De lo malo, hay que aprovechar lo bueno. Y eso es algo que Hollywood sabe muy bien. En 2017, cuando salió a flote el secreto a voces de Harvey Weinstein, la industria atravesó una de las peores crisis, tal vez, desde la lista negra a mediados del siglo pasado contra los cineastas comunistas. Pero gracias al escándalo alrededor del infame director, nació el movimiento #MeToo que ha iniciado una nueva era en el cine. Gracias a ello no solo han comenzado a producir series y películas que hablan directamente del movimiento (como The Morning Show) sino que les ha dado mayor visibilidad a las mujeres dentro de la industria y les ha otorgado una nueva perspectiva donde pueden contar su historia a su manera, como es el caso de Late Night, una comedia que nos devuelve a Emma Thompson al panorama.

Me gustaría creer que antes del movimiento Me Too, Late Night habría conseguido financiamiento. Pero una comedia protagonizada, escrita, producida y dirigida por mujeres y que además se centra en el trato y percepción de las mujeres dentro de la industria televisiva solo encaja en el cine actual. Personalmente, es una de mis películas favoritas del año. Por ello quiero hablar de ella.

¿De qué trata Late Night?

La película coloca en el foco de la historia a Katherine Newbury (Emma Thompson), la presentadora de un programa de entrevistas nocturno que está atascada en una rutina pero no lo sabe. Ella termina cada programa diciendo que está «honrada» que su audiencia eligió verla, pero la verdad es que ella da por sentada a su audiencia, que cada vez es menor. Además, detrás de cámara es una jefa fría, remota y aterradora para su equipo de escritores conformado por hombres blancos heterosexuales. Cuando Katherine despide a uno de sus escritores, básicamente por pedir un aumento, este le acusa de “odiar a las mujeres”. Entonces, ella le exige que su showrunner (Dennis O’Hare) que consiga una mujer para, digamos, “cumplir con la cuota”.

Entonces entra en juego la inexperta Molly (Mindy Kaling), que trabaja en una planta química pero tiene un gran ingenio para las bromas. No hace falta decir que Molly es recibida con escepticismo e incluso desdén por sus coguionistas. Sin embargo, Molly se rehúsa a ser la cuota femenina o la cuota de color y se propone a demostrar su valía como guionista. Así empieza un toma y dame (de gustos y disgustos) entre Molly y Katherine donde la primera solo quiere hacer su trabajo y recibir las mismas oportunidades que sus colegas masculinos y la segunda anhela mantener su puesto como presentadora y retomar la gloria que una vez caracterizó a su espectáculo.

Ligera y punzante

En general, Late Night podría haber cavado más profundo pero habría sido otra película. Mindy Kaling, quien firma el guión, coquetea con grandes ideas, exponiendo temas actuales sobre las mujeres en el lugar de trabajo, abarcando desde la discriminación, el menosprecio, la desigualdad de funciones, el acoso y los estereotipos. Y sin embargo consigue hacerlo desde un punto de vista mordaz pero con el humor suficiente para aligerar la crítica social de aguarda la historia. Estos momentos de humor están prácticamente en toda la película, a través de diálogos punzantes, completamente ingeniosos; y en escenas tan inofensivas como los aforismos de autoayuda que Molly se recita para sí misma.

Late Night también brilla cuando se enfoca de lleno en el funcionamiento interno de los late night cuya dinámica recuerda muchísimo a la estupenda 30 Rock. Al igual que la serie de Tina Fey, la película hace un gran trabajo al transmitir los ritmos neuróticos y competitivos de la sala de escritores, y las presiones únicas de trabajar para un jefe exigente. Además, la mayoría de las bromas son divertidas, y resultan creíbles cuando son descritas como el contenido para el programa, especialmente cuando Katherine sale a la calle y se convierte en una autodenominada White Savior («salvadora blanca»), en un sketch donde para taxis para jóvenes negros (ya sea que quieran uno o no) .

Donde la película vacila es cuando intenta meter con calzador no una sino sos historias románticas para Molly. Honestamente, ninguna de estas relaciones se siente particularmente desarrollada o necesaria. Si la película prescindiera de ambas subtramas, la trama no se vería alterada. Por lo menos, debería haberse concentrado en solo uno. Sin embargo, es un detalle que se hace menor frente a la grandeza de sus virtudes.

Kaling y Thompson, un dúo ganador

Mindy Kaling brilla como guionista, tal como lo hizo en su momento en The Office. A ella hay que atribuirle todo el ingenio con el que la película es capaz de enfocar diversas críticas sociales a través del humor; como actriz, provee de mucha inocencia y determinación, algo que requiere el personaje.

Por su parte, como Katherine, Emma Thompson está maravillosa: imperiosa, imponente, fabulosa, cruel por momentos y muy humana en otros lo que hace que queramos apoyarla. Este es el genio de la actuación de Thompson, y el guión de Kaling, nos muestra lo suficiente de la humanidad de Katherine para que nos importe. También sabemos que las probabilidades están en contra de Katherine, incluso en este universo ficticio y de fantasía, ella es la única mujer anfitriona en el juego. Incluso el corte de pelo de Katherine (un copete elegante) y el fabuloso vestuario (trajes a medida para hombres en rojo brillante y dorado) reflejan su ambivalencia sobre su propio género. Si Katherine es parte de la paradoja de las mujeres exitosas de 50 años, que a menudo tienen que actuar de manera más masculina para tener éxito, Molly es parte de la nueva generación de mujeres jóvenes que se inclinan por la política feminista.

Si algo caracteriza a Late Night es que consigue compartir su mensaje sin sacrificar su todo ligero, por lo que la película es llevadera, entretenida y una de las mejores películas del año.

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