Si ya has leído mis análisis previos sabrás que desde que Juego de Tronos finalizó me he dado a la tarea de revisionar toda la serie y diseccionar cada temporada a través de las muertes que van aconteciendo que de una manera u otra están arraigadas a la lección principal que involuntariamente van recibiendo todos los jugadores de Game of Thrones.

La primera, tercera y cuarta nos han dejado un puñado de muertes inolvidables. Mientras, la segunda me facilitó el poder analizar las hermandades dentro de Westeros. En esta quinta y grandiosa temporada no faltaron muertes. Sir Barristan Selmy se despidió luchando e inspirando a batallar a Gusano Gris. Aemon Targaryen culminó su larga guardia en el Muro. Pero en esta ocasión prefiero centrarme en la muerte de los últimos Baratheon, concretamente en la de Stannis.

¿Por qué solo Stannis? Porque aunque cueste creerlo, su evolución me demostró que pudo haber sido un gran Rey y, sobre todo, porque considero que su verdugo real fue su fe ciega en la Dama Roja y El Señor de la Luz. Y esta temporada estuvo muy marcada por el poder que ejerce la religión entre sus creyentes fervientes. Y en como la religión y el poder no deberían mezclarse.

Creyente o fanático, las dos caras de la religión

Para comprender el papel que juega la religión en la serie hay que retroceder hasta la segunda temporada cuando The Red Lady dio a luz una cosa o citando a Brienne “una sombra con la cara de Stannis Baratheon” que acabaría asesinando a Renly Baratheon. Este tipo de cosas es Game of Thrones; cualquier candidato al poder es también un candidato principal para la muerte espantosa. Pero lo que es diferente es que ese monstruo de humo y muchos otros eventos misteriosos no solo se basan en magia, como otros productos del género de fantasía. Son los productos de religiones funcionales y poderosas. Estas religiones son legítimas en el mundo de los Siete Reinos.

Melisandre o The Red Lady para los amigos, sirve al Señor de la Luz (The Lord of Light), R’hllor, quien exige no solo la lealtad de sus seguidores a cambio de milagros sino también su exclusividad. Paradójicamente algunos de los arcos más violentos de la historia provienen de las presuntas demandas del Señor de la Luz en retorno a lo que le piden. Sin embargo, seguir al Señor de la Luz tiene su lado positivo, ofreciendo milagros y viendo eventos futuros en las llamas.

Pero en Westeros también hay otras religiones, la mayoría con un poder propio. En la ciudad libre de Braavos, ha surgido un culto en torno a la muerte, que tiene muchos nombres y caras: “Los hombres sin rostro”que se elevan entre las filas de esta religión obtienen el poder de asumir la identidad de otra persona para llevar a cabo los asesinatos requeridos por su Dios. Estos «hombres sin rostro» sirven a un dios particularmente brutal, pero de hecho, la mayoría de las religiones que valen la pena en Game of Thrones son de brutal naturaleza. Es esta religión la herramienta que permite a Arya vengarse del primer nombre de su lista: Meryn Trant.

Por último está la religión de “los Siete” o “los nuevos Dioses”. Sus creyentes no esperan milagros pero imparten bondad. No responden oraciones, no hacen milagros ni se dignan participar en batallas partidistas entre Stark, Lannister y Tyrell. Pero se invocan en cada ocasión de estado, juramento y boda en Poniente. Sus miembros cuidan de los soldados caídos y educan a las próximas generaciones de las casas.

Y por último está La Fe, impartida por un grupo de fanáticos que juegan a ser Dios. Ellos deciden que está bien, que está mal y cómo los pecadores deben expiar sus pecados. Cersei les da carta blanca para que los gorriones como se hacen llamar, acaben con los hermanos Tyrell pero tal como lo predijo Tywin (“te crees más inteligente de lo que eres”) su plan pronto se revierte y acaba siendo la protagonista del acto más humillante que veremos en la serie.

Stannis Baratheon, una víctima de sus propias creencias

Claro, después de Cersei está Stannis la gran víctima de la religión -o dicho mejor- su fanatismo desmedido. Creer en las visiones de Melisandre lo llevó a perder todo. Y es una lastima porque por un tiempo llegué a sentir empatía con Stannis e incluso a visualizarlo como un buen Rey.

Si bien puede no haber tenido el carisma de un Robb Stark o un Tyrion Lannister, o el idealismo juvenil de una Daenerys Targaryen o Jon Snow, para mí Stannis Baratheon pudo haber sido un buen gobernante. He encontrado al Señor de Dragonstone indudablemente magnético desde el principio. En un mundo lleno de personajes imponentes: Cersei con sus vestidos de brocado, Tyrion con sus borracheras y Dany con sus dragones y sus proclamas: Stannis fue un mandatario terrenal. Stannis, con su atuendo gris oscuro y su sonrisa sombría, tiene el aspecto y la disposición de un presidente. Todo sobre él está fuera de lugar en medio de la pompa de Poniente. Me encanta lo seco y punzante que fue. El contraste de su severidad imperturbable con el extraño séquito que lo rodea hace que toda su historia sea más interesante.

Una hija bien leída que ha vivido prisionera por su madre, una esposa clasista y loca, un contrabandista sabio y una bruja/sacerdotisa. Toda la atmósfera espeluznante del lugar, junto con la caracterización matizada del actor Stephen Dillane, dibujó un personaje con muchos matices.

Sin embargo lo que convirtió a Stannis en un gran aspirante a Rey fueron sus motivaciones. Dany quiere el trono porque cree que es su derecho de nacimiento y cualquier otra cosa que Viserys haya inculcado en su mente. Robb quiso ser independiente porque sus antepasados así lo fueron. A Joffrey no le importaba Westeros en lo absoluto. Renly quería ser rey porque pensaba que sería bueno (y en su momento también lo creí). Balon quería ser Rey para recuperar la gloria. Todos ellos no toman en serio su título de Protector del Reino. Stannis fue una de las pocas personas que se dio cuenta de que necesitaba salvar el Reino antes de poder gobernarlo, y siguió este principio.

Entonces ¿por qué Stannis Baratheon murió? Por su fanatismo religioso, desde luego. Stannis pudo negociar con Renly, buscar aliados para sostener su proclama al trono; era un hombre elocuente y podía haber conseguido mucho a través del diálogo pero prefirió matar a su hermano con una sombra engendrada por Melisa. Stannis fue un buen padre (la historia de cómo y por qué decidió curar la psoriagris de Sheerin es una de las escenas más bonitas de la serie) pero prefirió usarla como carnada para las peticiones del Señor de la Luz. Eso lo llevó a perder su familia y posteriormente la mitad de su tripulación. Una decisión basada en su religión fue el punto de quiebre para el que pudo ser un Rey digno.

Después de todo, puede que Stannis no haya sido agresivo como Robert ni carismático como Renly, pero Stannis fue un hombre estoico, severo y honesto. Enviado a la desolada isla de Dragonstone nunca discutió, recurriendo una vez más a cumplir su deber en silencio. Cuando su esposa, aún incapaz de darle un hijo decidió no volver a casarse y cumplió su deber con su esposa e hija. Tras la muerte de Robert, el deber lo obligó a convertirse en Rey como el heredero legal y porque se cree capaz de adecentar lo que hizo su hermano. Pero una vez más, su hermano lo traicionó y los Señores debajo de ellos se volvieron contra él. Nunca quiso matar a Renly, pero el deber lo llevó a acabar con el hombre lo más rápido posible.

A medida que avanza la historia, fuimos testigos de que Stannis perdió piezas de sí mismo, pero nunca lo vimos disminuir su sentido del deber. Por ejemplo, cabalgó hacia el norte para salvar a la Guardia de la Noche como era el deber del Rey. En el último capítulo de esta temporada, a pesar del abandono de Melisandre, muestra que todavía no ha perdido el sentido de la lucha. Él elige pelear con sus soldados como lo hizo en Aguasnegras sin siquiera intentar huir.

Y en sus últimos minutos de vida finalmente se encuentra con Brienne y ve en ella alguien muy parecido a él: traicionada por la familia, burlada por la sociedad, una guerrero endurecido por la batalla con inmensa determinación, solo tratando de cumplir con su deber. Él diciéndole que cumpla con su deber es su aceptación de su cruzada y su reconocimiento de una muerte honorable a manos de una persona que en otras circunstancias pudo haber admirado.

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