George Orwell es popular por sus críticas obras y la peculiar manera en la que se oponía al control sobre el humano. No era sólo un pensador, era de esas personas que toman las armas para luchar cuanta guerra pueda, siempre y cuando, claro, que los fines correspondan a su ideología. La novela “1984”, por ejemplo, presenta una distopía y su crítica, en la cual va implícita la oposición del autor al control total de las acciones en una sociedad, como lo es con el “Big Brother”.

Pero en cuanto a críticas por el autor británico, quizá la más severa de todas ellas es “Rebelión en la Granja” (Animal Farm). Una crítica que comienza a ser una terrible sátira de, nada más y nada menos que la mismísima Unión Soviética de la época gobernada por el Stalinismo. Casi de manera más específica, gran parte de la obra es una crítica a Stalin; aquel hombre para muchos más malo que Hitler, pero sin la suficiente propaganda.

El cuento toma lugar en una granja, por si aún quedaba duda. Un puerco muy apreciado por los animales les habla de ideas de liberación, del control de los animales sobre ellos mismos. Tales pensamientos comienzan a dar vueltas en la mente de los animales de la granja, empiezan a desear una realidad distinta, pero no saben cómo llegar a ella; no confían si quiera en que podrán ellos lograr liberarse, sin embargo, el destino les “favorece”. Es entonces cuando comienza la historia sobre todo lo que pasó en la granja Manor.

Rebelión en la Granja no sólo nos enseña lo que, de acuerdo con Orwell, le sucedió a la Unión Soviética durante sus primeros 20 años de haber sido formada, sino que también nos plantea un proceso cíclico del poder que vale la pena analizar.

Bonus para los melómanos: El famoso conjunto británico, Pink Floyd, escribió un álbum conceptual titulado “Animals”, el cual fue inspirado por la obra de Orwell, con notables diferencias como lo es el que, mientras que Orwell criticaba al Comunismo, Pink Floyd criticó al capitalismo y a la industrialización por la que pasaba Inglaterra en ese entonces.

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