Pensaba en el problema de la página en blanco y en la necesidad comunicativa que inspira a toda persona que escribe a cumplir con el circuito de la comunicación. Sí, en este sistema donde el emisor (en este caso su servidora) se escuda ante el receptor (usted, lector).  ´

Puede representar un problema: yo puedo escribir cuanto se me venga en gana y usted puede no querer leerme. Toda esta redundancia es porque pretendo tocar algunas fibras nerviosas del sistema social en el que nos encontramos: la manipulación del concepto del “amor” y los términos que trae consigo.

En este momento ¿qué pensamos del amor, del Eros en específico?

Un tema extenso, desde luego. Pero vamos a una cuestión en concreto: la comunicación humana Ad pedem litteræ.

Es decir, “al pie de la letra”… Sí, de la letra en las redes sociales.

Hace unos días leí un artículo que mencionaba el manejo de las redes sociales y su activa participación como el Cupido moderno. Hoy en día conocer a una persona (aparentemente) resulta más sencillo. Lo “stalkeas” o hay una serie de dependencia “mensajera” donde los susodichos pueden pasar horas escribiéndose sobre el típico ¿qué haces?, ¿cómo estás? (Acoplándonos ¿Ola K ase?)

Desde luego, hablar sobre redes sociales es tantear arenas movedizas, existen pros y contras que definen su situación actual. Pero regresemos al punto. ¿Qué impacto tiene este tipo de comunicación en las relaciones amorosas?

Si bien el circuito de la comunicación establece ciertos parámetros a considerar que pretenden ser una estructura “modelo” de la comunicación humana aquí existe una cuestión en donde “el canal”, es decir, el soporte por donde se transmite el mensaje es visual. De esta forma y teniendo en cuenta el panorama actual, resulta interesante cuestionarnos en cómo manejamos estos elementos comunicativos para nuestro beneficio.

Desde el famoso “visto” hasta el retaque de imágenes presente en estos medios la sociedad inestable en sí, nos presenta el mundo de lo virtual con preponderancia. Nosotros y las nuevas “generaciones” tenemos la tecnología impregnada en el estilo de vida. De igual forma añadimos a las relaciones humanas este matiz tecnológico. ¿Será ésta la comunicación más efectiva? No. Pero sí la más eficaz. Aparentemente, más útil.

Corresponde a las relaciones humanas el compendio de mensaje no verbales. Gesticulaciones, movimientos y posiciones del cuerpo, etc. (¿Qué hay de las famosas feromonas? Placer negado a nivel virtual) ¿Por qué caemos en malinterpretaciones al utilizar redes sociales? Precisamente por ello. No podemos utilizar nuestros sentidos completamente. No reconocemos en la otra persona el sentido de su mensaje. He aquí que Eros se nos está robotizando.

Claro está, el uso o desuso adecuado es ajustable en cada persona. Sin embargo, es inegable el carácter incompleto, desde el punto de vista comunicativo, de  las relaciones “interpersonales” a través de una plataforma virtual.

Sería bueno preguntarnos ¿Hasta qué punto es factible usar los medios virtuales? ¿Estamos sustituyendo un tipo de comunicación más completa por otra más acelerada? ¿Conocemos realmente lo que piensa nuestra pareja o susodicho? ¿Sentimos satisfacción entera, comunicación plena o desidia al “conversar” en demasía con otra persona?

Hablar de la comunicación, del amor y de sus relaciones resulta complejo, sin embargo, es muy útil observar nuestro entorno respecto a este tipo de temas que resultan de importancia. Sería interesante cuestionarnos un poco. Probablemente, lleguemos a una conclusión que satisfaga nuestras necesidades comunicativas y, ya de paso, darle a Eros una revitalizada con ayuda de la buena Psique.

Por lo pronto, estos comentarios quedan a disposición del receptor, que espero no opte por cerrar el canal de la comunicación y evitar leer el próximo artículo.

¡Saludos virtuales!

Fuente imagen:

http://www.maicar.com/GML/Eros.html

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