Viendo History Channel, tuve flashes de mi infancia que me hicieron sonreír.

En mi niñez, tuve al menos dos walkman, uno amarillo y uno rojo, el primero se perdió, el segundo murió a manos de mi tío que estaba estudiando electrónica y se le hizo fácil abrirlo (estaba chavo, lo perdono, aunque en su momento lloré como no tienen idea). Mis walkman me acompañaban cuando íbamos a visitar a mis tíos a Xochimilco, con más de tres horas de camino, metía a mi mochila mis audífonos y al menos tres casettes.

En ese entonces, mi repertorio consistía en Timbiriche, Mecano y The Beatles (en ese entonces no entendía sus canciones, pero me gustaba cómo sonaban). No eran música que estuviera de moda cuando yo era pequeña, pero si quería escuchar lo que era tendencia, sólo bastaba con poner el radio.

Nada del glamour de un iPod, pero tenía el encanto de ponerte el walkman a la cintura y conectar tus audífonos de diadema y caminar por la calle, cantando sin hacerle caso a los demás. O que mamá te gritara durante media hora desde la cocina y no te enteraras hasta que iba a gritarte a tu cuarto porque traías los audífonos puestos.

Ahorita, los lectores más jóvenes quizá no tengan la más remota idea de lo que estoy hablando, pero si buscan entre las cosas de sus papás o hermanos mayores, quizá se encuentren con más de una cinta de casette con música que probablemente no conozcan, pero que a mí y a los mayores que yo, nos traen hermosos recuerdos que van desde grabar una canción que te gustaba, directamente de la radio, hasta hacer tus propias mezclas de canciones para hacerlas únicas y darles tu toque personal y regalarlas a alguien especial.

El walkman murió a manos del CD, el CD a manos del MP3, pero yo recuerdo con especial cariño a los casettes (si vienen a mi casa, pueden encontrar varias cajas de zapatos llenas de cintas, casi todas de mi mamá).

Pueden decirme que ahora puedes hacer lo mismo en tu celular, pero nunca será la misma sensación que recibir un casette de manos de tu mejor amigo o de alguien que te gustaba. Y sé que me darán la razón los que tuvieron la oportunidad de vivir eso.

Ahora miraré con nostalgia los puestos de chácharas en busca de un walkman, ya no parecido a los míos, pero un walkman que funcione. Deseénme suerte en este viaje hacia el pasado.

2 Comentarios

  1. Sniff, sniff… Creo que me entró una basurita al ojo, o debe de ser esa cebolla que estoy partiendo.

    Wow, si, eso no le ha de haber tocado a los más chavos que uno. Cassette, tendre unos cuantos por ahi pero, no tengo en que escucharlos. Y si, como cuentas en tu relato, uno esperaba ansioso en la radio,y si tenias de esas grabadoras que tenian doble, uhhh, o lo grababas doble, para después prestarlo, o lo compartias y asi armabas una lista de canciones favoritas…

    Jajja, creo que en alguna ocasión dije en voz alta ” el cassete nunca morira” Y me mordí la lengua xD. Y si, ya es un artículo de historia.

    • Es cuando se empieza a sentir en serio viejo, digo, a mí ya me tocaron los últimos años de los casettes, pero, ah, qué bonitos eran. Ahora me pregunto qué les irá a tocar a mis hijos, peor aún, a mis nietos. A fin de cuenta, también nosotros terminaremos siendo un artículo de historia. ¡Saludos, Chava!

Comenta en el recuadro