El hueco en mi pecho. La sonrisa fingida. Las horas de sueño como evasión de la realidad. Síntomas de un evidente vacío emocional. Poco se puede hacer para eliminar de mis entrañas una sensación evidentemente incómoda.

   Pasarán días, meses y años. Ese vacío seguirá en mí, más por resignación que por impotencia. De nada sirve tener ojos si no se puede ver, y en un sentido figurado, de nada sirve tener un corazón si no se puede amar.

   Resulta en verdad cursi asumirlo de este modo, pero es lo que hay y lo que habrá por mucho tiempo. En estos tiempos la poesía quedará tan huérfana como un amor no correspondido. Los versos se esfumarán como humo al arder en la indiferencia .

   No es que el amor, o la ausencia del mismo, sea la principal causa de muerte en la adolescencia, pero sí es quizá la variable de una operación matemática imposible de resolver. Una profunda zanja en medio del pastizal de la vida plena.

   El vacío interno es similar a un agujero en la bolsa del pantalón; sin darte cuenta, cada uno de los centavos de la vida se escapan de ti, regados por tu triste andar, al compás de los deprimentes pasos, siempre arrastrando los pies.

   Es así como vives con una mueca tatuada en el rostro. Con la insatisfacción dibujada en la frente y con el deseo de abandonar la rutina. El problema es fácil de identificar. Creemos merecer más de lo que tenemos. Lo poco o mucho que a nuestro ser pertenece, se reduce a nada.

   Por ilógico que parezca, el vagón del metro en hora pico resulta más vacío de lo que aparenta. Cientos de almas apretujadas, cuerpos embarrándose unos contra otros, pero deseos y anhelos incumplidos. Insatisfacciones personales y depresiones simultáneas que en conjunto son similares al infierno.

   El vacío no se llena con una cajetilla de Marlboro light; no desaparece en base a tequila o ron; en mi caso, no se evita con letras ni versos. Son sólo escapatorias fugaces para evadir lo que más tememos. El fracaso, el amor, la soledad; miedos que nos consumen a diario, ahuecando el estómago y produciendo lágrimas dulces, líquido sentimental incapaz de colmar el vacío emocional.

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Nostálgico poro a poro. Siempre apasionado, de decisiones precipitadas y metas quizá inalcanzables. Las letras son mi salida de emergencia ante cualquier tipo de problemas. La vida me ha orillado a un estado de pesimismo casi por automático del que sólo puedo escapar cuando mis dedos recorren la fría superficie del insensible teclado.

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