La puerta obsoleta, en la nuca de alguna cabeza desordenada, se dejó olvidada una puerta trasera, una puerta en lo alto como queriendo tocar el cielo, pero siempre más cerca del suelo. Una puerta al vacío, un salto seguro, sin regreso en las alas del olvido.

¿Pero, qué? Si esta puerta no es una salida, sino una entrada, entonces no fue una cabeza desordenada, sino un sabio que camino por seis caminos hasta dejar esta entrada a la temible enormidad.

¿Qué? Si los últimos pasos después de la puerta no son una caída, sino un salto que deja abajo, el espacio frió, oscuro y sin nada, que se queda en la cabeza, la enormidad se vuelve agua de pensamientos, la nueva materia de luz para el ojo que previo.

Una puerta olvidada en las alturas del aire, los últimos pasos por la plancha de este mundo barco en el mar del universo, pensamiento sin libre albedrío O la realidad que la cabeza consiente anhelaba encontrar.

 

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