La adolescencia es, sin disputa, la etapa más complicada de la vida y por ende es la más emocionante. Por ello, la ficción se ha nutrido hasta el cansancio con historias protagonizadas por adolescentes para engordar diferentes géneros, ya sea el romance, el drama, la comedia o hasta el terror y la ciencia ficción; para nadie es un secreto que la literatura, el cine y la televisión a albergado este tipo de historias desde hace décadas y aun se mantiene perenne en el gusto de la audiencia.

Lo que también es cierto es que muchas veces esa misma ficción retrata la adolescencia como esa etapa en la que las personas descubren muchas cosas nuevas, incluyendo el odio propio. Estamos inundados de historias sobre adolescentes que se repelen tanto o más que sus propios acosadores. Los típicos “perdedores” que ponen la otra mejilla. Y está bien, esa es una versión de la adolescencia, bastante común siendo honestos, pero ¿qué pasa cuando ese adolescente sí se quiere tal como es? Pues Greta Gerwig responde esta incógnita en su debut en solitario como directora y guionista y el resultado es una de las mejores coming of age de los últimos años.

Christine “Lady Bird” McPherson es una adolescente de diecisiete años que se enfrenta a las diferentes situaciones típicas de esa edad, tanto internas como externas. La vida de Lady Bird es una disyuntiva constante: dos mejores amigas, dos novios, dos universidades, dos ciudades, dos relaciones completamente opuestas con sus padres e incluso dos nombres. Lo curioso es que Lady Bird toma las decisiones pensando en su bienestar porque, como ella misma sugiere, ha nacido para más de lo que hasta ahora ha conseguido en su Sacramento natal. ¿Y quien no se sintió como Lady Bird alguna vez? Anhelando una vida diferente a la impuesta porque no es sólo lo que quiere sino lo que merece. Volar del nido y emprender un camino en otra dirección. Y eso, por supuesto, desata el otro gran conflicto de la protagonista que va más allá de las elecciones que debe tomar contrarreloj, la relación con su mamá. Marion es la típica mamá que quiere lo mejor para su hija, comprende las decisiones que toma pero no las aprueba, porque después de todo quiere protegerla pero Lady Bird responde a la atención de su madre como egoísmo, no como amor, lo que realmente es. Claro, eso lo comprendemos ahora, no cuando se tienen diecisiete.

Entonces Lady Bird toma un paso hacia adelante y deja de ser una simple coming of age, que lo es rotundamente, pero se convierte también en una carta de amor a la relación entre una madre y una hija y la incomprendida batalla que se construye entre ambas. La cordura en este caso la aporta el padre de Christine, que se convierte en el cómplice de ella y su hermano que básicamente representa los conflictos de la adultez.

La historia está ambientada en 2002 y para los nacidos a finales de los ochenta e inicio de los noventa probablemente el efecto nostalgia va a ser inminente sobre todo por el vestuario, un diseño de producción discreto pero acertado (¡los teléfonos móviles!) y cuando su maravillosa banda sonora recurre a temas de la época como Cry Me a River de Justin Timberlake. Tema que por cierto tiene una anécdota detrás que ayuda a comprender lo que Lady Bird es realmente para su creadora. Greta le envío una carta a Timberlake pidiéndole que le permitiera usar la canción, entre otras cosas, porque era la canción de su adolescencia. Y es que no hay basta con tener cierto conocimiento sobre Gerwig para apreciar la relatividad entre la actriz y el personaje. Aunque ella dice que no es autobiográfica, admite que mucho de lo que sucede en la película sucedió en su vida. Además Greta es oriunda de Sacramento y estudió también en un colegio católico.

Gerwig que se ha forjado una carrera interpretativa como la última musa del cine independiente, ha demostrado también que además de actriz es una excelente contadora de historia, como guionista y como directora, logrando concebir una historia magistralmente equilibrada entre el drama y la comedia. El otro gran acierto es el trabajo de los actores; Saoirse Ronan lidera el reparto bajo la piel de Lady Bird, esa adolescente extrovertida que se desmarca de cualquier otro trabajo previo de la actriz; Laurie Metcalf da vida a Marion, la típica madre sobreprotectora; Tracy Letts es el padre, un trabajo pasivo pero muy enternecedor y Timothée Chalamet, la revelación de este año (por Call Me By Your Name), completa el reparto junto a Lucas Hedges, la revelación del año pasado (por Manchester by the Sea).

Lady Bird es un goce de casi dos horas, dotado de mucho humor, mucha naturalidad y mucha simpatía.

Ellos responden al nombre que sus padres le dieron, pero no creen en Dios”.

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