«Evitaba exponerse a la luz cruda y ocultaba los ojos bajo el brazo. La luz del día, de una lámpara o de la luna llena le hacía daño: lo desnudaba, penetraba bajo su piel y ahí revelaba la vergüenza o las lágrimas secretas. La sentía pasar su cuerpo como una llama que hiciera arder sus máscaras, un filo que retirara lentamente el velo de carne que mantenía entre él y los otros la distancia necesaria»
Tahar Ben Jelloun.