo elemento para presentarte; así que educadamente despide a los oficiales. Así fue como les dije: “Señores, yo sé que ustedes están cumpliendo con su trabajo, gracias por atender el reporte, pero como ustedes pueden constatar, en el auto de mi amiga no ha ocurrido nada, por lo que su presencia aquí está de más, pueden retirarse oficial” y con un ademán (bastante teatral) les indiqué la calle por la que podían irse.

Cabe mencionar que el segundo oficial, sólo se bajó de la patrulla cuando me escuchó hablar por teléfono, e intentando amedrentarme gritaba “¡Cuelga! ¿Con quién hablas? ¡Cuelga!”; pero no contaba que mis casi 1.90m de estatura y mis 120 kilos de humanidad no me hacen una persona fácil de amedrentar; sólo le respondí “NO, estoy hablando con la persona que me da asesoría legal y no voy a colgar”.

Al final se fueron rechinando llanta no sin antes lanzarnos sendas miradas de odio y maldiciones por hacer “tanto escándalo” por eso.

¿En qué clase de sociedad vivimos donde además tenemos que cuidarnos de la policía? ¿A cuántas personas habrá extorsionado la policía municipal de Reynosa con esa misma artimaña? ¿Cuántas personas tienen el conocimiento y el valor para defenderse de un atropello de estos servidores públicos? ¿Por qué permitimos estos atropellos e irregularidades?

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Miguel Pérez
Miguel Pérez, profesional del comercio exterior subempleado con una malsana obsesión por ser escritor. Ensayista, narrador y cuentero totalmente desconocido y parcialmente deslactosado. Escribe en su blog Gegenverfrendungs-Effectk (http://www.en-el-divan.blogspot.mx/) desde 2005. Ha colaborado en varias revistas electrónicas.

2 Comentarios

  1. En eso se la pasan estas “autoridades”, que se puede hacer en una sociedad donde la corrupción esta a la orden del día. Por lo pronto el hacer de conocimiento general ayuda a que otras personas no se vean sorprendidas, gracias, buen artículo.

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