–          Pero… te amo, le susurré como quien le dice un secreto al viento con la esperanza de que le lleve el recado a esa persona.

–          Ese es tu problema, y esa frase me quebró.

Entonces si era mi problema ¿qué te costaba decir “TE ESTOY USANDO, NO TE ILUSIONES”? Nada, no te costaba nada. Desearía tener esa facultad de algunos, para amarte hoy y estar con alguien más mañana. Así como si nunca hubiera sentido nada.

Me fui, debo admitir que me sentí derrotado. Le había dedicado tanto tiempo, tantas noches y tantas fantasías a lo nuestro. Miles de horas invertidas pensando en lo hermoso que sería poder sostenerla en mis brazos y acariciar su cabello hasta que cayera dormida.

Di todo por ti, tiempo, amistades, incluso había descuidado la escuela con tal de estar a su lado. Había dado los besos más dulces y recibí caricias que creí sinceras; simplemente me había entregado como nunca antes ¿para qué? Para terminar sin nada, por haberte dado todo.

Valía la pena escuchar mentiras que me hacían feliz. Como el que estaríamos juntos mucho tiempo, o que era tan diferente a todos los demás; a ti diciendo que lo que teníamos no requería de una etiqueta o de gritárselo al mundo. Estaba bien así, entre nosotros. Te sonreí y me besaste, creo que desde el primer beso me estaba enamorando.

Me voy, porque se te acabaron las excusas y yo me cansé de oír pretextos, mentiras. Y por eso comprendí que di sólo lo que quise dar, así de fácil. Me entregue, me arriesgue y salí herido. Nunca pregunté si me deseabas tanto como yo a ti, tú tampoco me pediste hacer nada ni dar nada por ti. Tienes razón… amarte es mi problema.

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