Hay frases que nos ponen en evidencia, ya sea de que tenemos un ataque de celos, de que somos medio facilonas (o de que de plano no tenemos dignidad), de que somos payasas a más no poder. Y es que todas hemos metido la pata al hablar, y terminas deseando no haber dicho nada en un principio. Y no es que no nos podamos expresar, pero siempre hay que pensar primero antes de hablar.

Acá les dejo algunos ejemplos de cosas que es mejor guardarte para ti solita, si ustedes tienen más, pasen a comentar.

 

¡¿Quién es esa?!

Y es que esto no sólo se dice, se grita. Implica acusación y aversión desde un principio sin que conozcas a la otra persona. Puede que se lo digas a tu novio, a tus amigos, o entre tus amigas al hablar de la novia del chico que te interesa.

Tan simple que es decir con un tono más calmado: ¿La conoces? Eso además te dará las respuestas que quizá necesites.

Pues el mío es mejor.

Puedes estar hablando de tu novio, de un platillo, de tu carro, de lo que sea. Si respondes con esta frase ante el comentario de alguien, quedarás como alguien sólo quiere presumir o tener lugar en la conversación aunque no la hayan incluido. Aplica también con: “pues mi novio tiene un…”, “pues mi papá trabaja en…”, “pues una amiga consiguió…”

Si no te están preguntando, calladita te ves más bonita.

Que se aguante la novia.

Okay, empecemos por el principio. Es tu mejor amigo desde hace años (o tu exnovio) y no piensas dejar que su nueva “noviecita” te “quite tu lugar”. Estás mal. Muy mal. Y definitivamente estarías peor si lo dices públicamente. Primero, quedas como la loca o golfa a la que no le importa que el chico en cuestión ya tenga una relación, sino que además, denotas que todo lo que hagas y pase de ahí en adelante, será completamente a propósito.

Está bien que te encante o sea tu mejor amigo, pero recuerda que una relación es de dos, respétala.

Estoy muy gorda.

Ésta es de nuestras favoritas y sólo hay dos razones por las que la decimos: a) en serio estás gorda, b) quieres que te digan que no es así.

Si es la primera, no tienes por qué decirlo, si tú ya te diste cuenta, probablemente la gente alrededor también, aunque te dirán lo contrario por ser amables. Si quieres remediarlo, haz ejercicio, mejora tu dieta y no te sientas mal contigo misma. No es algo que no tenga solución.

Si es la segunda, querida, déjate de esas tonterías infantiles. Tus amigas te seguirán el juego, pero a la demás gente la hartarás, en serio.

¿Comer ahí? Guácala.

Ya sabemos que sí, que la comida callejera te puede traer enfermedades, pero irte a comer o cenar a uns restaurante de lujo no siempre será una opción. Ponerte payasa por el tipo de comida que venden (porque tiene mucha grasa, porque es “de pobres”, porque no es el lugar donde siempre comes), te puede cerrar la posibilidad de que te vuelvan a invitar a comer, además, si es un lugar que no conoces, prueba y quizá hasta te llegue a gustar.

Si estás a dieta y sabes que lo que te vas a comer no entra en ella, llegando a casa haz el doble de ejercicio de lo que comúnmente harías y San Se Acabó. Si de plano te da asquito el lugar o la comida, invita tú a donde quieras.

 

Chicas, tenemos derecho a decir lo que nos venga en gana, pero siempre es mejor pensarle tantito. No sabes a quién puedes lastimar con lo que dices y, a veces, conocer el lugar, a la persona o probar algo nuevo, no es tan malo. Y, querer llamar la atención siempre, hará que cada vez menos gente te tome en serio. Recuerda que hay tiempo y lugar para todo.

Imagen de shuttertstock.

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