Cuando te conocí nunca creí que serías tan especial, te consideraba una persona más con la que tenía que convivir; poco a poco algo fue cambiando y de repente en un abrir y cerrar de ojos ya eras todo mi universo. Me perdí en tus ojos color arena y en la comisura de tus labios que me hicieron adicta a tus sonrisas a esa forma en que te muerdes los labios al hablar y la manera tan singular de sonreír que sólo tú posees.

Sin meditarlo te volviste confidente de cada una de mis desventuras y tu mano posada sobre la mía me reconfortaba de una manera que ni siquiera los mejores poetas han sabido describir, eras tú lo que más necesitaba para ser feliz. Me hacías sentir libre y era mi decisión quedarme y hacer de tus brazos mi refugio, únicamente tú, mi inspiración.

Así tan pronto como llegaste y me enseñaste a volar, fue tan pronto como cortaste mis alas y me tiraste al suelo sin reparar en mi fragilidad de niña y mi delicado corazón comenzó a sangrar. Ya no era tu niña, no era más que un objeto al que habías terminado de usar y ahora arrojabas al rincón con todas las cosas olvidadas e inservibles. Te dediqué ríos de lagrimas y noches de insomnio porque trataba de buscar el momento en el que me volví obsoleta y repasé las veces que jurábamos amor para ver donde estaba la falla. No encontré nada, ninguna explicación.

Me perdí a mi misma por un tiempo y tuve que poner pausa a todo esto, todo lo que yo creí conocer del amor, lo que tú me dijiste que era amor. Recorrí laberintos, de esos que atraviesas a ciegas y en la oscuridad tomada de las paredes y rogando en silencio no tropezar; caí y me levante mil veces hasta topar con la luz al final del túnel, para reencontrar mi camino.

Hoy analizo lo nuestro, esa historia de un millón de páginas que yo pensaba que nunca tendría fin. Gracias, me hiciste un favor; decidí arrojar el libro muy lejos porque es de esas lecturas que no necesitas releer para aprender de ellas. Sin mencionar que mientras yo intentaba escribir el final tu ya estabas leyendo otro libro.

Hoy se queda todo donde siempre debió haber estado, en el olvido. Lo siento eso fue todo, no te vuelvo a querer.

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MsIpRamz
Psicóloga, comunicologa, escritora de microcuentos y otros debrayes, consejera, twittera y algo geek (dicen por ahí).

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