Sí, no lo niego, estoy pensando en todo eso. Pienso en ti como quien piensa en una noche de verano a la orilla de la playa; con esa nostalgia de quien añora tiempos mejores. No me mal entiendas, eres un recuerdo un tanto grato, como los bailes y los besos bajo la lluvia. Sé que pensamos que sería romántico pero la verdad es que no se siente como en las películas.

Pensaba en el principio y en el final, en el primer beso y las peleas que terminaban con tus labios fundidos con los míos en una lucha apasionada. En tu forma de insinuarme que tu cuerpo necesitaba del mío y todo lo que inventaba para que el sexo no fuera rutina o monotonía.

Hoy todo son cosas difusas, imágenes que corren de un lado a otro en mi mente. A veces sonrío y otras no puedo evitar que las lágrimas corran por mis mejillas, traicioneras. No es porque me duelas, al menos no eres tú, son los recuerdos; esos que pensé que morían con tu ausencia.

Cada día me convenzo más a mi misma que enterrar y borrar las imágenes no fue suficiente porque viven en mi cerebro, me atormentan y se burlan de mí en la soledad cuando menos lo espero. ¿Cómo se calla la ausencia y el recuerdo? ¿Cómo cubro esa ausencia y termino con la costumbre?

Ya los medicamentos no ayudan a apagar mis sentidos, porque sé dónde estás y no pretendo ir a buscarte. Te dejé apaciguado y callado en aquel lugar , el más iluminado. Nadie lo sabe, no tienen porqué. Estás donde siempre debiste haber estado, abrazando toda nuestra historia; en nuestro lugar.

Poco a poco y día a día, el tiempo me dará la razón. Se llevará mis pensamientos en otra dirección diferente, una que no lleve a ti, que no lleve al campo donde te conocí. Uno que no mire debajo del árbol donde grabaste nuestros nombres y de donde nunca te volverás a ir.

 

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