El 29 de agosto Netflix cumple 20 años. Mundialmente se hizo conocido a mediados de 2013, específicamente con el lanzamiento de la serie House of Cards, pero sus orígenes se remontan hasta 1997 cuando Reed Hastings y Marc Randolph fundaron una tienda que se encargaba de despachar películas y series en formato doméstico a través del correo. Aquella idea -bastante inteligente y acertada en los 90- evolucionó hasta lo que conocemos hoy: una plataforma digital que alberga películas y series, incluyendo producciones originales y/o exclusivas, con alcance mundial (solo China, Siria, Crimea y Corea del Norte no gozan del servicio) con un patrimonio de más de 6 mil millones de dólares.

Gracias a su sistema de programación que disminuye los terribles efectos del spoiler y acentúa lo que conocemos como “maratón”, este fenómeno se convirtió en un aliado de la generación 2.0. Pero Netflix es mucho más y las polémicas que se han suscitado en vísperas de su vigésimo aniversario no han venido de gratis. El Festival de Cannes ha cambiado las normas para elegir las películas que van a competición, a raíz de la reacción en la proyección de Okja; y directores como Pedro Almodóvar y Christopher Nolan se han mostrado despectivos al momento de hablar de la plataforma. En un abrir y cerrar de ojos Netflix se ha convertido en un pseudo enemigo del cine que amenaza con ponerle fin al mismo. Sin embargo puede que las razones por las cuales le señalan sean las características que ayudarán a rescatar el séptimo arte. Netflix llega a la celebración de su vigésima primavera en medio de un debate: salvará o destruirá lo que hoy conocemos como cine. Hay que decidir pronto porque no nos dejan elegir términos medios.

NETFLIX VS. EL ELITISMO

En la última edición del festival de Cannes, Netflix coló en la selección oficial dos títulos: The Meyerowitz Stories y Okja, en el caso de la primera, se hizo con los derechos horas después de conocer el line-up del festival pero en el caso de la segunda se trata de una producción completamente original. El presidente del jurado, Pedro Almodóvar, no lo llevó demasiado bien y confesó que “es una paradoja que una Palma de Oro no se proyecte en cines” y así como él muchos de los que asistieron a la primera proyección de la película tampoco aprueban el sistema de programación que distingue a la plataforma y apenas apareció el logo de Netflix en la pantalla grande comenzaron a abuchear. Thierry Fremaux no tuvo otra opción que recular y a partir de 2018 todas las películas que compitan en el certamen deberán proyectarse en cines y solo podrán ser distribuidas digitalmente tres años después de su paso por las salas. Una decisión que, desde luego, afecta directamente a empresas como Netflix (y Amazon).

En vista de la nueva norma que rige el festival francés, Reed Hastings declaró que “la elite cierra fila contra nosotros” y allí está la clave: el elitismo. Durante años el mundillo del cine se ha visto rodeado de comentarios despectivos: es más cinéfilo aquel cuyo director favorito es Stanley Kubrick que aquel cuyo director favorito es David Fincher, es mejor cinéfilo aquel cuya película favorita es El Gran Dictador que aquel cuya película favorita es E.T. El Extraterrestre. Claro, comentarios de esta índole siempre han caracterizado al público (cierto sector de este), no a los realizadores. Hasta ahora.

Mientras Christopher Nolan promocionaba Dunkerque, su trabajo más reciente, calificó de herejía el hecho de ver esta película en televisión. Esta sentencia vino acompañada de su opinión sobre Netflix, calificando a la plataforma como “una moda” y le restó importancia al calificarla como “solo televisión” y al ser televisión no considera propicio que sus películas se vean en Cannes o compitan en los Oscar. Pues, vale. Suponemos que Origen dejó de ser película la primera vez que se proyectó en alguna cadena televisiva y que Nolan se refiera a la televisión a modo discriminatorio solo nos hace pensar que, tal vez, el británico lleva tiempo sin ver alguna serie. No hay explicación para que desconozca que series como Game of Thrones o The 100 funcionan mejor que todos los blockbuster estrenados en verano de este año o que dramas como The Crown o House of Cards (ambas de Netflix) arrasarían en los Oscar si fuesen películas. Aun así, de todo esto, lo alarmante es de quién vienen los comentarios, de un personaje que debería abrazar aquello que revitaliza el cine y que (sea cual sea su método) busca incrementar el interés en un público que parece no visitar una sala de cine a excepción de que se trate de una película de superhéroes; en lugar de juzgar a la empresa como si se tratase de algo ilegal, siendo precisamente eso otro de los beneficios de Netflix: el careo a la piratería.

Reparto de Okja en Cannes

NETFLIX PIENSA EN LO QUE OTROS OLVIDAN: LA HISTORIA Y EL PÚBLICO

Pedro Almodóvar comparte que “el encanto del cine está en ver la película en pantalla grande”. Totalmente cierto. Pero también son ciertas las palabras de Bong Joon-Ho (director de Okja) “el mejor lugar para ver una película es en pantalla grande pero las cintas están poco en cartelera” o tal como ha dicho Tilda Swinton muchas de las películas proyectadas en festivales ni siquiera llegan a ser estrenadas en cine. O al menos no en todos lados.

Actualmente el público de decenas de países (algunos en América Latina como Venezuela o Panamá) pueden disfrutar de películas como Begginers, Adventureland, Sing Street o Pariah que jamás llegarían a una sala de cine por el simple hecho de no ser blockbusters. Netflix da visibilidad a pequeñas joyas que no cuentan con el respaldo de las grandes distribuidoras (que aparentemente sólo confían en cintas de grandes estudios) y a su vez piensa en un público que en muchos casos la única opción para llegar a estas películas sería a través de la piratería.

CONFIANZA + ACIERTO

Un género bastante popular en la plataforma es el documental (ya sea en largometrajes o series) curiosamente este género nunca se ha considerado rentable en comparación a las películas de ficción. Pero en los últimos dos años hemos visto trabajos valientes y sobre todo interesantes como The 13th, Amanda Knox y Audrey & Daisy. Netflix confía en la historia y allí está su encanto. Ese que no radica dónde proyecta su contenido sino para quién lo proyecta. Para un público ávido de una buena historia. Solo así se explica que su mercado favorito sea Sundance (festival de cine independiente) donde en las últimas dos ediciones ha adquirido títulos como The Fundamental of Caring, The Discovery, Mudbound o To the Bone películas con escasas pretensiones de taquilla. Además, Netflix sigue produciendo películas como Blonde (biopic de Marilyn Monroe), First They Killed My Father (el drama bélico camboyano de Angelina Jolie) y The Irishman (película de Martin Scorsese con Leonardo Di Caprio y Robert de Niro) películas que sólo verían luz verde por el interés en la temporada de premios y tomando en cuenta la mala experiencia de Netflix con los premios de cine, probablemente esa sea su última motivación.

LOS GRANDES ESTUDIOS TIENEN QUE SEGUIR EL EJEMPLO…

Este año Netflix reveló que sus películas más vistas son las protagonizadas por Adam Sandler y aun así se mantiene produciendo películas de todo tipo. El catálogo original de Netflix hoy cuenta con comedias (The Ridiculous 6), cintas bélicas (The Sitges of Jadotville, Sand Castle), horror (Death Note) y hasta ciencia ficción (Mute). Sin embargo los grandes estudios, esos que han dominado la industria durante años cada vez se muestran más temerosos y queda en evidencia cuando Paramount se niega a producir The Irishman después del fracaso de Silence, olvidando que Scorsese, su director, es probablemente uno de los mejores realizadores de la historia.

Entre las 15 películas más taquilleras de lo que llevamos de 2017 solo figuran secuelas, reboots, adaptaciones literarias y de comics. Blockbusters. Hay que bajar al puesto 17 para ver la primera historia original de la lista: Dunkirk. Caso similar ocurrió en 2016 donde La La Land era la única historia original (no animada) que figuraba entre las películas más taquilleras. Esto sucede en parte porque los estudios parecen apostar ahora únicamente “a lo seguro”. Mientras Disney adapta en acción real todos sus clásicos animados, Universal estrena la enésima entrega de Fast&Furious pero ninguna muestra interés en estrenar alguna película original sin el interés de premios de por medio y aun así en la pasada edición de los Oscar, las dos películas más premiadas venían de mano de dos productoras nuevas y pequeñas: A24 y Lionsgate.

Si los estudios no aprenden la lección con la paupérrima recepción de una enorme parte de los blockbuster de este año, entonces que aprendan de Netflix que ha arriesgado mucho más y aunque le interese no parece pensar solo en el dinero.

Ya se lo contó Warren Beatty a Fotogramas: “Tenemos que ser conscientes que la capacidad de atención se ha diluido… Tenemos que ampliar horizontes… Si un joven prefiere ver una película en su celular en lugar de una pantalla de cine pues es lo que hay… Para mi el futuro será así” pues sí, Warren y tal vez ese futuro ha llegado y solo queda aceptarlo sin pretensiones ni prejuicios. Las películas siempre valdrán la pena sin importar las dimensiones de la pantalla.

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