Antes las historias románticas de adolescentes eran sólo eso historias de amor. John Hughes forjó una filmografía a base de estas historias que hicieron suspirar a una generación (aunque treinta años después nos demos cuenta que no eran tan bonitas como parecían), mientras que otras películas (Clueless, 10 Things I Hate about You) pretendieron seguir la estela. Pero hace quince años Nicholas Sparks lo cambió todo con A Walk to Remember (2003), esta película fue el inicio de un subgénero que se ha forjado como tendencia entre el público juvenil: películas románticas adolescentes con “algo”. Ese “algo” puede variar desde enfermedades terminales (The Fault in Our Stars, Me Before You) hasta poderes sobrenaturales (Crepúsculo, Cazadores de Sombras). El detalle está en que a veces estás películas pueden salir bien y otras pueden salir mal, como Midnight Sun, quien confía demasiado en sus intenciones y el resultado es garrafal.

¿De qué trata Midnight Sun?

Katy Price es una adolescente que sufre una extraña patología que la vuelve vulnerable a los rayos solares, una leve exposición a plena luz del día podría matarla. Por ello ha pasado toda su vida encerrada en su habitación, excepto en las noches que es cuando su padre -un señor bonachón- la deja salir a la estación de trenes a cantar y tocar su guitarra. Una de esas noches, Charlie, el chico guapo del vecindario, que además es el amor platónico de Katy, la escucha cantar y surge un “amor a primera vista”. Los dos jóvenes comienzan un romance de verano que se verá marcado por la enfermedad de Katy y sus consecuencias.

Como se podría deducir por su sinopsis, Midnight Sun es un mar de clichés recurrentes en este tipo de películas. El problema es que no tiene la menor intención de disimularlo. Al contrario, se aprovecha tanto de esto que roza lo ridículo. Desde la forma en que se conocen los protagonistas, el uso comodín de los personajes que prescinden de trasfondo, las (horribles) escenas donde Katy canta con un terrible uso del playback, el final predecible desde el inicio de la película, lo exageradamente guapo que son los protagonistas a pesar que ella está moribunda.

Por el tipo de historia, podría compararse con Bajo la Misma Estrella, la diferencia es que la película de Josh Boone conseguía un resultado más natural, con personajes bien desarrollados, con situaciones más complejas que se amoldaban a la historia y por lo mismo resultaban más creíble. En Midnight Sun lo que sucede en una escena es para justificar lo que está a punto de ocurrir en la próxima, no hay fluidez en la historia y por lo tanto se siente artificial, inclusive ese tono tontorrón que en películas como A Walk to Remember funcionaba y se convertía en el atractivo de la película (Only Hope quince años después sigue siendo temazo) pero A Walk to Remember tenía a Mandy Moore y Shane West que desprendían mucha carisma y eran los idóneos para los personajes. En Midnight Sun tenemos a Bella Thorne, completamente miscast, y Patrick Schwarzenegger que se limita a ser el chico guapo y un puñado de canciones originales que no trascienden en la historia, son completamente olvidables.

Sería injusto hablar solo de lo malo de la película, aunque es lo de mayor amplitud, pero también tenemos una fotografía correcta sobre todo en las escenas nocturnas, un diseño de producción bastante rural que se amolda al estilo de la película y las interpretaciones de Rob Riggle y Quinn Shephard como el papá y la mejor amiga de Katy respectivamente. Ambos actores son ronaescenas.

El mayor problema de Midnight Sun no es que sea una película ridículamente empalagosa es que ya la hemos visto decenas de veces antes y mejor. Si alguien quiere ver una película de adolescentes lacrimógena tiene muchas opciones y Midnight Sun está lejos de ser la primera.

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