En la literatura, el término Mary Sue suele ser utilizado para describir a “un personaje que sin haber mostrado ninguna habilidad o características previa se convierte en una parte fundamental de la trama”. Cuando se estrenó, The Long Night, el tercer episodio de la última temporada de Game of Thrones, muchos tuvieron la osadía de calificar de esta forma a Arya Stark tras haber asesinado al Rey de la Noche. Vale, puede que Arya no tenga dos dragones (como Daenerys Targaryen), ni tampoco revivió entre los muertos (como Jon Snow), ni mucho menos se convirtió en el Cuervo de los tres ojos (como su hermano Bran). Pero Arya Stark pasó de ser una niña rebelde a una asesina profesional. Arya Stark pasó de ser nadie a la heroína definitiva de los Siete Reinos. Y por eso su evolución es una de las más fascinantes en toda la serie.

Análisis Arya Stark

¿Quién es la indomable Arya Stark?

La primera vez que vemos a Arya, por allá en la primera temporada, nos la presentan en su clase de tejido; mientras su hermana Sansa disfruta lo que hace y demuestra estar fascinada por el trabajo manual, Arya está claramente obstinada: no solo detesta estar allí, sino que en realidad desea estar afuera, con sus hermanos, aprendiendo a disparar flechas.

Es obvio que Arya está dirigida hacia la autodeterminación y la tenacidad mental que la representará más adelante. Para otros, esto parece «extraño y molesto» porque se espera que las jóvenes en Westeros sean dóciles, completamente inertes. Entonces, a diferencia de su hermana Sansa, Arya Stark no se ajusta a su género: le gusta pelear y explorar, no bailar y coser. Allí nace su conflicto: no es como debería ser pero tampoco pedirá perdón por ello; su viaje es un largo recorrido dónde abrazar quien es significa romper los estereotipos que como joven (y luego mujer) debía cumplir.

En general, la niña Arya se caracteriza por ser una persona que busca la alegría, alguien que aprecia las sensaciones nuevas y emocionantes. Ella ama la naturaleza, el descubrimiento y una cantidad saludable de riesgo. A pesar de su espíritu aguerrido y la sed de vengar a su padre (y posteriormente a su hermano y mamá), Arya no deja de demostrar que sigue siendo una persona bondadosa, reflejo de las personas que la inspiración: su supuesto medio hermano (aunque en realidad su primo) Jon Snow, su instructor de lucha con espada Syrio Forel y su padre, Ned Stark.

De ellos, ella aprende liderazgo, deber y honor. Como muchos niños, Arya comienza su viaje con la firme creencia de que el mundo es justo y que prevalecen las buenas personas. La desilusión se instala poco después de la decapitación de su padre. Arya se da cuenta de que no puede depender de los demás; ella debe afilar sus puntos fuertes para superar las amenazas reales de la vida, por brutal y peligrosa que sea.

Una lista y un puñado de nombres

Con el asesinato de su papá, Arya descubre que el mundo no es benevolente y que la única que puedo proveerle justicia es ella misma. Arya Stark sigue siendo la misma niña rebelde que odiaba tejer pero amaba pelear, excepto que ahora tiene una larga lista de nombres de “todas las personas que quiere matar”. Por supuesto, ella es inteligente y sabe que por más que lo desee, una niña como ella (que además anda huyendo) no es capaz de matar a Cersei Lannister, Joffrey Baratheon, y al menos media docena más de personas. No ahora.

Indirectamente, la menor de las Stark empieza a recibir lecciones en el camino. La primera es su tiempo de convivencia con Tywin Lannister, un hombre calculador, interesado y, sobre todo, maquiavélico. Posteriormente, debe convivir con Sandor Clegane, un asesino a sueldo -y nuestro antihéroe favorito- que acaba convertido en una especie de figura paterna para Arya. Sandor es quien le enseña a sobrevivir con astucia, con egoísmo y con la fuerza bruta.

Con el tiempo, la impulsividad y la lucha juvenil de Arya dan paso a la resiliencia: después de ver morir a su padre, de perder a su mamá, hermano (y presuntamente al resto de su familia) es tiempo de sanar y la única forma de conseguirlo es convirtiéndose en quien siempre ha querido ser: una guerrera.

El primer paso es su capacidad de autoprotección. Arya demuestra no solo una resistencia para superar las dificultades, sino que también aprende de experiencias difíciles para volverse más fuerte. Ella usa su dolor, su pena, ira, impotencia, para transformarse y fortalecerse. El segundo paso es crear objetivos personales y centrar su toma de decisiones; demostrando de esta forma autodeterminación.

Análisis Arya Stark

Arya… Nadie… Arya

Por último, los límites de Arya se vuelven más estrechos cuando es asesorada por un miembro de los Hombres sin rostro, Jaqen H’ghar. En algunas de sus peleas más despiadadas, incluso estando ciega, Arya desarrolla fuerza combativa. Sin embargo, las pruebas del Hombre sin rostro revelan que su obstáculo más difícil es psicológico: Arya debe renunciar por completo de su identidad para ser vista como una luchadora digna. Negar su pasado, su familia y las experiencias que ha tenido finalmente la transformarán en una asesina fría.

Finalmente, ciega, despojada de todo y con hambre, Arya consigue superar con éxito todas las pruebas de Jaqen. “Una niña no tiene nombre”. Pero sus motivaciones, su larga lista de nombres, es lo que la han definido durante su viaje. Arya, la niña indomable, se convirtió en nadie, para resurgir como Arya, una asesina capaz de tomar la justicia por sus manos. ”Una niña es Arya Stark… y me voy a casa”.

Lo que sigue es una demostración triunfante de autorrealización. Tal vez no fue como lo soñó pero Arya consiguió convertirse en lo que siempre quiso.

Ahora, reconectada con sus sentimientos de venganza, atada una vez más a su misión, Arya es poderosamente mortal. Asumiendo la identidad de una criada, asesina a los hijos de Frey y se los da a comer al mismisimo Walder Frey en un pastel. Después de revelar su verdadera identidad a Walder, ella brutalmente clava un cuchillo en su garganta, vengando fervientemente a su madre y hermano. Por último, en un movimiento victorioso que coincide con los horrores de la Boda Roja, Arya mata sin piedad a toda la Casa Frey envenenando el vino de su casa.

Aunque Arya es audaz, engañosa y violenta, no es desinhibida. Ella no muestra psicopatía, que se caracteriza por una completa falta de remordimiento por los demás y una sed de violencia simplemente por placer y autogratificación. Arya todavía está anclada en creencias y valores inculcados por buenas personas. Ella tiene un propósito; sus acciones están motivadas por una pérdida traumática,una sociedad injusta, una guerra no pidió pero le arrebató a su familia.

Aunque tiene una tendencia a la crueldad, Arya no es diferente a sus homólogos masculinos que buscan restablecer el equilibrio y la justicia en el mundo. Si Arya fuera un hombre, habría pocos cuestionamientos sobre sus acciones y menos intentos de hacerla ver como una psicótica.

Al regresar a Invernalia y reunirse con su hermana y hermano, la chispa de Arya comienza a resurgir. ¿Es posible que su deuda emocional se haya reconciliado? Sí. Primero vemos un atisbo de búsqueda de alegría y energía positiva cuando Arya se enfrenta con Brienne. Pero es después de que Daenerys calcina Desembarco del Rey, cuando Arya se reconcilia con su lado más puro: desiste de la idea de matar a Cersei y por primera vez, durante siete temporada, la vemos partir sin ser alimentada por la venganza. Es tiempo de reconciliarse consigo misma y disfrutar de la vida.

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