Desolación

Seguramente envuelve  un halo de angustia la vida que ahora abraza, lento se acaba la fe.

Incertidumbre rodea el pequeño cuerpo de la muñeca que dice sí.  Débiles los ojos de  llanto, débil ya los latidos, la emoción la abandona.

En ese rincón oscuro se ovilla, asustada.

Las manos vacías abrazan las tinieblas. Vuelve la mirada al fondo donde un día vio un destello, ahora se apaga y le cierra

la puerta.

Los hilos le cosen los labios, la oscuridad con una risa malévola se  le pega a la frente, baila frente a ella invitándola,

como si ese fuera el único camino que la espera.

Mojados los párpados nada a su lado, pero ella baila, encuéntrame ahora,  que después ni yo quiero tenerte.

La oscuridad de amplia sonrisa que toma la mano de esa muñeca que no tiene  nada.

Ahora ni el suspiro le pertenece, ni la mirada de esa niña que soñó,

antes de ser la muñeca de boca cocida, manos vacías y un cero en el globo.

Ale Olson

Seguramente envuelve  un halo de angustia la vida que ahora abraza, lento se acaba la fe.

Incertidumbre rodea el pequeño cuerpo.  Débiles los ojos de  llanto, débiles ya los latidos, la emoción la abandona.

Asustada, en ese rincón oscuro se ovilla.

Las manos abrazan las tinieblas, siente su espalda y choca con las manos estropeadas, llenas de nada.

Vuelve la mirada al fondo donde un día vio un destello, ahora se apaga y le cierra la puerta.

La oscuridad con una risa malévola se  le pega a la frente, baila frente a ella. La invita como si ese fuera el único camino que la espera.

Encuéntrame ahora,  que después ni yo quiero tenerte. La oscuridad de amplia sonrisa que toma la mano de esa muñeca que no tiene  nada.

Mojados los párpados nada a su lado, pero ella baila.

Ahora ni el suspiro le pertenece, ni la mirada de esa niña que soñó.

Antes de ser la muñeca de boca cocida, manos vacías y un cero en el globo.

 

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Alejandra Olson
Espíritu congestionado por las letras, que busca encontrarlas en el camino del hacer literario y de éste encuentro aparezcan historias de empatía con los ojos participantes del espectador. Se dice incipiente escritora, pues cada día se descubre, redescubre, encuentra, pierde hilos dentro de éste oficio. Oficio que necesita dedicación, amor y empeño. Ella es así, tan natural como la vida se lo permita y aguerrida.

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