Desde que terminó la última temporada de Game of Thrones me he dado a la tarea de revisionar toda la serie. Este visionado me sirvió para comprender mejor muchos personajes, sus motivaciones; y lo que, desde mi punto de vista, fueron las reglas no escritas de este Juego de Tronos. Por cada muerte, hay una lección de lo que no debes hacer si anhelas el preciado trono. En pocas palabras, me he dado a la tarea de analizar -o complicarme la vida- explicando por qué, personajes como Viserys en la primera temporada o Meñique en la séptima acabaron incinerados o degollados en lugar de sentados en el trono gobernando los siete Reinos.

Esta octava temporada reunió muchos personajes, de los cuales un gran puñado no sobrevivió hasta los créditos finales, pero haber permanecido vivos tiene mucho mérito. Muchos de estos no jugaron al juego pero fueron sus dones los que lo mantuvieron con vida hasta el final convertidos en piezas claves para estrategias de otros.

Entonces, como se trata ya de la última temporada de Juego de Tronos me tomaré la tarea de diseccionar los logros (o errores) de un puñado de personajes en una serie de diversos posts.

Muchos tienen en común objetivos y/o experiencias, y por eso los uniré en grupos. Como es el caso de Varys y Sir Jorah Mormont. Ambos tienen probablemente solo dos cosas en común: Servir a Daenerys y ser leales, aunque sea a causas diferentes. La lealtad los mantuvo vivos pero también los mató.

Varys y su lealtad al Reino

La octava temporada, o al menos en los tres primeros episodios, Varys no tuvo mucho con que jugar pero una vez que acabó la larga noche Varys regresó a su elemento. Específicamente, conspirando contra gobernantes maníacos.

No hay nadie en los Siete Reinos que tenga más experiencia con reyes y reinas que Varys. Sirvió en los consejos del Rey Loco Aerys Targaryen (padre de Daenerys), Robert Baratheon, Joffrey, Tommen y finalmente Dany. Observó a Aerys tratar de «quemarlos a todos«; vio a Robert emborracharse y endeudarse con los Lannisters; sobrevivió a las tortuosas costumbres de Joffrey e intentó conducir a Tommen por el camino correcto. Si hizo tantas cosas bajo el mando de tantos reyes es porque fue leal, no los gobernantes sino a los gobernados.

Varys sirvió a los reyes pero también al pueblo. Su pueblo. Nació esclavo en Essos; viajó con un grupo de teatro cuando era niño; finalmente fue vendido a un hechicero y fue castrado. Luchó y abrió su camino a Westeros, recogiendo los secretos de las personas en el camino, que usaría como llaves para abrir las puertas que bloqueaban su camino al asiento continuo del Rey. Todo para servir a su pueblo, soportando las vicisitudes que él alguna vez sufrió.

Y además de leal, siempre fue honesto. Después de que Dany y compañía llegaron a Dragonstone a principios de la séptima temporada, esta le pregunta a Varys sobre los reyes que sirvió antes que ella, específicamente sobre la traición a su padre y su conspiración contra Robert Baratheon «¿Qué clase de sirviente es ese?» La respuesta de Varys es icónica “Del tipo que necesita el reino. La incompetencia no debe ser recompensada con una lealtad ciega… ¿Quieres saber dónde está mi lealtad? No con ningún rey o reina, sino con la gente. Las personas que sufren bajo déspotas y prosperan bajo un gobierno justo. Las personas cuyos corazones pretendes ganar».

La lealtad de Varys hacia los gobernantes expiraba en el momento en que estos dejaban de hacer su trabajo. Confabuló contra el Rey Loco cuando se antojó de quemar a todos; lo hizo contra Robert cuando la apatía se apoderó de este. Sólo así podía mantener intacta su lealtad al pueblo de proveerle un gobernante digno. Es por eso que así como le juró fidelidad a Daenerys cuando esta prometió “romper la rueda opresiva” también empezó a maquinar la forma de deshacerse de ella una vez que explicó que su plan de batalla se reducía a asaltar la ciudad y usar a Drogon para quemar la Fortaleza Roja.

Varys le advierte que está equivocada, que matar inocentes no es muy diferente a lo que hizo su padre pero Daenerys está decidida a hacerse con el trono “bajo cualquier costo”. Es hora de buscar un mejor líder para el pueblo. Una vez más su lealtad a este lo lleva a persuadir a Jon Snow de reclamar el trono como heredero legítimo. Mientras Tyrion se consuela con vino y se resigna a su destino como la mano de una reina loca; Varys, literalmente arriesga su vida advirtiendo la clase de gobernante que es la última Targaryen. Prometió apoyar a varios reyes, pero su verdadera lealtad nunca falló: acabar con los tiranos y proveer gobernantes competentes.

Jorah y su lealtad a la Reina

Es irónico hablar de estos dos personajes en un mismo post cuando la última persona a la que Varys traicionó fue la misma a la que Jorah Mormont le juró lealtad eterna. Y cumplió.

La vida de Jorah estuvo marcada por tragedias y malas decisiones, antes durante y después de conocer a Daenerys. Su primera esposa murió sin darle hijos, luego se enamoró perdidamente de una mujer que tras exigirle tanto tuvo que vender esclavos para proveer todos sus gustos y mantenerla a su lado; pero por ello tuvo que huir del Norte cuando Ned Stark lo sentenció por su crimen. Aún fuera de Westeros, Robert, ya como Rey, prometió perdonarle siempre y cuando espiara a los Targaryen y así fue como llegó a su primer encuentro con Viserys y Daenerys.

Jorah era un hombre perdido, sin fe, cínico, que vio en Daenerys Targaryen “algo más”. Como el mismo lo confiesa, cuando la vio caminar directo al fuego y salir con tres bebés dragones supo que ella era diferente. Esa imagen de “todopoderosa” que le sirvió a Khaleesi para muchas cosas, fue la garantía de Jorah para jurarle una lealtad ciega.

Jorah fue testigo de lo imposible. No solo salió ilesa del fuego, sino que también la llevó con sus tres dragones. Él observó cómo ella luego liberaba y reclutaba un ejército de guerreros esclavos, mientras saqueaba y conquistaba ciudades en nombre de salvar a su gente. La vio castigar a los malvados en nombre de los inocentes. Daenerys Targaryen se convirtió en una idea.

A medida que su relación se desarrolló, su fe en ella creció, Daenerys representaba algo más grande que cualquier parte del pasado de Jorah. Como testigo de su compasión, él creía que ella podía manejar el Trono de Hierro mejor que su hermano. Incluso podría ser mejor que los Baratheon. El concepto de inculcar a una Reina en su tierra natal se convirtió en la única motivación de Mormont. Y restauraría su orgullo en el proceso.

Dany se convirtió en un símbolo de esperanza y de justicia, tal como su espada ancestral había representado una vez el orgullo de la Casa Mormont. No la miraba como un hombre mirando a una mujer. Era un hombre que contemplaba su fe, una construcción de amor que excedía cualquier grado de adoración que Jorah había sentido en el pasado. Mormont creía en ella tan completamente como otro hombre podría creer en los antiguos y nuevos Dioses.

Cuando Daenerys descubrió las intenciones de Jorah en un principio lo exilió no una sino dos veces; y el siempre regresaba alegando su devoción y su lealtad hacia ella. Incluso cuando Jorah contrajo psoriagris y Daenerys le ordenó irse (por una tercera vez) y regresar cuando encontrara la cura, él lo hizo, aun cuando parecía imposible. Pero él lo hizo por ella, porque como una vez se lo prometió “luchar, protegerla y morir por ella” era lo que estaba dispuesto a hacer para verla cumplir su objetivo.

Para asegurar ese futuro, para asegurarse de que su Reina sobreviviera lo suficiente como para sentarse en el Trono de Hierro y extender su amor a todo el mundo, Jorah Mormont sacrificó su vida en Invernalia. Se quedó solo para protegerla de una legión de enemigos, aguantando golpe tras golpe hasta el momento en que su Reina estaba a salvo y podía morir sabiendo que había servido, peleado y sacrificado por ella más que nunca. Él murió en sus brazos. Ella lloró sobre él y encendió la pira debajo de su cuerpo. Jorah Mormont se despidió de la forma que él hubiese elegido. Murió por un propósito.

En el pasado, el amor había cegado a Ser Jorah Mormont al punto de cometer un acto atroz. Su amor por Daenerys fue mayor que cualquier pasión que le haya precedido; lo liberó. Incluso es tranquilizador saber que Jorah no vivió para ver a su Reina destruir la misma ciudad que pensó que salvaría. Murió por su lealtad antes de darse cuenta de que la Reina en la que creía era tan asesina como el padre al que había luchado por derrocar.

Varys murió como el defensor más devoto de un pueblo ignorado por sus gobernantes, su lealtad lo hizo grande. Mientras, Jorah murió como un héroe que se sacrificó con la esperanza de dar, a través de Daenerys, el mejor gobernante de los Siete Reinos.

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