Los monstruos gigantes están considerados como criaturas que destruyen todo a su paso, sinónimos de muertes, caos y desesperación. Pero qué pasa si esa bestia busca reclamar un espacio que alguna vez fue suyo, vengarse de una especie que se proclama como superior o simplemente actuar los instintos propios de su naturaleza. Colossal habla del género de monstruos de forma original, ademas de proponer una introspección a partir de los demonios internos de sus personajes.

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Imagen: El Confidencial

Nacho Vigalondo es un director que ha buscado apartarse de los estándares tradicionales (Cronocrímenes), sus cintas presentan propuestas que trata de destacar pero que a mitad del trayecto pueden resultar incompresibles para algunos, en el caso de Colossal consigue un punto medio para un público específico.

La película habla de una chica que vive al extremo, al límite de sus propias reglas, intentando establecer un norte en su vida regresa al pueblo donde alguna vez creció para obtener respuestas. Anne Hathaway es Gloria, aquella chica que en medio del caos descubre que sus propios pasos tienen consecuencias sobre la vida de los demás.

La apoteosis del demonio interno

Godzilla es un Kaiju (bestia gigante japonés), que empezó destruyendo todo a su paso, posteriormente cambiaría su rol y empezaría a defender a la humanidad de distintas amenazas. En Colossal, Gloria actúa de forma similar, en un principio destruye miles de vidas, arrasa con todo a su paso inconscientemente, pero al percatarse de sus acciones buscará proteger de cualquier ataque a la ciudad de Seúl, se volverá su guardiana.

Colossal homenajea el género de bestias gigantes y decide construir algo nuevo, un punto surreal en donde convergen la realidad y la fantasía, donde se expone un discurso de destrucción interna de los personajes, pieza que potenciará la miseria como detractor para explicar el porque de las bestias y de los traumas del pasado.

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Imagen: El Confidencial

Por otro lado, la película tiene un ritmo pesado, que no genera interés hasta después de la mitad del recorrido y aunque propone una trama bien fundamentada, sólo algunos podrán soportarla. Vigalondo propone algo con sustancia y donde lo social y lo personal tienen un espacio entre la destrucción de vidas pero también ante los límites de una botella que marea a quien elude sus problemas de forma constante.

Al final el espectador cuestiona cada una de las escenas de lo que ha visto y trata de dilucidar qué ha sido real, cuál es el punto donde la bestia se aferra a existir a partir de la ira y de la desesperación.

Vale la pena echarle un vistazo, aunque deben tenerle paciencia.

@Chdnk

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