Tolkien no es alguien quien necesite introducción alguna; su obra es famosa alrededor del mundo y entre los fanáticos de distintas artes, pues, a pesar de plasmar las maravillas que en su mente habitaban en su mayoría a la literatura, ha influenciado a incontables músicos, de Black Metal a Rock n’ Roll y hasta New Age. A su vez, distintos pintores como Alan Lee (en imagen) han trabajado inspirados en la obra de Tolkien, y ni se diga en el cine, pues El Señor de los Anillos y El Hobbit han sido ya en dos ocasiones (o quizá más) llevados a la pantalla grande.

Hoy habré de recomendarles una de sus obras menos populares entre las que son fáciles de conseguir. Se trata de “Los hijos de Húrin”. No es “underground”, sin embargo, su nivel de popularidad está por debajo de aquél que posee “El Silamrillion”, y, por ello, para muchos pasa desapercibido, por lo que podría decirse incluso que es a veces subestimado.

Mucho antes de que fuese forjado El Anillo por el cual Frodo y Sam sufrirían tanto, existió un villano del cual Sauron hubiese sido un siervo: Morgoth. Quizá para algunos ya haya bastado su nombre para imaginar cuán maléfico era el ser, pues su nombre inspira más allá del horror y la destrucción; y quizá con ello haya sido suficiente para siquiera imaginar el valor que requeriría el héroe de la aventura, Túrin, para enfrentarse a Morgoth.

Vengar las pérdidas provocadas por cómo la maldad se apoderaba de las tierras que él habitaba es el propósito de Túrin, hijo de Húrin. Con Elfos entrenarse a pesar de ser hombre, luchar contra ejércitos y convertirse en fugitivo entre otras experiencias es por lo que pasa Túrin a lo largo de su historia. La idea es sencilla, es inclusive genérica, sin embargo, es la manera en que está desarrollada lo que importa. Ya sea que les interese conocer mejor el trabajo de Tolkien o que busquen una novela de fantasía este título es indispensable; en cuanto se topen con el libro, si les gusta Tolkien, no duden en leerlo.

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