Admitámoslo, todos tenemos nuestros momentos en que nos azotamos escuchando canciones que nos “llegan”. Hoy por ejemplo, con mi amiga Euri(@euridice_euri) nos agarró la nostalgia y armamos un playlist cursi y azotado, por el simple gusto de entrar a ese mood, down. Estos ratos sólo me los permito con ella, digamos que conoce a un Mike más humano que la mayoría de la gente que me rodea.

Y es que en la vida, a final de cuentas no todo es alegría, hay momentos buenos y momentos malos, hay experiencias que te hacen sentir elevado y sublime, y también pasamos nuestros propios infiernos personales.

No comprendo a las personas que dicen ser felices todo el tiempo, simplemente no puedo creerles; por otro lado, no soporto a las personas que se la viven en la tristeza.

Esas experiencias, por terribles y devastadoras que parezcan, al final son las que te dan la fuerza, el coraje, el conocimiento, en pocas palabras, la experiencia en este juego que es la vida.

Lo que perdiste, lo que te dolió, con las cicatrices que pudieron quedar, son ese aprendizaje que te tocó vivir para que decidieras cómo llevar tu vida. Culturalmente tendemos a magnificar el dolor, el duelo, vivir un luto por eso que ya no está.

Y a veces, ser felices es tan simple como dar un bocado a un platillo que nos gusta, platicar con tus amigos, reunirte con la familia, encerrarte a escuchar música que te hace sentir bien o leer un buen libro. Nos han vendido la idea de que la felicidad radica en la posesión, en el consumir, en vestir de determinada manera, en tener; o bien en nunca estar solos, depender de tus amigos y tu pareja para estar completo. Por eso cuando una relación termina, las personas que basan su felicidad en la otra persona sufren más. Independientemente de las circunstancia, les aterra la soledad porque nunca se han dado la oportunidad de estar solos con sus emociones e ideas.

La soledad tiene dos caras, una muy obscura y triste, pero tiene un lado de luz que te permite reencontrarte, apapacharte, perdonarte y reconocerte perfecto en tus virtudes y defectos, en las victorias y derrotas. Pero al final sólo tú eliges si aceptas la vida como es o si te clavas en el azote.

A veces lo más difícil es dejar ir, pero cuando liberas eso que tanto quisiste, en armonía y en paz, te haces dueño de una felicidad mayor, el estar en paz contigo mismo.

Pero bueno, el mood era azotado, y esta es una canción de esas llegadoras…

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Miguel Pérez
Miguel Pérez, profesional del comercio exterior subempleado con una malsana obsesión por ser escritor. Ensayista, narrador y cuentero totalmente desconocido y parcialmente deslactosado. Escribe en su blog Gegenverfrendungs-Effectk (http://www.en-el-divan.blogspot.mx/) desde 2005. Ha colaborado en varias revistas electrónicas.

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