Hace 12 años comencé a llevar un blog, una especie de bitácora donde anotaba cosas del día a día, ideas sueltas, opiniones, algunos ejercicios narrativos y también, sin proponérmelo de esa manera, algunos textos funcionaban (a veces) como prosa poética ¿qué tiene que ver esto con la piel del cocodrilo? Les cuento…

Si bien el frenesí por el blogging fue disminuyendo paulatinamente, de postear diario hasta hacerlo ahora sólo ocasionalmente, la necesidad de escribir y compartirlo ha seguido ahí.

Una década ha generado una cierta cantidad de escritos que en 2016 separé en dos grupos: ejercicios narrativos e intentos de poesía en prosa. Después de esto me dediqué a leer, releer, corregir e incluso, reescribir todos esos cuentos, relatos y poemas.

A finales de ese año, me animé a mandarlos en dos tomos por separado a una editorial a la que le tengo especial cariño: Editorial Montea de León, Gto.

Debo reconocer que me sentía muy confiado de mi borrador de narrativa, no tanto así del de poesía. Por eso me sorprendió que mi libro de cuentos haya quedado fuera de la convocatoria, pero sin esperarlo los poemas dieron para una plaquette que se publicó en abril de 2017, con el nombre de “Enamorarse de la piel del cocodrilo”.

¿De qué trata “Enamorarse de la piel del cocodrilo“?

“Enamorarse de la piel del cocodrilo”. Montea 2017. Fotografía de portada Tochiro Gallegos.

Una treintena de ejercicios poéticos (no sé por qué me cuesta tanto llamarlos poemas a secas) dejaron el ciber espacio por primera vez y fueron seleccionados y sometidos a un nuevo trabajo de corrección para finalmente llevarlos al lector en un formato físico.

En la lectura de estos textos intimistas el lector se encontrará en lugares cotidianos, con sensaciones familiares: desgarradoras y felices, oscuras o algunas que ofrezcan una cierta luz apenas reveladas.

El lector que se adentre en “Enamorarse de la piel del cocodrilo”, irremediablemente para mí, conocerá mis miedos, mis pasiones, mi cercanía con la tristeza, mi obsesión por permanecer en soledad. Los haré participes de mis preocupaciones, mis momentos felices y compartiré algunas instantáneas de mi propia historia.

Creo que ningún libro ve la luz sin cómplices, y aunque este ejemplar es pequeño, los tuvo, me gustaría mencionar a dos de ellos: el prologo con el que empieza es un regalo que mi querido Eduardo de Gortari tuvo para este primer trabajo impreso. Las imágenes que acompañan a la plaquette son de la lente de otro de mis grandes amigos, el genial fotógrafo tamaulipeco Tochiro Gallegos.

Editorial Montea es una iniciativa joven e independiente, razón por la que me siento muy orgulloso de que este primer librito salga bajo su cobijo.

Si estás interesado en adquirir tu ejemplar, contacta a Montea en su página de Facebook o envíame un mensaje por la misma red social.

 

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