“A veces, como pasa con las furgonetas viejas que se quedan sin batería, hay que volver arrancar cuando vas cuesta abajo y sin frenos. Hay que empujar fuerte. Muy fuerte. Y termina por arrancar. 
Pero déjame que te cuente una historia. 
Puede que te guste o puede que no. Pero es mi puta historia.”

Se lo dijo “El guardián entre el centeno” a un lector desesperado por un consejo, se lo digo yo a cualquiera que tenga la paciencia para escucharme.

   Hace un mes con diecinueve días, un chico tuvo el atino de pedirle consejo a este héroe enmascarado; su tristeza amorosa lo lanzó a los brazos de quizá el menos indicado para hablarle de amor, o tal vez lo que buscaba era que le contaran del desamor, en cuyo caso no pudo arrimarse a mejor postor.

   De cualquier forma, como buen hombre, “El guardián entre el centeno” respondió a las súplicas del corazón roto con una historia mitológica y el mejor de los consejos. De ahí la cita con la que comienza este texto.

   No importa si te dejaron, te despidieron, perdiste a alguien o simplemente no encuentras tus llaves; para cualquiera que tenga un mal día o una mala racha y sin importar las razones, compararse con un coche viejo, sin frenos y cuesta abajo, le vendría bien. No hace falta saber mucho de mecánica ni de física, es cuestión de impulsos.

   Yo les voy a contar la versión resumida de mi historia; y se las cuento así, sin detalles y a secas, porque no sólo ocurrió una vez. Viví esta misma historia en más de una ocasión, con todas las variantes que gusten ponerle.

   ¿Han oído eso de que cuando soñamos estar cayendo, despertamos antes de tocar el suelo? La caída libre nos sacude lo suficiente como para reaccionar en la realidad. Es el mismo asunto en la vida diaria, uno puede pasar y disfrutar maravillas; pero cuando las cosas no marchan bien, es necesario empezar a caer para poder caminar hacia adelante. Esa sensación de descenso sin freno es lo que pone nuestra cabeza en modo supervivencia y justo ahí nos damos cuenta de que debemos levantarnos y salir con el paso más airoso posible.

   De nuevo, cito al “Guardián”, quien a su vez citó a un personaje de Michael Sheen y digo “Aunque me sometan a tortura, jamás perderé la compostura.” Entonces, cuando peor se ve el panorama ante nuestros ojos, es exactamente cuando más fría debemos mantener la cabeza.

   Tal vez son de esos consejos que ya le dieron 5 veces la vuelta al mundo y que oímos hasta en las cintas de autoayuda, no es que tenga una; pero también es de esos mantras que quizá, y sólo quizá, mientras más los repitamos, seremos más capaces de creérnoslos y ponerlos en práctica. No perdemos nada con intentar usar estos salvavidas.

   De cualquier modo, mi historia es la misma que la de todos ustedes; soñé, intenté, me equivoqué, perdí. Pero me tuve que bajar de mi vieja camioneta a empujarla para poder volver a arrancar mi vida. Lo hice cada vez que se descompuso.

   Un agradecimiento especial al “Guardián entre el centeno” que, sin saberlo, ha sido mi compañero, a través de sus letras, en incontables puntos de mi vida, mi guardián.

El guardián entre el centeno: http://manual-de-un-buen-vividor.blogs.elle.es/2013/04/28/de-dioses-y-hombres/

Fotografía:http://d2botq8rlzfred.cloudfront.net/public/files/assets/8141/post-it.jpg

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Mariana Huerta
Soy Mariana, estudiante de la escuela y de la casa, de las amistades y del día a día, estudiante de la vida. Quizá mis cortos años; porque sí, son pocos; no me permitan decirles todo lo que he hecho pero sí todo lo que soy. Me gusta sorprenderme pero me gusta aún más sorprender. Escribir es un lujo, mi pasión, mi escape y contacto con la Mariana de adentro, con todo lo que me rodea. Un gusto estar aquí.

4 Comentarios

  1. Sobra decirlo, Mariana. Soy tu fan por todo lo que transmites por medio de las letras. Una y mil veces más, gracias, por escucharme y atenderme, de manera oportuna con el romanticismo de tus palabras. Hace poco me decidí a leerte y es una de las mejores decisiones que he tomado. Escribes con mucha pasión, cariño y delicadeza, justo como cualquier dama repleta de sueños debería hacerlo.

    • Al contrario, Dante. Muchas gracias a ti por abrirte así conmigo y compartir tantas cosas. Ya voy aprendiendo mucho de ti. Gracias también por leerme y por tus opiniones, valen mucho viniendo de alguien como tú. Tienes un talento enorme, no dejes que te digan lo contrario. Has llegado muy lejos y sé que tienes lo que se necesita para crecer y crecer. ¡Muchas gracias, Dante!

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