Estoy enamorado de ti, y no me apetece privarme del sencillo placer de decir la verdad. Estoy enamorado de ti y sé que el amor es solo un grito en el vacío, que es inevitable el olvido, que estamos todos condenados y que llegará el día en que todos nuestros esfuerzos volverán al polvo. Y sé que el sol engullirá la única tierra que vamos a tener, y estoy enamorado de ti.”

Ya sé que es una semana tarde con el estreno de la película, pero han de saber que soy de las que prefieren los libros a las películas así que cuando me dijeron: ¿Cuál es tu frase favorita de Bajo la misma estrella?  Saque de nuevo la libreta dónde las anote y busque la traducción tal cual viene en el libro en español.

He de admitir que lloré como una niña leyendo este libro, más que nada porque sé perfecto lo que pasa una persona con cáncer,  sé de esos momentos de desesperación, de lo que es sentir que empiezas a estorbar, de lo que es dejar de sentirte alguien “normal”, de lo difícil que son los tratamientos,  de la incertidumbre del día a día, de cómo es sentirte “una granada” con miedo a estallar y destruir todo y sobretodo del miedo a lastimar a aquellos que amas. Mi padre me enseñó todo eso durante dos largos años y me regalo nuestro pequeño infinito, aunque algunos infinitos sean más grandes que otros.

Fuera de la crítica de que Bajo la misma estrella es una historia más de amor, entiendo el punto de John Green, la gente enferma también ama y una persona enferma sigue obteniendo lecciones de los demás sin importar que este condenada a morir. Uno nunca sabe cuanto le queda en la Tierra y pues “todos merecemos nuestro pequeño infinito”.

Bajo este concepto, John Green nos regala una historia llena de emotividad y mensajes para reflexionar, unas ganas de vivir y luchar aprovechando al máximo cada minuto de nuestra historia y de nuestro infinito dure lo que dure.

Hazel Grace y Gus
Hazel Grace y Gus

Aquí a mi criterio las mejores frases:

– Me diste un para siempre dentro de días numerados y estoy agradecida. 

–  Mira, es una metáfora. Te colocas el arma asesina entre los dientes y nunca le das el poder de matarte.

– El amor es mantener las promesas pase lo que pase.

– A veces la gente no es consciente de lo que está prometiendo.

– Podría imaginarlo, podría recordarlo pero no podría volver a verlo, y se me ocurrió que los sueños que se hacen realidad nunca sacian la voraz ambición humana, porque siempre pensamos que podríamos volver a hacerlo todo mejor.

– Sería un privilegio que me rompieras el corazón. 

– A veces lees un libro y te llena con ese fervor evangélico raro, y te convences de que el mundo destrozado nunca se pondrá de nuevo junto a menos de que y hasta que todos los seres humanos lean el libro. Y luego están libros como Una aflicción imperial, de los que no puedes decirle a la gente, libros especiales y raros, y tuyos de los que la publicidad de tu afecto se siente como una traición. 

– Creo que no todo el mundo puede conservar sus ojos, o no ponerse enfermo o lo que sea, pero todo el mundo debería tener amor verdadero y debería durar como mínimo toda su vida.

– No puedo expresar lo mucho que te agradezco nuestro pequeño infinito. 

– Quisiera volver a verte hoy mismo, pero estoy dispuesto a esperar toda la noche y buena parte de la mañana. 

– Sentí que me enamoraba de él como cuando sientes que te estás quedando dormida,  primero lentamente y de repente de golpe.

– Pero después quise más tiempo para que pudiéramos enamorarnos. He conseguido mi deseo, supongo, y he dejado mi cicatriz. 

– Me gusta mirar a las personas guapas, y hace un tiempo decidí no privarme de los sencillos placeres de la vida. 

– No puedes elegir si van a hacerte daño en este mundo, pero si eliges quien te lo hace. Me gustan mis elecciones. Y espero que a ella le gusten las suyas.

– Mis pensamientos son estrellas con las que no puedo formar constelaciones.

– Llegará un día en que todos nosotros estaremos muertos —dije—. Todos nosotros. Llegará un día en que no quedará un ser humano que recuerde que alguna vez existió alguien o que alguna vez nuestra especie hizo algo. No quedará nadie que recuerde a Aristóteles o a Cleopatra, por no hablar de vosotros. Todo lo que hemos hecho, construido, escrito, pensado y descubierto será olvidado, y todo esto —continué, señalando a mi alrededor— habrá existido para nada. Quizá ese día llegue pronto o quizá tarde millones de años, pero, aunque sobrevivamos al desmoronamiento del sol, no sobreviviremos para siempre. Hubo tiempo antes de que los organismos tuvieran conciencia de sí mismos, y habrá tiempo después. Y si te preocupa que sea inevitable que el hombre caiga en el olvido, te aconsejo que ni lo pienses. 

—Gracias por venir.

—Ya ves que intentar mantener las distancias conmigo no va a cambiar mis sentimientos. 

—Lo imagino —le contesté.

—Todos tus esfuerzos por salvarme de ti fracasarán. 

– Si ella estuviera mejor, o usted más enfermo, las estrellas no se habrían cruzado de forma tan terrible, pero la naturaleza de las estrellas es cruzarse, y nunca Shakespeare se equivocó tanto como cuando hizo decir a Casio: «La culpa, querido Bruto, no la tienen nuestras estrellas / sino nosotros». Es muy fácil decirlo cuando eres un noble romano (o Shakespeare), pero nuestras estrellas tienen no poca culpa de lo que nos sucede. 

– Estoy ya en las nubes.

—Sí —dijo en voz baja—. Creo en esa frase de Un dolor imperial que dice: «El amanecer brilla en sus ojos, que se pierden». Creo que el sol del amanecer es Dios, la luz brilla y sus ojos se pierden, pero no están perdidos. No creo que volvamos a sufrir o a disfrutar de la vida, ni nada de eso, pero sí que vamos a parar a algún sitio.

– Son almas bondadosas y generosas que nos sirven de inspiración cada vez que respiran.

– Lo que define al hombre es su capacidad de maravillarse ante la majestuosidad de la creación.

– Cuando sus labios entreabiertos rozaron los míos, empecé a sentir que me faltaba la respiración, pero de una manera nueva y fascinante.

– Creo que en este mundo tienes que elegir cómo cuentas las historias tristes, y nosotros elegimos la versión divertida.

– Había dedicado buena parte de mi vida a intentar no llorar delante de las personas que me querían, así que sabía lo que estaba haciendo Augustus. Aprietas los dientes. Miras al techo. Te dices a ti misma que si te ven llorando, sufrirán, y solo serás tristeza para ellos, y no debes convertirte en mera tristeza, así que no llorarás, y te dices todo esto a ti misma mirando al techo, y luego tragas saliva, aunque la garganta no la deja pasar, y miras a la persona que te quiere y sonríes.

– No voy a contarles nuestra historia de amor porque, como todas las historias de amor reales, morirá con nosotros, como debe ser.

– A veces parece que el universo quiere que lo observen.

– Todas las células surgen de células. Toda célula nace de una célula anterior, que a su vez nació de otra célula anterior. La vida surge de la vida. La vida engendra vida que engendra vida que engendra vida que engendra vida.

– Algunos turistas creen que Amsterdam es la ciudad del pecado, pero en realidad es la ciudad de la libertad. Y en la libertad casi todos encuentran el pecado.

– Soy una granada, y en algún momento explotaré, así que me gustaría que hubiera el menor número de víctimas posible, ¿vale? 

«Una novela sobre la vida y la muerte, y sobre los que están atrapados entre las dos… Reirás, llorarás y te quedarás con ganas de más.»
Markus Zusak.

Un libro para leer y releer recordando las risas, el amor y las lágrimas. ¿Okay?

Quizás “Okay” será nuestro “siempre”
Quizás “Okay” será nuestro “siempre”

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