Para mi Lobo Feroz que me cuida del leñador.

 

Antes de Revolución, cuando Díaz estaba en sus últimos años antes del conflicto armado, aquí en mi colonia eran haciendas, grandes y ricas haciendas de poderosos hacendados, se presume que uno que otro hizo tratos con el mal para poder tener tanta riqueza.

A ciencia cierta nadie lo sabe, pero se rumora que existió un hacendado tan inteligente y mañoso que logró ganarle al Diablo en su propio juego, apostó su alma y se la ganó, en otro momento cuando el mismísimo Señor de las Tinieblas vino a su casa llegó en un carruaje negro, con caballos tan grandes que parecían estatuas con ojos brillantes, dientes blancos y una crin tan negra que en la más profunda obscuridad solo se veían los ojos y la sonrisa del caballo.

El carruaje llegó hasta la hacienda de la Plata, era conocida así por el apellido de aquella familia que sólo tenía por heredera una hija, cuando el invitado llegó la luna se escondió y las estrellas no brillaron más.

La encarnación del mal, llegó en su carruaje terrorífico guiado por unas manos blancas que no se sabe si eran falanges o simplemente muy delgadas, la hija del señor Plata en una acto de desobediencia infantil, poco común en ella, abrió la puerta al extraño visitante que olía a tierra mojada y los dos quedaron prendados el uno del otro, el señor Plata lo notó de inmediato y la mandó encerrar.

La hija aún con pensar en el corazón obedeció a su adorado padre. La reunión siguió entre el amo de la noche que venía por el alma del hacendado y ante la sorpresa del demonio el feudal aceptó irse con él con una única condición, el Diablo no aceptó, sabía que si era más astuto se llevaba dos almas. Así que cambió las condiciones y le dijo

– Si tu hija acepta venirse conmigo nos vamos los tres a mi casa, pero si ella  decide no irse, acepto tus condiciones.

El señor Plata más astuto le dijo:

 – Si ella no acepta irse tendrás que aceptar lo que yo diga, y sí me voy contigo.

El hacendado se acercó a la puerta de su hija y le dijo:

 – Hija mía, tanto es el amor que por  ti siento, que no me importa soportar el más grande de los tormentos eternamente solo porque tú vivas y seas feliz,  ¿tú me amas? – preguntó el aturdido padre.

 – Sí, padre te amo con todo mi ser – Contestó la señorita – pero ¿por qué me dices esto?

– Escucha atenta, el señor al que le abriste la puerta es tan malo como poderoso y te quiere llevar con él. Si me amas como dices, te vas a encerrar en tu alcoba, vas a rezar el ave María y pedirás por mi alma, prométeme que te diga lo que te  diga, te ofrezca lo que te ofrezca tú  no vas a salir, no vas a abrir la puerta hasta mañana solo para ir a misa. Promételo hija. – pidió entre súplicas y orden el amoroso padre.

– Lo prometo, padre- contestó su hija con lágrimas en los ojos. Y se encerró en su alcoba.

El padre bajó hasta el estudio donde lo esperaba el Diablo, lo miró y le dijo:

 – Convéncela

Ya en la puerta de la habitación escuchó como rezaba la hija del pobre hombre; le habló, le ofreció amor y vida eterna, joyas dinero, oro todo lo que pudiese desear  y la respuesta fue silencio. La muchacha nunca abrió la puerta, nunca dejó de rezar y nunca le contestó al Señor de las Tinieblas, quién se dio cuenta que ya iba a salir el sol pues el gallo empezaba a cantar; tomó el alma del viejo y echando pestes y maldiciones salió de aquella casa.

Durante el camino al averno, el viejo hacendado le dijo:

– Te volví a ganar en tu propio juego

El diablo aceptó su derrota y le dijo

 – Y  bien viejo, ¿cuáles son tus condiciones?

– De mí, haz lo que quieras, pero cuida a mi hija, en la hacienda estará segura siempre, pero no confio en los peligros de la noche. Manda tu  carruaje que le cuide los pasos y la proteja incluso de ti, si es necesario. –fue la respuesta del viejo hacendado.

Con el alba la hija encontró a su papá muerto en el estudio y ni rastros del extraño visitante, se fue a misa y rezó por el alma de su padre, al final habló con el párroco para darle cristiana sepultura a su amado difunto.

Lucifer como buen caballero,respetó su palabra y se dice que en la hacienda Plata, siempre se ven cuatro ojos amarillos y un cochero de dedos muy finos y delgados más blancos que el mármol mismo y que esa visión sólo desaparece cuando la niña no esta en casa, porque anda con ella, la está cuidando.

Dicen los que saben que para no aburrirse a veces el cochero les daba un viaje a los trabajadores cansados para salir rápido de aquellas haciendas, dicen que la niña se casó y tuvo mucha descendencia que incluso los que pueden llevar su sangre aún son cuidados por el cochero negro.

Asegurarlo no puedo, pero sí te puedo decir que un día, más bien que una noche que llegué sola y casi de madrugada a la casa, sin posibilidad de tomar un taxi se me acercó un hombre alto y muy pálido creí que estaba enfermo, me dijo: “Usted es la nieta del señor Plata, no es así”,  solo atiné a contestar señor Cañas Plata y sí soy su nieta, no recuerdo nada más, solo la voz de mi madre preguntando quien era la que entraba a la casa y si estaba bien o no.

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Netikerty
Ni bipolar ni sarcástica, neurótica hasta el grado del placer que no sé distinguir entre lo prohibido y tu sangre, mi mejor arma las palabras. Besos tronados para todos. Pd. Los veo en mi casa, no crean que es tan caliente como dicen ya tenemos aire acondicionado.

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