El racismo ha sido y sigue siendo un tema contundente en Estados Unidos; hace medio siglo aun manifestaban en las calles los activistas afroamericanos mientras se enfrentaban al enjambre del Ku Klun Klan. Tal impacto en la sociedad contemporánea se hace evidente en el cine que durante décadas han producido películas alrededor de tal calamidad. Sin embargo, desde que Donald Trump fue elegido presidente y ha habido un resurgir de los supremacistas blancos que cada día se hace más evidente, el cine ha servido más como una ventana para hacer denuncias sociales a través de metáforas (como Get Out, dir. Jordan Peele, 2017) o historias que a la vez se sienten actuales (como BlacKkKlansman, dir. Spike Lee). Tras historias demoledoras que, por lo visto, se hacen recurrente cada año en el cine anglosajón, es una dicha se estrene Green Book (2018, dir. Peter Farrelly) una película que empuja el racismo como telón de fondo para dar paso a una historia buddy movie que resulta no original pero si encantadora.

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¿De qué trata Green Book?

Green Book es una comedia -con tintes de drama- ambientada en el sur estadounidense a mediados de la década de los sesenta. Sigue la historia del viaje que emprendieron el pianista clásico afroamericano Don Shirley y su chófer, el ítaloamericano Tony Vallelonga.

La película, dirigida por Peter Farrelly (sí, el director de Algo pasa con Mary y Dos tontos muy tontos) y escrita por este mismo junto a Brian Currie y Nick Vallelonga (hijo de Tony), está basada en entrevistas a Shirley y Vallelonga así como cartas que este le escribió a su esposa mientras estuvo de viaje. El título, Green Book, hace referencia al libro “The Negro Motorist Green Book” escrito por Victor Hugo Green a mitad del siglo pasado, que servía como guía para los viajantes negros, ya que detallaba los moteles, hoteles y restaurantes donde las personas de color eran admitidas a lo largo del país.

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Polos opuestos se atraen

Green Book se posa principalmente en el personaje de Tony Vallelonga (Viggo Mortensen), apodado Tony Lip (Labio en inglés, gracias a su incontrolable verborrea), un ítaloamericano obtuso, con pocos modales, que todo lo resuelve a la fuerza -tal vez porque no conoce otra manera- pero que en el fondo es bonachón; evidentemente ama y cuida a su esposa Dolores (Linda Cardelini) y a sus dos hijos. Cuando el bar Coppacabana cierra por remodelación, Tony, quien labora como miembro de seguridad, queda sin trabajo; entonces se ve forzado a asistir a una entrevista para un trabajo de chófer a las ordenes del doctor Shirley.

La sorpresa es que el doctor Shirley (Mahershala Ali) más que doctor es un músico negro; un hombre culto, educado y bastante reservado. En pocas palabras, Don Shirley es la antítesis de Tony. Tony, el típico racista que no se cree racista y siempre acaba diciendo “no soy racista porque tengo un amigo negro” acaba aceptando el puesto a regañadientes. Pero en el fondo, ambos saben que uno necesita del otro. Vallelonga necesita el trabajo y el jugoso sueldo que viene con este y Shirley, además de un chofer, necesita protección para atravesar los acalorados estados sureños del país donde se vive el racismo más agresivo.

Así comienza la historia. Ambos personajes, polos completamente opuestos, deben tratar de omitir sus notorias diferencias en favor de un bien mayor: entenderse durante los dos meses que estarán en carretera. De esa forma, la personalidad de uno se acabará amoldando a la del otro y hará que la relación sea más llevadera pero a la vez dará pie a situaciones completamente hilarantes como –sin hacer spoilers– los momentos de las cartas y el pollo frito. Se puede decir que el plato principal de Green Book es esa buddy movies donde como espectadores somos testigos de la consolidación de la amistad entre ambos personajes.

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La comedia aligera la tragedia latente

¿Una película sobre el racismo que no es un drama? Sí, como he dicho, técnicamente Green Book es una comedia de amigos y hace bien en centrarse en el vínculo personal de Vallelonga y Shirley ya que aligera la pesada carga dramática. La película de Farrelly está ambientada en los años sesenta, específicamente en el invierno de 1962, tiempo en el que Kennedy gobernaba el país y se afianzaban los movimientos sociales para apaciguar el racismo latente que se vivía en el país. Y siendo Shirley un hombre de color, de alguna u otra manera esto está reflejado dentro de la trama pero no como parte de la historia principal.

Sin embargo, hay momentos donde la película parece tomarse un descanso y juega con los eventos históricos que a la vez funcionan para completar la personalidad de Shirley quien por diversos motivos -que obviaré para no hacer spoilers- vivía en un perpetuo debate de identidad. Para tener una idea, la historia de Don recuerda a la de Hattie McDaniels, la primera actriz negra que ganó el Oscar pero que aún así se vio forzada a sentarse en el otro extremo de la sala por motivos raciales. Esos momentos están allí pero no juegan a la manipulación del espectador en busca de la lágrima fácil; están allí para plasmar la historia y darle consistencia al conflicto de Shirley.

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No es la mejor ni la más original pero es la más efectista

¿Es Green Book una película original? No. ¿Es la mejor película del año? No. ¿Es una buena película? Desde luego que sí.

Para los amantes de esas historias inofensivas, de las feel good movies de manual, Green Book es entonces un obsequio. La película confía primeramente en la historia entre los personajes principales y, segundo, en la química de sus actores y resulta que no desafrauda. Se trata de un trabajo muy entretenido con buena dosis de humor, con ligeros tintes de drama y cuyo metraje de poco más de dos horas pasa muy deprisa.

Peter Farrelly tiene la ventaja de contar con dos actores de calidad como Viggo Mortensen y Mahershala Ali que brillan en sus respectivos roles, completamente diferentes a los que habían hecho en el pasado. Mortensen, que ganó unos cuantos kilos, saca a relucir su vis cómica acompañado de un acento italiano impecable. Mientras que Ali da vida a Shirley, un hombre que se refugia en el alcohol para evadir su soledad. Dos trabajos bastos y comprometidos.

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Su representación del racismo, aunque no es compleja, cumple sus propósitos. La mayoría de los inconvenientes a los que se enfrenta el personaje de Ali son los problemas del primer mundo, pero la descripción de los horrores más complejos (como el KKK) pertenece a una película diferente.

Esta película es más de un retrato de un artista. Lo que da a los buenos artistas su poder e influencia (y también los persigue), es cómo pertenecen a la frontera de las culturas. Y una de las mayores luchas personales que enfrenta el Dr. Shirley en esta película es el conflicto entre su éxito meteórico en Estados Unidos en la década de 1960 y su identidad como estadounidense negro. Se sacrifica por pertenecer plenamente a su cultura jamaicana-estadounidense (que se manifiesta visiblemente a través de su falta de familiaridad con cierta música y comida) para involucrarse con una cultura a la que otros jamaiquinos-americanos no tendrían acceso.

Entonces, Green Book es película es tan encantadora, que combina el drama y el humor a la perfección, con dos actores que tienen una excelente química. EGreen Book, por momentos, juega a ser es clásico drama de adultos de finales de los 80 y 90 con un mensaje importante pero que no resulta demasiado demoledor, al contrario, es excesivamente entretenida.

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