Cuando la ficción se da a la tarea de retratar el sector más marginado de la sociedad norteamericana lo hace a través de las historias que tiene que contar sobre las personas sin techo (conocidas como homeless) o los que residen en caravanas, normalmente retratados como la basura blanca (white trash) carente de estudios que habitan a las afueras de las ciudades. Sin embargo hay un grupo dentro de este sector, igual de desfavorecido pero que ha recibido menos visibilidad, las personas que viven en moteles. Tienen un techo donde resguardarse pero que no les pertenece. No sólo son la línea media de la clase más pobre de América, también han inspirado a Sean Baker (Tangerines) para crear The Florida Project.

Para describir el estilo de Sean Baker como director hay que tomar en cuenta su virtuosa labor para retratar la fealdad a través de la belleza. The Florida Project, un guión escrito por él mismo y Chris Bergoch, refleja todos los males que acarrea a la América actual a través de la inocencia que implica ser niño. Porque Moonie es una pequeña de seis años, intrépida, audaz y muy inteligente, capaz de crear el caos a través de su única intención, jugar, de ser una niña, lo que realmente es. Y ella no conoce otra vida pero es feliz con lo que tiene: sus amigos, un motel que recorre a su antojo y la complicidad de su madre, que a veces raya en la irresponsabilidad y allí nace los conflictos que plantea la historia. Hayley es una madre pero no se comporta como tal, no muestra límites a su hija, al contrario aúpa su comportamiento con malos ejemplos. Hayley también es el blanco fácil de ese otro sector de la sociedad que la señala por sus errores pero es incapaz de tenderle la mano y que busca resarcir sus daños aunque termine ocasionando otros. Madre e hija representan una realidad universal, afincada en la sociedad occidental siendo el resultado de la falta de estudio, de la desigualdad de oportunidades y, por supuesto, los embarazos no planificados. La historia concede cabida a la bondad a través de Bobby, gerente del motel que además representa la figura paterna y desinteresada que merece Moonie.

The Florida Project es una historia orgánica con un aire a documental que se percibe cuando la cámara comienza a grabar y los planos se hacen largos y abiertos dejando a los personajes en situaciones ordinarias, también cortesía de Sean Baker quien ha editado la película. O cuando los diálogos entre los adultos despilfarran una naturalidad que a veces genera empatía o desacuerdos. Además funciona como reflejo de una realidad palpable que ensombrece el aura impoluta que durante años Estados Unidos se ha tratado de ensombrecer. No es casualidad que Moonei y Hayley, y lo que representan, vivan a escasos kilómetros de Disney World, el lugar más bonito del mundo. Pero si habla de bonito, hay que resaltar el trabajo de Alexis Zabe quien dispone de una paleta variopinta para retratar un ese ambiente en decadencia donde hacen vida los protagonistas.

Sean Baker ha dirigido una de las mejores películas de 2017, una historia cruda pero cargada de mucha sensibilidad, donde también hay que acreditar el trabajo de Willem Dafoe en el personaje más empático de su carrera, Bria Vinaite, una debutante que aporta naturalidad a Hayley y la pequeña gran revelación, Brooklynn Prince quien se apodera de la película y desprende un aura angelical capturando inmediatamente el cariño y la complicidad del espectador qprojectue terminará con el corazón hecho trizas después de ver la película.

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