Movistar+ nos vendió Instinto (2019) como “el thriller al estilo 50 sombras de Grey del año”; la verdad es que de thriller tiene muy poco y de erotismo, nada. Inesperadamente, en oposición a su lema promocional, la serie protagonizada por Mario Casas es más un drama familiar con personajes bastante perturbados que resulta entretenido las ocho horas que suman sus ochos episodios a lo mucho.

¿Cuál es la historia de Instinto?

Instinto sigue a Marco Mur (Mario Casas), joven multimillonario, dueño de ALVA, una empresa pionera en términos de tecnología; lejos de su fachada pública donde se muestra como un hombre pasivo y de bajo perfil, se esconde en realidad un sujeto cuya infancia truculenta (por hechos que se van a ir revelando a lo largo de la temporada) es incapaz de sostener cualquier contacto afectivo con alguien, ni a nivel romántico ni a nivel familiar. Marco tiene dos formas de tratar su problema: en terapia, con Sara, una psicóloga de la que es dependiente y en una especie de club sexual donde las personas cubren su rostro y mantienen relaciones con desconocidos. Que sí, que de esto va la serie.

Referencias de doble filo

Probablemente en su ambición de lucir más «universal» Instinto se ve claramente inspirada por trabajos norteamericanos. Aunque han negado cualquier vinculación a Cincuenta Sombras de Grey, es la referencia más tangible (joven multimillonario, con conflictos emocionales que tiene cierto gusto peculiar al momento de mantener encuentros íntimos) pero también es verdad que bebe de otros trabajos como Shame (el protagonista huye de su pasado a través del sexo) y Eyes Wide Shut (donde también había esta especie de club elitesco para encuentros sexuales). Sumado a ello, hay incluso diálogos en inglés (que no vienen a cuento) y canciones anglosajonas. Inclusive, el mencionado club tiene muchos letreros en neón con frases en inglés que no entiendo muy bien porque están en este idioma, a menos que -de nuevo- busquen un resultado que pueda trascender las fronteras españolas con mayor facilidad.

Estas notorias referencias se convierten en una filosa arma de doble filo cuando se ponen en práctica.

A nivel de producción, donde se percibe la influencia de la película de Stanley Kubrick en cuanto al diseño de producción, hay que destacar la habilidad del equipo para partir de la idea de la película sin caer en la duplicidad; tal vez sea la inclusión del neón lo que inyecta singularidad a la puesta en escena. El piso de Marco Mur (todo amplio y organizado) tiene similitud al hogar de Christian Grey en la trilogía inspirada en los libros de E. L. James, y funciona porque resulta creíble que este hombre realmente sea un soltero multimillonario.

El inconveniente llega a nivel de guión. El equipo de Instinto se enorgullece en decir que la serie ha tomado como referencia a Nueve canciones y media y Shame pero la verdad es que no resulta ni tan sórdida ni tan fifty shades como los trabajos que menciona. Aclaro que sí hay escenas adultas, la mayoría, bastante explícitas pero que no son decisivas al definir el tono de toda la historia. De hecho, hubo tanto hincapié en las escenas sexuales que al ver la serie, ni siquiera estamos seguros si se trata de un género thriller, ya que la verdadera historia que sobrepasa todo lo demás es el conflicto de Marco entre su hermano con autismo, José (Oscar Casas) y su recién llegada madre (Lola Dueñas) y como esto va afectando otras relaciones y otros vínculos en la vida de Marco.

El drama familiar es lo mejor

Marco busca recomponer su vida pero no tiene ni idea de cómo hacerlo porque tampoco sabe lo que le ha sucedido para estar estar en el punto en el que se encuentra. Atraviesa una especie de bloqueo donde lo único que tiene claro es que su mamá juega un rol muy importante en sus desdichas y en la de su hermano. Pero a la par que Marco va descubriendo cosas, el televidente también lo hace y todas las pistas conducen a un final completamente inesperado y perturbador que, una vez más, no tiene nada que ver con el thriller que nos han querido vender; y en comparación a la superficialidad con la que se tratan otros aspectos, sí que resulta grato ver el cierre de la temporada.

El elenco es otro punto a destacar ya que muchos hacen más de lo que pueden con el material que tienen en manos. La historia más molesta es sin duda la de Diego (Jon Arias), el mejor amigo de Marco; Bárbara (Carla Cusí), la esposa de este; y Eva (Silvia Alonso), la amante del mismo. El conflicto de estos tres raya en lo cliché y sobre todo en lo machista, donde las acciones de todos los personajes, especialmente los femeninos, son completamente erróneas.

Por suerte, tenemos a la gran Lola Dueñas para impregnar de humanidad a Laura, la mamá de Marco y José, interpretados por Mario y Oscar Casas, respectivamente y aunque el primero está bien dando vida a este sujeto intrínseco y perturbado es Oscar quien se lleva todos los laureles en una interpretación que resulta orgánica y emotiva; de hecho es José y su enfermera Carol (Ingrid Garcia-Jonsson) quienes protagonizan las mejores escenas de la serie; irónicamente son la antítesis del erotismo o del thriller.

Si esperas ver en Instinto la sucesora moral de Eyes Wide Shut o la versión española de Cincuenta Sombras de Grey, quedarás decepcionado. Pero si le das la oportunidad como un drama con tintes de suspenso y, bueno, una dosis de erotismo puede que resulte hasta entretenida.

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