Hola, sí de nuevo soy yo, a pesar de todo lo dicho y de todo lo que tú ya no quieres oír de mí. Sé que te grité que jamás volverías a saber de mí y que lo nuestro había sido el peor error de mi vida, tú también dijiste muchas cosas que hasta hoy siguen dándome vueltas en la cabeza y pensar que yo susurré en voz muy baja que tú eras con quien había planeado pasar las tardes de lluvia.

Sé que fallé, tú también fallaste porque la relación siempre fue de dos y nos retiramos de la carrera para tomar atajos, por eso nunca llegamos a la meta. Tú sabes, esa que prometía millones de sonrisas y noches de películas. Esa donde tú y yo nos olvidábamos del mundo y nos dedicábamos a ser felices, esa que siempre planeamos.

Entiendo que el miedo a veces es demasiado, que de pronto con anillo en mano todo se volvió real y dejó de ser un sueño, un plan, una conversación de media noche. La realidad intimida  nos vuelve cobardes, tal vez no sólo tú buscaste una salida, tal vez fuimos los dos los que corrimos de algo de lo que no estábamos tan seguros como decíamos.

Quizá me apresure a soñarnos, quizá corrí detrás de lo primero que me hizo sentir amada y segura, quizá ahora que todo está calmado y las aguas son poco profundas me doy cuenta de que esto que sentía nunca fue amor sino la necesidad de sentir algo, de sentirme viva y creer que pertenecía a algo, a alguien, a una idea. Quizá fue sólo mi necesidad de vivir algo que marcara mi vida por un segundo y me hiciera soñar que podía ser parte de lo que todos dicen que hace feliz a la gente: el amor.

Si fue así te pido perdón por enredarte en mis confusiones mentales, por lo malo que vivimos y si en algún momento quise hacerte sentir culpable de todo. Perdón por no darme cuenta a tiempo de que ya no dábamos para más pero la cobardía nos hacía permanecer juntos. Mil veces perdón y gracias por soltar mi mano.

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