Siempre he creído que no tenemos porqué etiquetar a la gente, que si es gay, que si es lesbiana, que si es metalero, fresa o reggetonero. ¿Eso realmente lo define por completo? ¿En verdad esa palabra que le has colgado como letrero en el cuello dice quien es en realidad? ¿Lo abarca todo?

Sinceramente las personas son eso, personas. Nada más, colocarle una etiqueta en la frente no servirá de nada ¿por qué? Por lo que eso significa. Veamos, decirle “nerd” a alguien inmediatamente nos manda la imagen de una persona que se la pasa estudiando, con lentes, brackets, sin amigos, un ratón de biblioteca, etc. ¿Me explico? Puede que haya etiquetas agradables pero al final no definen totalmente a la persona.

No nos dice si esa persona es agradable, simpática, si disfruta de la misma música que tú, si también ama ver el fútbol los domingos o si estudia tan duro porque tiene una beca y conservarla es su única posibilidad de seguir en la escuela. O que tal si esa chica que ves por la calle con una niña de la mano no es su madre sino su hermana, su madre trabaja y ella la cuida, pero claro, tú ya la etiquetaste como una “fácil” con un hijo.

Juzgamos, criticamos, no nos damos el tiempo de conocer a la persona detrás de la imagen. Creemos que al ponerle cual frasco una estampa con alguna leyenda lo sabemos todo. Ella es “golfa” y ella “mojigata“, él es un “teto” y él es un “naco“. ¿Por qué? ¿Será acaso la necesidad de sentirnos superiores? ¿Será que vemos algo en ellos que desearíamos tener y preferimos ocultarlo minimizándolos?

Así de fácil vamos por la vida poniéndole un adjetivo a todo y no nos detenemos a pensar lo que provocamos en la gente con eso. Seré breve, solo quiero invitarlos a acercarse a las personas antes de hablar. A mi parecer necesitaríamos ir por la vida cargando un montón de etiquetas y aún poniéndole a alguien 50 no terminaríamos de describirlo realmente.

Somos superficiales, nos dejamos envolver por lo que nuestros ojos ven, sin indagar, sin ver a través de la mascara que todos nos colocamos día a día. Por protegernos, por agradar, por encajar. Porque si no molesto a “el burro” de mi salón me pueden hacer igual, porque si nos juntamos con “la zorra” puede que piensen que somos iguales; entonces es mejor juntarnos con “el ñoño” o “la popular”. ¿Acaso no cualquier persona merece respeto?

Atrevámonos a ser diferentes, a acercarnos a la gente, a integrar a quienes han sido apartados por lo que podamos pensar de ellos; quizá descubras que ése que pensabas que nunca podría ser tu amigo, tiene más cosas en común de lo que crees. Date la oportunidad de conocer antes de decidir si esa persona es o no como aparenta.

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