“Existe algo mucho más escaso, fino y raro que el talento. Es el talento de reconocer a los talentosos” – Elbert Hubbard

21 de marzo de 1980. Ciudad de Porto Alegre, Río Grande del Sur, Brasil. Nace Ronaldo de Assis Moreira, un niño que cambiaría la forma de disfrutar el fútbol, de vivirlo con alegría.

Ronaldinho como popularmente es conocido, anunció la fecha que muchos seguidores de fútbol seguíamos postergando, una que sabríamos que llegaría pronto, pero nos negábamos a considerar.

Su retiro de la canchas está pautado para el final de la actual temporada. La pelota mira con tristeza al jugador que con más cariño la trató.

Ronaldinho a diferencia de Messi y Cristiano Ronaldo no gozó de la consistencia futbolística y física que le permitiera mantenerse por muchos años entre la élite del fútbol mundial.

Sin embargo, a pesar de su efímero momento como el mejor del mundo, logró trascender a nivel mediático y social mucho mas que sus pares argentino y portugués.

En su momento, Ronaldinho era el mejor con diferencia, tenía un magnetismo especial con la pelota, dicen que la misma busca a los habilidosos, pero con él tenía una atención especial. Cuando recibía con libertad de espacios la multitud miraba con emoción. La cámara lo enfocaba y parecía que sus pies, su cuerpo se movían a una velocidad diferente a la de sus rivales.

El publico disfrutaba, los defensas sufrían; aunque también disfrutaban pero en silencio.

Con miras a su confirmado retiro de la canchas, quería tomar este espacio para brindar unas palabras a un jugador que dio inicio a mi pasión este deporte, el fútbol. Rememorando sus inicios, su ascenso y consagración como estrella. Sin dejar a un lado su ocaso como el mejor del mundo.

Las luces y sombra de un jugador que no logró mayores cosas porque simplemente no quiso.

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