Hereditary es la propuesta más reciente estrenada por el estudio independiente A24, productores de otras películas como The Lobster, A Ghost Story, The Killing of a Sacred Deer, The Witch y otras más que también han dado mucho de qué hablar como Moonlight y Ladybird.

Por lo tanto, no es desmedido afirmar que solo por eso, desde su anuncio, ya Hereditary era una de las propuestas más esperadas del año. Sobre todo para los adeptos del cine independiente, y hay que decir, que A24 sigue sin decepcionar.

Hereditary, como muchos otros filmes, posee una ambigüedad en cuanto a trama que se agradece. Sigue una línea literal que funciona, pero también una metafórica mucho más profunda donde realmente radica lo más relevante de su premisa.

En el sentido literal, Hereditary se desarrolla con una trama sobre la pérdida de los seres queridos anudada a invocaciones, espiritualismo, cultos y ritos, que junto a un ambiente obscuro y misterioso, le dan el toque horrorífico que la hace entrar en el género. Desde este punto dejas varias cosas sueltas que no parecen coordinar, pero aún así, su perspectiva literal termina por funcionar.

Es justamente en esos pequeños detalles y acciones que no parecen encajar del todo con lo que sucede en escena, donde están las pistas que dejan entrever la ambigüedad de lo que cuenta el guión.

Explicación Hereditary

La película inicia con un zoom in hasta una habitación en miniatura, y desde ese instante, nos empieza a dar indicios de lo que estamos a punto de ver. Nos adentramos en el hogar de la familia de Annie (interpretada por Toni Collette), con lo que ella lidia a diario, su familia, sus miniaturas y su interior.

Desde este punto se desenvuelve la trama literal, hasta uno de los momentos claves, cuando Annie explica el repertorio de enfermedades mentales por las que ha atravesado su familia. Depresión, esquizofrenia, demencia, y demás desordenes y trastornos psicóticos. De allí su nombre, Hereditary. Un terror hereditario del que es difícil escapar.

Para reforzar el argumento, la trama suelde dar mucha relevancia al concepto de “perder la cabeza”. Charlie (Milly Shapiro) es decapitada, el cadáver de la abuela descabezado, Annie degollándose a sí misma como analogía del momento definitivo en el que pierde la cabeza por completo, literal y figurativamente.

La enfermedad de Annie se confirma cuando su esposo, Steve (Gabriel Byrne), piensa en enviar un email a un doctor explicando su comportamiento, ya recurrente. Hecho que deja ver que Annie posee un historial de antecedentes médicos similares que ya fueron tratados anteriormente. Mientras que las miniaturas, aparte de trabajo, es su escapatoria para mantenerse ocupada. Lo que explica la recreación de la escena de la muerte de Charlie, que no es más que su manera de lidiar con lo sucedido. De igual forma, la destrucción de todo su trabajo tiene una connotación importante, desde ese momento su confianza se desmorona.

Asimismo, con la escena en la que Annie le trata de arrancar la cabeza a su hijo Peter (Alex Wolff) mientras este duerme, se explica cómo por poco él también pudo haber heredado de su madre algún trastorno psicótico, sin embargo, despierta antes de ello. No sucedió lo mismo con la tímida Charlie, quien sí heredó ciertos desordenes mentales, aspecto que se muestra durante varias escenas, de forma literal y metafórica, siempre evocando la relevancia sobre la cabeza.

Por otro lado, durante la cena familiar, cuando Annie explota de rabia con comentarios sobre la responsabilidad que nadie asume y el hecho de que ninguno admite nada, no piden disculpas, y alega además que la muerte de Charlie ni siquiera los unió. Mientras que Peter y Steve, aunque heridos, tratan de mantener la calma, conscientes de la condición de Annie. Una situación tensa bastante común en familias disfuncionales, sobre todo con largos historiales de enfermedades mentales y trastornos. Una escena fuerte que funciona en ambos sentidos.

Annie Graham (Toni Collette)

Asimismo, la escena en la que Annie despierta a Peter y a Steve para “invocar el espíritu de Charlie” connota otro episodio psicótico similar al de la cena. Sin embargo, esta vez Peter, al no saber qué hacer o cómo tratar con el comportamiento de su madre, reacciona con un llanto infantil que refuerza el concepto metafórico que envuelve el aspecto mental de la trama no-literal.

De igual manera, la escena donde Annie, entre sollozos desesperados le pide a su esposo que lance el libro al fuego para ella sacrificarse y acabar con todo, no está solo tratando de detener la invocación, también le está rogando que la mate para terminar con su propio sufrimiento y el de su familia. Una escena importantísima donde cabe resaltar, Toni Collette se luce.

El sentido del lenguaje cinematográfico que se maneja juega una parte importante de lo que sucede en el sentido no-literario. Los planos, rápidos paneos y movimientos de cámara, más tomas subjetivas, muestran desde otro punto el sentir de Annie. Asimismo, el diseño y edición de sonido resulta tremendamente efectivo.

Igualmente con los rápidos cambios de ambiente, se denota un contraste tosco entre escenas, pasando de la casa obscura a sets mucho más iluminados que por un momento nos sacan bruscamente de la escena. De igual forma sucede con el cambio del día y la noche. De la misma manera en la que aparecen los inesperados episodios psicóticos, que pueden sorprender en cualquier lugar, no solo en la soledad de una casa lóbrega, también a plena luz del día, rodeados de gente, en medio de un aula de clases. Elementos que evocan la brusquedad con la que muchas veces se desarrollan los trastornos mentales. Por un momento se puede estar de maravilla y al segundo, cambiar violentamente sin síntoma previo.

Aunque a veces el guión parece beber de convencionalismos, sobre todo con las usuales figuras que se esconden en la oscuridad y vemos una y otra vez en cientos de películas del género, se pueden parcialmente justificar con episodios de alucinaciones de Annie.

Por otro lado, quizás le sobren algunas escenas al inicio, pero realmente la idea que desarrolla Hereditary de fusionar el drama figurativo con la trama del horror literal, es una apuesta bastante ingeniosa. Después de todo, muchas veces los trastornos mentales no dan otra cosa que terror. Porque al fin y al cabo, todo está en la cabeza.

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