¡Qué extraña es esta serie! Fue lo primero que pensé una vez que acabé el segundo episodio. Porque Maniac (dir. Cary Joy Fukunaga; disponible en Netflix) no es una serie fácil. Cuesta digerirla. Su primer episodio muestra una estructura rígida y no revela demasiado pero consigue despertar interés por “lo siguiente”, cuando la serie va mostrando su artillería pasada que resulta variopinta.

Maniac enlaza dos historias reales que se bifurca en otras tantas que acaban conectadas entre sí; mientras va soltando elementos que alimentan su peculiaridad, tanto en historia como en producción. Yo, aun estoy procesando los diez episodios. Si ya la has visto probablemente estés igual; sino entonces te digo porque deberías verla… O por qué no.

¿De qué trata Maniac?

Owen (Jonah Hill) quien se ha mantenido presumiblemente estable, es un paciente que sufre de esquizofrenia, que no encaja entre sus parientes, una familia pudiente de Nueva York, quienes constantemente le humillan, intencionalmente o no; una vez que pierde su trabajo, se ofrece como voluntario a Neberdine Pharmaceutical y Biotech una empresa farmacéutica que está haciendo pruebas con unos nuevos medicamentos. A estas pruebas también se une Annie (Emma Stone), una joven antisocial con problemas de depresión que trata de sobrellevar un trauma del pasado; y quien solo busca tener acceso a las píldoras a las cuales es adicta. Las pruebas consisten en varias inmersiones mentales, dónde experimentarán tanto hechos reales como fantasías. Por una falla en el hardware que desarrolla las pruebas, Annie y Owen, desarrollan una conexión en las pruebas que los llevarán a crear un lazo también en la vida real.

Realidad sinónimo de drama

Es que incluso explicar la trama de Maniac sin soltar mucha prenda resulta complicado porque todo empieza en el primer episodio. Literalmente. Cuesta conectar con este pero es una mera introducción del personaje de Annie, del personaje de Owen y, por supuesto de Neberdine Pharmaceutical y Biotech. Este episodio nos abre las puertas a la miseria que hay en sus vidas porque, aunque suene desagradable, la serie se encarga de recalcar los ambientes hostiles en los que mueven Owen y Annie. Él en medio de una familia que lo menosprecia y ella atrapada en un pasado traumático. Desde ese momento sabemos que la serie no es fácil. No es amable con sus personajes y no tiene porque serlo con los espectadores.

Sin embargo y lo que cautiva es todo lo que rodea esa miseria. Incluso en la realidad muchas cosas se sienten impostadas; excepto el dolor recurrente de los personajes que probablemente sea el único sentimiento tangible. A partir de allí, todo lo que tiene que ver con Neberdine Pharmaceutical y Biotech parece una fantasía. Y allí Maniac acierta porque como espectador quieres saber más. ¿Owen y Annie están en la realidad fuera de la clínica o todo se trata de una jugarreta mental? Allí vamos al siguiente episodio, el segundo. Se enfoca en la primera prueba que saca a la superficie los traumas de los protagonistas y de repente nace otro sentimiento en la serie, por parte del espectador: empatía. Entendemos porque Owen y Annie han decidido “escapar” de la realidad o porque han tenido una vida tan complicada.

Fantasía sinónimo de comedia

Cuando la prueba avanza al Paso B; la serie toma un rumbo diferente: la fantasía. Owen y Annie se deshacen de la dolorosa realidad para abrazar un mundo que comparten mentalmente, aunque no deberían. Sus mentes les trasladan a otras vidas, otras situaciones. Maniac evoluciona en un género completamente distinto cada vez que construye una fantasía. Desde aventura, acción hasta la épica. Pero así como abraza un nuevo género, también abraza la comedia.

A medida que transcurren los episodios el humor negro se hace clave en las fantasías para aligerar la carga dramática de la historia. Los caricaturescos miembros de Neberdine Pharmaceutical y Biotech también resultan el alivio cómico de la serie; gracias a un comportamiento inusual, pero que a su vez encaja con el estilo estrafalario de la serie.

Un futuro obsoleto

Tantas cosas se han dicho y por supuesto se seguirán diciendo respecto a Maniac. La serie es diferente por muchos motivos. Es como un cóctel de géneros que sabe mezclar el drama con la comedia (en esa dualidad realidad/fantasia) pero también sabe unificar la ciencia ficción o la aventura; y todo se siente que encaja gracias al diseño de producción. Los episodios “surrealistas” parecen inspirados por The Goldbergs, Gilda y hasta El Señor de los Anillos pero cuando volvemos a la realidad la puesta en escena es aún más bizarra y ese aura impregna toda la serie.

Maniac nunca específica el año en el que está ambientado pero de acuerdo a los procedimientos tecnológicos y psicológicos suponemos que es un futuro cercano; sin embargo el diseño de producción tiene una puesta en escena obsoleta. Desde pesados monitores de computadoras con imágenes pixeladas hasta televisores cuadrados. Maniac parece una película futurista que ha sido rodada hace veinte años. Pero desde luego todo esto tiene un por qué. A pesar de lo extraña y lo peculiar que resulta la serie, se nota que todo está calculado milimetricamente. Sólo así se puede conseguir un estilo tan bizarro que resulta pertubador.

Emma Stone para todos los escenarios

La serie no se conforma con el trabajo enorme en cuanto a diseño de producción y fotografía; cuenta con una gama bastante variopinta que se conjuga con ese estilo psicodelico, que se subraya en las escenas de fantasía. También está el guión que no deja cabos sueltos. Primero plantea un escenario completamente nuevo, permite que el espectador saque conclusiones y luego confirmamos lo que acabamos de ver cuando finalmente hay una explicación sobre lo que acabamos de ver a través de diálogos que mantienen el tono surrealista; jamás cayendo en la obviedad. Esa palabra no existe en Maniac.

Por último, la serie se vale de dos pilares interpretativos como lo son Jonah Hill, en el trabajo más diferente de su carrera y probablemente uno de los mejores; aunque Está mejor en las escenas de la realidad. Quien sí está bien en todo momento es Emma Stone, demostrando una vez más que es la mejor y más versátil actriz de su generación. Emma da vida a una antisocial deprimida y adicta que le permite brillar en una faceta distinta a como la habíamos visto antes; pero en cada fantasía, que es básicamente un mundo distinto y por ende otro personaje también está muy bien. Es imposible apartar los ojos de ella y su exceso de carisma. El reparto lo completan Justin Theroux, quien está un poco sobreactuado (aunque se podría interpretar como algo intencional de acuerdo al tipo de personaje), parece que se quedó con el personaje que interpretó en la espantosa Mute. Y Sally Field, una actriz que siempre está bien sin importar el material que tenga entre manos.

Maniac no es una serie para todos los gustos. Se trata de un trabajo peculiar, con una puesta en escena que se aleja completamente a cualquier otra cosa que hayamos visto antes. Y que cuenta con una Emma Stone pletórica. Para aquellos que son amantes del drama, Maniac lo tiene; para aquellos que son amantes de la comedia negra, Maniac lo tiene; para aquellos nostálgicos de los ochenta, Maniac lo tiene; para aquellos fanáticos del cine clásico, Maniac lo tiene; para aquellos que son amantes del cine de aventuras, Maniac lo tiene. Pero para aquellos que son incapaz de congeniar con un tono distante, una puesta en escena enigmática, entonces esta serie no es lo suyo. Porque Maniac es precisamente eso, un gran enigma que indiferentemente si somos capaz de conectar con todo los que nos cuenta; logra atraparnos en busca de respuestas.

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