Visionaria, pionera, luchadora social. Así fue Lois Weber, la primera mujer que dirigió una película en Hollywood.

En un estudio reciente en relación a la posición de la mujer dentro de la industria del cine se llegó a la conclusión de que por cada treinta directores hay una directora trabajando. El año pasado parece haber sido un buen año para estas mujeres. Wonder Woman, la primera película de superhéroes protagonizada por una mujer, el primer acierto de DC/Warner Bros. en diez años y un éxito sin precedentes en taquilla fue dirigida por Patty Jenkins. Mudbound, una de las (pocas) buenas películas de Netflix fue dirigida por Dee Rees, Sofia Coppola ganó la Palma de Oro en Cannes a la mejor dirección por The Beguiled y Greta Gerwig se convirtió en la quinta directora nominada al Oscar gracias a su debut en solitario tras la cámara, Lady Bird. Pero nuevamente se hace énfasis en parece porque en realidad, en cuestiones de números, no lo es. Se habla del trabajo de cuatro directoras frente a un puñado de películas dirigidas por hombres.

Si estos hechos no resultan ya lo suficientemente alarmantes hay que recordar que el cine tiene más de cien años que se creó, un período lo suficientemente largo para proporcionar un trato igualitario pero en cambio tenemos la evidencia de un trato rancio, no muy distinto a lo que acontecía hace un siglo. Y es bochornoso. Afortunadamente la historia nos reserva personajes memorables. Alice Guy-Blaché fue la primera mujer que dirigió una película en la historia, en su Francia natal, un par de años más tarde Lois Weber haría lo propio pero en Hollywood y gracias a su trabajo dejaría constancia de su compromiso artístico y profesional.

El cine, “una oportunidad de predicar a las masas”

Weber (n. 1879) nació en el seno de una familia con estrictos pensamientos religiosos que le fueron inculcados desde muy pequeña. Aun siendo una adolescente, pero considerada como una niña prodigio con un don desarrollado para la música, se fue de su casa, renunció a las comodidades de pertenecer a una familia de clase media, y se dedicó a predicar el evangelio en las calles. Viviendo en la pobreza, se desempeño como activista social durante dos años con la Iglesia evangélica Army Workers, una organización similar al Ejército de Salvación. Predicaba y cantaba himnos en las esquinas y tocaba el órgano en misiones de rescate en los distritos de Pittsburgh y Nueva York, hasta la disolución del grupo en 1900.

Allí regresa a casa, termina de estudiar música y dos años después empieza a trabajar como cantante y pianista soprano. Realizó una gira por Estados Unidos como concertista de piano con la reconocida arpista Apt Thomas hasta su actuación final en Charleston, Carolina del Sur, un año después. Luego de un desafortunado incidente cuando se rompió un dedo durante un recital, Weber se retiró del escenario habiendo perdido el valor de tocar en público. “Justo cuando comencé a tocar, una tecla negra se rompió. El incidente me lesionó los nervios. No pude terminar. y nunca volví a aparecer en el escenario. Creo que cuando se me rompió la tecla, una parte de mi se rompió también” recordaba Weber el incidente que precipitó su retiro.

Después del incidente, su tío, un pastor de Chicago le aconsejó que se dedicara a la actuación. “Como estaba convencida de que la profesión teatral necesitaba un misionero, sugirió que la mejor manera de llegar a ellos era convertirme en uno de ellos, así que subí al escenario lleno de un gran deseo de convertir a mi prójimo” y con esa idea Lois dio sus primeros pasos en las tablas. Después de un año de gira, recibiendo elogios de medios como The Boston Globe (“cantó dos canciones muy bonitas de manera muy efectiva y ganó considerables aplausos”) se casó con el director de la compañía de teatro, Wendell Phillips Smalley.

Después de viajar inicialmente por separado de su marido, y luego acompañarlo en sus giras, alrededor de 1906 Weber dejó su carrera en el teatro y se convirtió en una ama de casa en Nueva York. Durante este período Weber escribió algunos guiones. De hecho, en 1908, cuando la pareja comenzó a trabajar en el cine para la productora Gaumont, ella inició como guionista de varios cortometrajes dirigidos por Herbert Blaché, esposo de Alice Guy quienes serían los primeros en dirigir a frente a las cámaras.

Establecida en la industria como actriz y guionista, Weber visualizo el poder del cine como “una oportunidad de predicar a las masas” y eso solo podía conseguirlo con el poder absoluto en el proyecto y una vez más guiada por sus creencias religiosas Weber emprendió una lucha que cambiaría la industria para siempre.

Compromiso social a través del arte

Para 1910, Weber y Smalley comenzaron a trabajar para el cine infantil, produciendo cortometraje para diversas compañías. En sus trabajos eran acreditados como The Smalleys. Sin embargo años más tarde se dio por hecho el rumor que rondó a la pareja: “Weber era el pilar creativo del dúo y quien tomaba la mayoría de las decisiones; después del divorcio de la pareja se dijo que en los últimos años de relación funcionaron mejor como amigos, ya que los vicios de él anularon el amor entre ambos“.

Un año más tarde se sumaron a las filas de Rex Motion Picture Company, de William Swanson, allí dirigió su primer cortometraje mudo, A Heroine of ’76, compartiendo los deberes como director con Smalley y Edwin S. Porter. Un año más tarde protagonizó la primera adaptación de El retrato de Dorian Gray.

Con más libertad creativa, el poder de rodar dos cortos por semana, Weber comenzó a escribir historias de concienciación social. En 1913, dirigió The Jew’s Christmas, una película muda de tres carretes que dramatiza el conflicto entre los valores judíos tradicionales y las costumbres y valores estadounidenses. “Logró un tremendo éxito combinando un astuto sentido comercial con una rara visión del cine como una herramienta moral” reconocería la prensa años más tarde.

Cecil B. DeMille y Lois Weber

Como Universal estaba reacio a hacer largometrajes, en el verano de 1914, Julia Crawford Ivers, la primera mujer gerente general de un estudio cinematográfico, convenció a Weber para que se mudara a la compañía Bosworth con un contrato de $ 50,000 al año, convirtiéndola en “la directora más conocida, respetada y mejor pagada” ese momento, algo que tenía merecido puesto que según Bertha Smith, la audiencia de Weber era de cinco a seis millones por semana. De hecho, en 1915, Weber era tan famoso como D.W. Griffith y Cecil B. de Mille.

En las películas he encontrado el trabajo de mi vida. Es una salida para mis emociones y mis ideales. Puedo predicar a mi antojo; y con la oportunidad de escribir, actuar y dirigir toda la producción, si mi mensaje no llega a alguien, solo puedo culparme a mí misma” declaró Weber después de estrenar su primer largometraje Hypocrites. La película era un relato hacia “la verdad que critica la hipocresía y los deseos deshonestos de dinero, sexo y poder”. A pesar de sus motivaciones religiosas, Weber era propensa a ser vista como una puritana pero la verdad es que su trabajo desprendía un espíritu liberal y sus convicciones sociales eran más fuertes aun. De hecho, Hypocrites contiene el primer desnudo frontal en una película no pornográfica porque Weber lo consideró necesario para expresar sus intenciones. La película fue recibida como un hito cultural, artístico y moral para la industria cinematográfica y recaudó $ 118.000, $ 100.000 más que su presupuesto.

Weber también se expresó sobre el control de natalidad, la eugenesia y el aborto en Where’s My Children? La directora contaba que su objetivo era manifestarse en contra de los embarazos no planificados y así prevenir la propagación de los niños en situación de calle y la pobreza. La película se convirtió en un éxito de masas y recaudó más de $ 3 millones. Años más tarde la directora estrenó The People vs. John Doe, inspirada por la historia de un hombre que fue casi asesinado por un crimen que no cometió, creó esta película que le permitió manifestarse en contra de la pena de muerte. Sin embargo una de las películas más polémicas (y varias veces le tacharon de osada) fue Shoes donde una chica cambiaba su virginidad por un par de zapatos que necesitaba. La película le permitió abordar temas como la sexualidad, la sexualización y la prostitución femenina.

Pionera, una y otra vez

Ser la primera mujer en dirigir un largometraje en el continente americano no es lo único que la convirtió en una pionera innata. Lois llegó a hacer cosas a nivel artístico que ni hombres ni mujeres habían conseguido antes.

Las historias de sus películas le permitieron abordar temas que nadie más había traído a la conversación como el manifiesto en contra de la pena de muerte o la sexualizacion (consiente) de la mujer. Pero por otra parte introdujo en su primera película el primer desnudo integral femenino de la manera más artística posible, con un travelling que volvía al personaje, que representaba la verdad desnuda, como alguien al descubierto. Aquel desnudo, protagonizado por Daisy Sinclair, fue el detonante para que la películas fuese vetada en estados conservadores como Ohio. Incluso cuando la directora se desvinculó del cine social y dirigió la comedia romántica How Men Propose se convirtió en la primera persona en retratar a una mujer que jugaba con tres hombres a la vez y no viceversa.

Fue la primera y única persona en dirigir a la famosa bailarina rusa Anna Pavlova y en 1917 fue la única mujer a la que se le otorgó la membresía en la Asociación de Directores de Películas, y se convirtió en la primera mujer dueña de su propia productora Lois Weber Productions. Ese mismo año Weber fue activa en el apoyo al recién creado Hollywood Studio Club, una residencia para aspirantes estrellas.

Técnicamente también se le atribuyen proezas como ser la primera directora en utilizar la pantalla dividida, en el corto Suspense, trabajo que también es considerado el primer thriller de la historia. También fue la primera persona en introducir la primera escena de una llamada telefónica en el cine.

Un juguete roto

Con la llegada de los años veinte, Hollywood adoptó un nuevo estilo de cine, más superficial e inofensivo. Para entonces, sus “películas moralmente erguidas aburrían a las audiencias modernas“, así comenzó el descenso de Weber. Su caída en desgracia también se debió a su incapacidad o falta de voluntad para adaptarse a los gustos cambiantes de la audiencia, y “su negativa a trabajar con grandes estrellas o a glorificar el exceso de consumo en sus películas

En 1921, Weber, dirigió What Do Men Want? un melodrama doméstico sobre un marido mujeriego y una esposa fiel. En un paso previo, la recepción fue bastante fría y Paramount se negó a distribuir la película. Después de hacer 13 películas, en abril de 1921, Lois Weber Productions colapsó, y Weber se vio obligada a liberar a todo su personal contratado, con la excepción de dos actores novatos. Mientras dirigía algunas otras películas, efectivamente su carrera como directora de Hollywood había terminado.

La directora se desvinculó durante años del medio artístico y ningún estudio se vio interesado en traerla de vuelta. Ya no necesitaban la visión de Weber. Se dice que en sus años de retiro padeció depresión e intentó suicidarse.

En 1934 trabajó por última vez, primero en United Artists, productora fundada por Charlie Chaplin, donde fue contratada como guionista. Después dirigió White Heat su última película y la primera y última que haría con sonido.

Lois Weber murió en 1939, en el olvido. Variety le dedicó un párrafo en el obituario, otros medios no reseñaron nada en absoluto. La columnista de chisme, Hedda Hopper (que tenía fama de mala persona) fue quien le dedicó un homenaje en Los Angeles Times.

Legado imborrable

En 1960, Lois Weber recibió una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood Boulevard por “su contribución al cine” un reconocimiento que se queda pequeño cuando hablamos de una artista visionaria y pionera que, aferrada a sus ideales religiosos y sociales, aportó una visión transgresora que revolucionó el cine y abrió las puertas a las nuevas generaciones, tanto hombres y mujeres, comprometidos con el arte.

Weber fue acreditada por IMDb en 135 películas como directora,114 como guionista y 100 como actriz pero solo se conservan 20 de estos títulos que son la muestra de por qué se le considera “la directora más importante que la industria cinematográfica americana ha conocido”.

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