Tengo tanto que decir, tanto que escribir, que se queda atorado en mi garganta o guardado en las teclas de mi máquina; y es que soy de esas personas que siente hasta la mínima expresión, pero que tiene dificultades para traducirlas en palabras, tal vez por eso siempre me han apasionado las letras, la transmisión de las ideas, pues creo que entre mejor entendamos lo que sentimos, crecemos como personas.

Para mí la vida es un juego que hay que aprender a jugar, de otro modo, puede terminar en cualquier instante y nunca lo disfrutaste ni lo comprendiste. Me doy cuenta de cuántas cosas serían más fáciles en nuestra vida si desde pequeños nos enseñaran a estar en contacto con nuestro interior. Siempre se nos indica el camino a seguir, el de los principios, el de la justicia, el buen camino, las buenas personas. Pero, eso es a nivel sociedad, a nivel más general, ¿qué sucede con nosotros? ¿quiénes somos? ¿qué nos hace felices, o infelices?

La vida debería estar orientada a estas preguntas primeramente y estoy segura que después cada escalón iría apareciendo conforme vayamos progresando. En orden, y siempre desde adentro hacia afuera. Las cuestiones de pareja siempre me han parecido de lo más interesante, complicadas por naturaleza, y ¿cómo no? si de entrada el ser humano es complejo, una relación con otro ser humano será el doble de complicada, por lo menos.

Nos enseñan que el amor es aceptación (resignación), esfuerzo (sacrificio), constancia (soportar), y lo más importante amor al prójimo (¿y el propio?). Todo lo que puse entre paréntesis son cosas que vale la pena diferenciar, que son necesarias para no errar el camino y terminar en otro lado muy diferente a la felicidad. Y creo que en buena parte a eso se debe el cambio tan drástico en las relaciones de pareja en comparación a años atrás.

Nos ponían de ejemplo a los abuelitos, a nuestros propios padres en cuyas épocas el divorcio era muy raro, nuestros padres llevan más de 40 años de casados, soportando todo, a veces hasta injusticias. Y de repente llegaron los años 90, los 2000 y ¡pum! Una explosión de divorcios, de uniones libres, etc.

Nos fuimos de un extremo a otro por que las nuevas generaciones se dieron cuenta de que había errores, que para muchos no valía la pena el título de decir llevo 30 años de matrimonio pero no soy feliz. Y se corrió la cortina y quedó al descubierto la complejidad de las relaciones de pareja.

Nos confundieron la aceptación con la resignación, el esfuerzo con el sacrificio, siendo éste último una carga en el fondo y una frustración más adelante; Nos dijeron que fuéramos constantes sin hacer los cambios necesarios y se volvió algo pesado, algo para soportar, nos dijeron que amáramos y pidiéramos perdón aunque fuera injusto y pisáramos nuestra dignidad, al fin, por amor.

Yo hoy digo, que eso no es amor, es dependencia, es necesidad de sentirme amado por alguien que no soy yo. Y primero debo amarme a mí mismo con todas mis fuerzas y de todas las maneras posibles para así valorarme correctamente.

Y ¿qué es valorarse? Siempre te dicen: Tú vales mucho, no te dejes pisotear; o te dicen: Te crees la gran cosa, bájale a tu ego. Y creo que ninguna de estas dos cosas es acertada; valorarse, creo yo, es evaluarse objetivamente y darse la “calificación” correcta, y como todo, este valor es cambiante según las circunstancias y nuestras respuestas.

A veces actuamos bien y entonces no debemos aceptar menos de lo que merecemos, a veces actuamos mal y merecemos un regaño o una respuesta justa a lo que hicimos. Como dije, nuestro valor cambia, pero eso es meramente circunstancial y fuera de eso hay algo que sí debemos tener bien presente y eso es el QUIENES SOMOS.

Si yo me conozco, sé lo que me gusta, lo que me hace feliz, lo que me altera, lo que es mi centro en la vida, lo que no puedo tolerar; si conozco mis límites, si sé lo que busco, o por lo menos lo que no quiero, seguramente estaré  mejor preparada para reaccionar adecuadamente a las cosas y así mantener un criterio sano y correcto que me diga cuando estoy mal y cuando estoy bien. Es parte de la autoestima y como su nombre lo dice, solo nosotros mismos podemos trabajar en ella.

El amor es un verbo que se conjuga en primera persona y luego en las demás.

Hasta la próxima.

 

4 Comentarios

    • Amiga mía, muchas gracias por tus bellas palabras, es un verdadero placer poder hacer lo que me gusta y si a personas tan bellas como tú les agrada, ya mi felicidad es total. ¡Un beso muy grande Anel!

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